Donatella Versace: rubia, rica y un poco zorra

A Donatella Versace el asesinato de su hermano la puso al frente del multimillonario negocio familiar. Veinte años después, puede sentirse orgullosa: ha mantenido a flote la empresa y, lo más importante, ha logrado sobrevivir.

Por JUAN VILÁ

Donatella Versace, a punto de cumplir 64 años, no piensa dejar la minifalda. «Por supuesto que la sigo utilizando», declaraba recientemente en una entrevista con The Telegraph. Eso sí: siempre con medias.

E incluso iba más lejos en su sinceridad: «Nunca debes pensar en tu edad ni vestir de acuerdo con ella». Una frase que dice mucho de su forma de ser y de estar en el mundo, de entender la moda y de comportarse.

Como su guerra declarada contra el minimalismo, su pasión por el exceso y el lujo, por los estampados barrocos, por el moreno perpetuo, por usar cuatro perfumes a la vez o por la exuberancia en cualquiera de sus manifestaciones.

Otra cosa es el terreno profesional, donde econoce que tal vez se produzcan cambios y que «podría no trabajar siempre en Versace». En el pasado ya hubo rumores, y hasta se barajaron nombres para sustituirla, pero el tema parecía zanjado tras la venta de la firma en septiembre de 2018.

El grupo estadounidense Michael Kors –rebautizado como Capri Holdings– pagó más de 1.850 millones por la empresa y confirmó a Donatella en su puesto de directora creativa.

Atrás quedaba una salida frustrada a bolsa y sucesivas crisis que la firma ha ido capeando durante las últimas décadas. Aunque lo más difícil se consiguió: mantener Versace abierta tras el inesperado asesinato de Gianni, su fundador, en 1997.

La historia es bien conocida y el año pasado se estrenó una serie sobre el crimen que no gustó nada a la familia. Son «cotilleos y especulaciones», dijeron. A Donatella Versace la interpretó su buena amiga Penélope Cruz y la actriz, más rubia que nunca, sí contó con la autorización de la diseñadora.

Justo después del funeral de Gianni, ella fue nombrada directora creativa de Versace. Una decisión que fue recibida con escepticismo, pero que resultó la más natural.

Donatella había empezado a trabajar en el departamento de relaciones públicas de la firma pero acabó convirtiéndose en la persona más cercana a su hermano: «¿A quién escuchaba él siempre? A mí. Yo era mucho más que una musa. Existía un diálogo entre los dos. Lo discutíamos todo».

Pero asumir su nuevo rol no le resultó sencillo. El duelo se mezclo con la presión, la inseguridad de la propia diseñadora y el despiadado mundo en el que tenía que moverse: «Mi pelo se volvió más y más rubio, mi maquillaje cada vez más grueso. Sentía que todo el mundo me miraba con cuchillos en los ojos. Creé una máscara para que me protegiera», contó a Ssense.

Los aciertos, y los éxitos, no tardaron en llegar. Como el famoso vestido verde que Jennifer López llevó en la gala de los Grammy de 2000 y que se convirtió en uno de los más icónicos de Versace. Hasta los menos aficionados a la moda lo recordarán: estampado tropical semitransparente, vertiginoso escote hasta el ombligo y espalda también al aire.

Internet, y el mundo en general, enloqueció al verlo. Hasta tal punto, que Google se vio obligado a desarrollar una nueva utilidad que, además de texto, ofreciera imágenes como resultado de una búsqueda. Fue así como nació Google Images.

Pero los problemas siguieron. A todo lo mencionado hay que añadir la cocaína. 18 años de adicción que se acabaron el día que su hija Allegra, heredera del 50% de Versace, celebró la mayoría de edad, en 2004. En esa fiesta, Donatella tocó fondo y otro gran amigo, Elton John, le ofreció su ayuda: una plaza en un centro de desintoxicación de Arizona y un avión privado listo para llevarla hasta allí.

«Nadie pensó que iba a aceptar su oferta, pero unos minutos después cambié el traje de noche y los diamantes por un chándal, y me fui al aeropuerto con una coleta y sin maquillaje», explicó a Ssense. A lo que no renunció, ni siquiera en una situación tan dramática, fue a los tacones.

Y es que, si algo no le falta a Donatella son amigos, y cuanto más conocidos, mejor. Pocas marcas han aprovechado tan bien como Versace su presencia en la alfombra roja y su relación con los famosos. De hecho, ese fue el primer trabajo de la diseñadora en la firma: acercarse a las estrellas y seducirlas para obtener su apoyo.

Y los efectos aún se notan. Ahí estaban, por ejemplo, cinco de las grandes top de los 90 cuando se celebró sobre la pasarela el 20 aniversario de la muerte de Gianni: Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Carla Bruni y Helena Christensen. O Madonna; tan inseparables son ambas, que Donatella Versace estuvo con ella en el hospital cuando nacieron sus dos hijos.

O Lady Gaga, que le dedicó la canción Donatella, en la que la describe como «fabulosa, rubia, delgada, rica y un poco zorra». ¿Se enfadó al escucharla? Todo lo contrario. «Estoy orgullosa de ser su amiga y, por supuesto, adoro la canción».

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