Así es el mejor hotel de Marrakech… Y de África

No solo es uno de los mejores hoteles de África. También es el cuarto más lujoso del mundo y el buen número de premios que atesora avalan su prestigio, la calidad de su servicio, su proverbial hospitalidad y su lujo discreto. Y es que no es solo el mejor hotel de Marruecos, el Royal Mansour Marrakech, es un hotel de cuento y un deleite para los sentidos en pleno corazón de la ciudad imperial.

Por GELES RIBELLES

Camuflado imperceptiblemente tras las murallas de la medina, a un paso de la Koutoubia y del bullicio de la plaza de Jemaa El Fna, junto al exclusivo barrio de Hivernage, al oeste de Marrakech, flanquear las gigantescas puertas de bronce que custodian el oasis de seis hectáreas en el que se levanta discretamente el Royal Mansour Marrakech, es como sumergirse en un cuento de las mil y una noches.

Porque esto es mucho más que un hotel. Y mucho más que lujo. El Royal Mansour supera, como mucho, lo que se puede esperar de un cinco estrellas. Todo en él es esplendor, suntuosidad y hermosura, pero sin un ápice de ostentación. Lujo y teatralidad, pero con la discreción como norma. Un palacio compuesto de 53 riads exclusivos, como si fueran una medina noble. Juntos componen el conjunto de riads más lujoso del mundo

Toda una aventura fascinante que los huéspedes perciben nada más descender del avión, donde son recibidos por personal especial del aeropuerto que les evita el engorroso trámite de pasar el control de inmigración y les hace sentir como si fueran los invitados del rey.

Porque eso es precisamente lo que son. Ideado por el monarca Mohamed VI para alojar a sus familiares, amigos y a dignatarios internacionales, el mejor hotel de Marruecos, el Royal Mansour Marrakech exhibe toda la esencia de la artesanía marroquí, labrada por las magistrales manos de más de 1.500 de los mejores artesanos del país, que durante cinco años cincelaron con esmero esta obra de arte palaciega.

A todo lujo

Patios revestidos de mosaicos con los clásicos zellij (azulejos), techos de cedro, marqueterías de nácar y hueso, sillones de cuero, brocados, alfombras de seda, paredes de jade y de estuco, suelos y paredes de mármol de diversos colores, celosías de maderas nobles y mármol, espejos de plata repujada y centros de flores frescas armonizan con una elegancia pasmosa. Todos los espacios en un perfecto equilibrio geométrico que invita al relax y al disfrute en este microcosmos.

Un lujo sofisticado y exultante pero también acogedor e íntimo gracias a los más de 500 empleados profesionales que atienden solícitamente los deseos más insospechados de los exclusivos huéspedes. Para que se sientan a cuerpo de rey. Siempre discreto, atento e impecable, el servicio es casi invisible al operar por una red de pasadizos y túneles subterráneos que conectan con los riads y otras dependencias, velando por la máxima intimidad y privacidad.

Por un laberinto de jardines fragantes acompasados por el murmullo del agua de fuentes y canales se accede a los 53 riads independientes; desde el Riad Supérieur, Premier, Privilège, Prestige

Y, por encima de todos, el impresionante Gran Riad, del que sobran las palabras… En el Royal Mansour Marrakech se recrea la experiencia de vivir en una medina en el siglo XXI.

Las dependencias del galardonado y reconocido como mejor hotel de Marruecos, no son habitaciones clásicas o suites al uso; sino palacios a semejanza de las tradicionales casas nobles árabes cuyo jardín evocaba el paraíso para invitar a la meditación y al descanso.

De tres alturas y con uno, dos o tres dormitorios decorados con un gusto exquisito, no falta ni el más mínimo detalle. Ni tampoco la última tecnología para regular la intensidad de las luces, la música, la temperatura o los techos retractiles de los Riad Privilège por si llueve.

Todo es superlativo, pero sin llegar a la ostentación, y no es raro sentirse como un príncipe en el patio, en los salones, en el baño de mármol con amenities propias de un sultán o en la azotea con vistas, el chill out, la chimenea, el solárium o la piscina climatizada, donde disfrutar de un té al atardecer o de una cena íntima servida por un impecable mayordomo. Todo es poco para los huéspedes del mejor hotel de Marruecos.

Royal Mansour es un destino en sí mismo, uno de esos lugares cuya atmósfera envuelve y atrapa en cada rincón. Ya sea en su piano bar o en los restaurantes bajo la batuta del triestrellado chef de la Guía Michelin Yannick Alléno, que deleita con sus delicias gastronómicas al paladar más sibarita. No podía ser de otra manera en el mejor hotel de Marruecos.

Recetas de la antigua cocina marroquí con sabores contemporáneos se funden en los platos del soberbio La Grand Table; mediterráneos, franceses y asiáticos, en La Table; e ingeniosas tapas y aperitivos en el distendido Jardín, frente a la piscina, tras haber gozado de los tentadores tratamientos de su spa o del hammam, premiado como el mejor de Marruecos.

Los jardines, con olivos centenarios, palmeras de Agadir, naranjos y limoneros dispuestos al alcance de la mano, parterres con lavandas, buganvillas, rosas y jazmines perfuman las noches marrakechíes. Todo un guiño arabe-andalusí del paisajista español Luís Vallejo, escultor de este edén que, como una alfombra voladora, transporta al séptimo cielo.

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