«En Ecoalf no hacemos Black Friday para no alimentar el vertedero»

Javier Goyeneche ha creado una compañía con lo que los demás desechamos. A través de Ecoalf, su firma de moda, este emprendedor que iba para jinete ya ha reciclado 80 millones de botellas de plástico para hacer zapatillas o cazadoras. Porque, como dice su eslogan, «no hay un planeta B».

Por ELENA CASTELLÓ

Tenía pensado dedicarse a la hípica de forma profesional. Al fin y al cabo, había mamado el deporte desde su pequeño: su padre, Alfredo Goyeneche, fue presidente del Comité Olímpico Internacional. En lugar de ello, Javier Goyeneche (Madrid, 1970) decidió montar  junto con un amigo una empresa dedicada a la fabricación de pines.

Años después, fundó Fun&Basics, una marca de complementos de moda que marcó una época. Pero las cosas se torcieron y se vieron obligados a vender la compañía en 2008. Entonces, el emprendedor Javier Goyeneche se concentró en una idea a la que llevaba tiempo dando vueltas: crear una marca sostenible, cuyos productos estarían elaborados con materiales reciclados.

Así nació Ecoalf –el nombre de la compañía deriva de la unión de los de sus dos hijos, Alfredo y Álvaro, que nacieron por aquel entonces–, una etiqueta de ropa 100% sostenible que echó a andar en 2012, tras varios años buscando proveedores que proporcionaran el material y la tecnología y que apostaran por la innovación. Sus primeros best seller fueron los plumíferos.

Hoy Ecoalf factura 18 millones de euros y se ha extendido por España y por toda Europa. Su última apertura ha sido en Berlín, hace solo un año. «Son mercados muy sensibles a nuestra marca», apunta Goyeneche. Porque Ecoalf no es solo una marca de ropa, sino un estilo de vida.

Además de sus líneas de Mujer, Hombre y Calzado, en septiembre saldrán también a la venta una línea de accesorios y bolsas de viaje y otra de prendas de yoga. Lleva nada menos que un año trabajando en estos nuevos lanzamientos para encontrar las hilaturas perfectas.

— CÓDIGO ÚNICO: ¿Por qué decidiste lanzar una marca sostenible? ¿Eres una persona comprometida con el medio ambiente?

— JAVIER GOYENECHE: Estaba cansado del mundo de la moda y el mundo sostenible me interesaba muchísimo desde hacía tiempo. Estuve cerca de un año buscando un proyecto en España que me gustara, pero no lo encontré. Así que, al final, decidí crear un concepto de moda basado en no seguir utilizando los recursos naturales del planeta y con productos que tuvieran la misma calidad y el mismo diseño que los mejores no reciclados.

— ¿Cómo fueron los primeros pasos?

— Entonces no existían tejidos reciclados buenos y bonitos. El reciclado nunca llegaba al 20% y, además, tenía unas texturas muy malas. Me pasé tres años viajando por el mundo haciendo alianzas con posibles proveedores. Empezamos con una señora maravillosa que vivía al sur de la ciudad de Taichung, en China, que reciclaba botellas de plástico para hacer alfombras, y seguimos con redes de pesca en Corea. Hoy tenemos acceso a más de 400 tejidos reciclados.

— ¿Lo son al 100%?

— Sí, al 100%, pero ahora hemos metido, además, una serie de tejidos nuevos, como pueden ser el cáñamo o el téncil, tejidos naturales que consideramos que también son sostenibles y que nos ayudan a crear nuevas calidades, sobre todo en la moda de mujer. Y también estamos trabajando mucho en el algodón reciclado.

— Vuestro llamativo eslógan, «There is not planet B», se ha convertido en la actualidad en el de toda una generación de jóvenes que luchan contra el cambio climático.

— Nosotros lo registramos en 2015 en 43 países. Es un proyecto que nace un poco por casualidad. Reciclábamos muchos residuos en tierra, comprábamos las redes de pesca que los pescadores dejaban de utilizar y reciclábamos el café, el algodón, las botellas de plástico, los neumáticos usados –para fabricar, por ejemplo, nuestras chanclas–. Y un día, hablando con un pescador en un puerto, me dijo que debía salir a pescar con él para ver la cantidad de basura que se quedaba atrapada en las redes.

— Y saliste con él.

— Sí, salí a pescar con él y, si te digo la verdad, me asusté. El 70% de la basura está en el fondo del mar, no en la superficie. Cuando una botella de plástico se queda sin tapón, se llena de agua y se queda en el fondo. Todo se hunde: el aluminio, el cristal. La clave está en los barcos de pesca de arrastre. Al principio convencimos a tres pescadores para que pusieran un contendor pequeño en sus barcos. Esos tres pescadores hoy en día son 3.000 y hemos conseguido sacar ya casi 450 toneladas de residuos del fondo del mar, que luego transformamos en escama, polímero, hilo y tejido.


Stop al despilfarro de recursos

Fabricar una camiseta de algodón supone utilizar casi 4.000 litros de agua. Esta es una de las razones que ha hecho que se seque casi en su totalidad el mar de Aral, situado en Asia Central, en menos de dos años. El algodón reciclado es más difícil de conseguir, pero no utiliza agua.

Otro de los elementos que Ecoalf dejó de utilizar hace un tiempo fue el cuero, porque no es fácil seguir la trazabilidad (el origen) del cromo que se utiliza en las tanerías o curtidoras. «Todo lo sostenible es caro –explica Javier Goyeneche–, pero yo no quería que el precio fuera la razón por la cual alguien no fuera sostenible.

La compañía ha estado trabajando con márgenes muy por debajo de lo que debería porque yo no quería repercutir todos los costes en el consumidor. Para mí era importante que fuera una marca accesible. Entiendo que haya gente cuya primera prioridad es que su economía sea sostenible, pero me cuesta entenderlo en las personas que no tienen ese problema y que prefieren comprar tres camisetas de diez euros a una de treinta».

De una red de pesca vieja a un plumífero, por ejemplo, hay siete pasos químicos. Del petróleo (poliamida virgen) a ese mismo producto, diecisiete. Ecoalf suprimió uno de sus ‘best sellers’, el forro polar, porque las fibras partidas al lavarlas sueltan muchos microfilamentos.


— ¿Los pescadores lo hacen de forma desinteresada?

— Sí, su respuesta ha sido increíble, más de 800 barcos de pesca de arrastre recogen residuos a diario. Lo hacemos también en Tailandia. Ahora empezamos con nuestro proyecto más ambicioso, que es hacerlo en todo el Mediterráneo con la colaboración de 20.000 pescadores.

— ¿Cómo se llega de la botella de plástico al tejido?

Nosotros no movemos la basura de sitio. Si yo reciclo un neumático en España, toda la tecnología para reconvertir ese neumático está basada en España y la chancla la fabricamos en España. Trabajamos con empresas asociadas, aunque controlamos toda la cadena.

— ¿Cómo son vuestros clientes? ¿Comprometidos?

— Hay una mezcla. Yo siempre digo que muy poca gente se va a comprar tu chaqueta porque estés limpiando el océano, también quiere que le quede bien y que el precio sea correcto. Al final la nuestra es una compañía de moda y todo tiene que funcionar. Pero lo que sí tiene Ecoalf son clientes muy fieles. Hay mucha gente que considera que representa unos valores con los que se siente identificada.

— ¿Eres optimista sobre el futuro que le espera al planeta?

— Soy optimista si empezamos a reaccionar. El modelo económico de compro, tiro, compro tiro, debe cambiar. Los consumidores tienen mucha fuerza y las empresas tenemos que ser capaces de darles ese producto que están demandando. Y donde más hay que invertir es en educación. Estamos preocupados por qué tipo de planeta vamos a dejar a nuestros hijos, pero yo creo que deberíamos estar más preocupados por qué tipo de hijos vamos a dejarle al planeta.

— Vosotros no hacéis promociones, por ejemplo.

— No hacemos Black Friday, no hacemos promociones para no seguir alimentando un consumo que termina en los vertederos. Por eso Ecoalf trata de hacer un diseño muy atemporal.

— ¿Crees que la mentalidad ha evolucionado en estos años?

— Creo que ha habido una evolución enorme. Cuando la gente me preguntaba y yo explicaba que iba reciclar la basura para hacer ropa me miraban como si fuera un perroflauta. No entendían que lo que yo iba a hacer era, en realidad, tecnología e innovación. El reciclado era un concepto peyorativo, sinónimo de mala calidad, de hippy. Eso, afortunadamente, ha cambiado mucho. Ahora creo que hay mucho respeto con lo que estamos haciendo.

— ¿Cómo intentas no contaminar, o contaminar menos, en tu día día?

— Intento aplicarlo en casa. Por ejemplo, con el reciclaje, que lo tenemos muy asimilado, mis hijos también. Tengo un coche eléctrico. Pero claro, dentro de una vida normal, porque viajo y me muevo mucho. No podemos ser perfectos, pero sí responsables, y, por ejemplo, en la empresa tratamos de comunicarnos por teleconferencias, en lugar de desplazarnos.

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