El ascenso de Paul Andrew a la dirección creativa de Salvatore Ferragamo, tras pasar por su línea de calzado y ‘prêt-à-porter’ femenino, ha generado mucha expectación en el mundo de la moda, a la espera de la revolución que se anuncia en la firma. Pero, ¿quién es el nuevo mirlo blanco del universo ‘fashion’?

Por Duarte Navarro

Su historia empezó a escribirse hace un par de décadas y, a sus 39 años, Paul Andrew no es ni mucho menos un recién llegado a la moda. Hasta llegar a ser confirmado en la dirección creativa de Salvatore Ferragamo, el diseñador británico ha tenido una de las carreras más interesantes del panorama actual, avalada sobre todo por haber sido el único diseñador de zapatos en recibir la financiación del CFDA/Vogue Fund para su marca, uno de los mayores reconocimientos que se pueden recibir en este campo.

Después de graduarse en el Berkshire College of Art and Design, empezó a trabajar para Alexander McQueen, una de las marcas más vendidas del mundo. Tras su paso por la casa británica, le llegó el reto de liderar el lanzamiento de la línea de zapatos de Narciso Rodríguez. Y sin salir de Nueva York, ciudad en la que se instaló desde joven, Calvin Klein le fichó para que le diera una vuelta a su calzado.

Finalizada esa etapa, trabajó durante 13 años para Donna Karan: «Ella me enseñó mucho sobre la importancia de la forma», ha dicho Paul Andrew. Y tanto le influyó Karan, que cuando decidió lanzar su propia firma de calzado, en 2012, hizo un estudio sobre el pie con una muestra de 500 mujeres.

«De tanto llevar zapatillas en la actualidad la arquitectura del pie ha cambiado. Los artesanos italianos normalmente emplean hormas de hace treinta años, pero el pie hoy en día se ha ensanchado». Es así como llegó a uno de sus mayores éxitos: una espuma con ‘memoria’ que incluye en todos sus zapatos, tanto de su marca como de Ferragamo.

Paul Andrew

El británico Paul Andrew llegó a Salvatore Ferragamo en septiembre de 2016. En poco más de dos años ha ascendido a director creativo de la firma florentina. Foto: Gettyimages.

Andrew comparte un perfil y una visión de la moda muy similares a las del genial Salvatore Ferragamo, el hombre que revolucionó el calzado en los años 20 y que se convirtió, primero desde Hollywood y luego desde Florencia, en el rey de los zapatos.

Ambos son de origen europeo y empezaron sus carreras en Estados Unidos; los dos eligieron comenzar por el calzado y conquistaron a las grandes mujeres de su época, de Katherine Hepburn o Marlene Dietrich (Ferragamo) a Lupita Nyong’o o Emma Watson (Andrew).

«Él tenía unas ideas que iban más allá –aseguraba Paul Andrew a la revista W en mayo del año pasado–. No me estoy comparando con él, pero sí coincidimos en la idea de romper barreras». En Vogue Italia reconocía ese mismo año: «Si miras lo que hacía en los años 20, 30 y 40 todo era tan avant-garde […]. Mi idea es abrazar esa manera de pensar y traerla hasta hoy en día».

Lo que tiene muy claro el creador británico es la importancia del calzado, y no solo porque esté ahora al frente de la joya de la corona del sector. La fluidez de un pantalón, el largo de una falda o el movimiento de un vestido vienen marcados muchas veces por la forma del zapato.

Y eso le apasiona a Andrew, que tiene claro que en un mundo donde los accesorios son la gran fuente de ingresos de las casas de moda, debe de ser el diseñador de accesorios quien marque la pauta al creador de prêt-à-porter, y no al contrario. Ahora, desde lo más alto de Ferragamo, podrá imponer esa manera de actuar.

Tendrá así también la oportunidad de mejorar los números de la casa, que cerró el ejercicio fiscal de 2018 con un descenso del 3,4% en su cifra de negocio, y eso que se apoya en una red de 409 establecimientos propios y 263 puntos de venta, donde a partir de ahora se respirará el gusto del inglés que, por cierto, es un fanático de la fragancia Pot Pourri de Santa Maria Novella, la gran farmacia florentina.

La vida de Paul Andrew ahora se mueve entre Florencia y Nueva York, aunque él es de origen inglés. En su país natal, su padre regentaba una tapicería que servía a la mismísima reina Isabel II: era el tapicero del Castilo de Windsor. Viviendo con su padre es cuando reconoce que adquirió su pasión por los materiales lujosos.

Alimenta ese gusto ahora en la ciudad italiana, donde disfruta perdiéndose en el Museo Ferragamo, en el icónico Palazzo Spini Feroni. Allí busca la inspiración entre los más de 15.000 pares de zapatos que se pueden encontrar en la colección y que rinden homenaje a uno de los mayores creadores del siglo XX. La suela de corcho, las cuñas, la combinación de colores o las más de 350 patentes que Salvatore Ferragamo dejó al mundo de la moda dan fe de la importancia del diseñador florentino. Y ahora le toca al británico seguir su impresionante legado.

Algunos periodistas han dicho que con él vuelve lo cool a Ferragamo, pero realmente habría que plantearse si alguna vez la firma italiana careció de este halo. Con sus altibajos, que los ha tenido, en sus más de 90 años de historia esta casa siempre ha sabido mantenerse en un lugar respetado, aunque solo fuera por su maravillosa confección de sus accesorios. Graeme Black, la española Cristina Ortiz, Massimiliano Giornetti o Fulvio Rigoni –a quien sucedió– le han antecedido en las colecciones femeninas, pero Andrew viene avalado por responder al nuevo prototipo de diseñador de éxito.

Como Alessandro Michele, actual director creativo y reinventor de Gucci; Maria Grazia Chuiri, en Dior; Pierpaolo Piccioli, quien recuperó la capa como prenda básica para el invierno en Valentino; y Stuart Vevers, en Coach, Paul Andrew se inició con los accesorios y, de ahí, como sus compañeros, dio el salto al prêt-à-porter. Y todos han colocado a sus casas en lo más alto del Olimpo de la moda. Así que se espera que, con esta reorganización, Ferragamo vuelva a la pole position.


La nueva colección primavera/verano de Salvatore Ferragamo 1

La firma Salvatore Ferragamo ha querido mostrar sus nuevas ‘trench’ luciendo el nuevo color de la temporada, el beige.

Salvatore Ferragamo: Sofisticación y un toque italiano

 


En esta carrera va a compartir protagonismo con su compañero Guillaume Meilland, encargado de la línea masculina y que desde este año estará también a sus órdenes. Pero lo cierto es que ellos ya empezaron a trabajar juntos hace tiempo: «Hemos desarrollado una increíble amistad y nos lo pasamos muy bien –ha confesado Paul Andrew a Vogue Italia–. Siempre hay risas en el estudio, es una fiesta, un sitio divertido. Y creo, o por lo menos espero, que eso se refleje en las colecciones que vamos a hacer».

La idea que pretenden transmitir es que las dos líneas respiran el mismo aire, fluyen en la misma dirección y que Ferragamo es una sola firma, de ahí que también hayan empezado a desfilar juntas las dos colecciones, algo que ya han realizado otras casas, como Dsquared2, la fiesta de los hermanos Dean y Dan Caten; Burberry, cuya creatividad sale de las ideas de Riccardo Tisci; o Gucci, por poner solo tres ejemplos.

«Ferragamo no tiene que ver con la fluidez sexual, sino con un hombre y una mujer que hablan entre ellos, realizan un intercambio y mantienen un diálogo», decía en la misma cabecera italiana Meilland. «Eso quiere decir que en los colores y en los materiales ves que esas dos personas comparten la misma estética, los mismos pensamientos. Así que menos fluidez, pero muchas preocupaciones mutuas».

«Antes había tendencias claras, pero ya no es el caso –explicaba Andrew–. Por lo que en lo que realmente nos estamos enfocando ahora es en construir unos códigos estéticos que sean relevantes en la historia de la casa, que les den un twist para hacerlos modernos, frescos y relevantes para el nuevo consumidor». Lo bueno es que si alguna casa puede presumir de tener ADN e historia, esa es Ferragamo.

¿Y en qué va a consistir entonces ese nuevo twist que vamos a empezar a descubrir este año? Por una parte, algo que Paul Andrew heredó del trabajo de su padre y que, como él asegura, también comparte con su diseño de accesorios: la forma y la función son importantes, las dos al mismo nivel.

En la ropa y en los accesorios no solo importa la estética, sino también la practicidad, como en la arquitectura. Pero, además, tanto Andrew como Meilland tienen clara una cosa: creen en la sostenibilidad. «En los próximos meses y temporadas, va a haber mucho trabajo e innovaciones que aseguren que estamos produciendo algunos de los productos más sostenibles de la industria», explicaba Andrew en Vogue. «Creo que Salvatore realmente adoraría esta filosofía».

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