«Trabajar hasta desmayarse». Esa es la regla de oro para triunfar en los negocios del hombre más rico de Asia. Con una fortuna que supera los 40.000 millones de dólares, Jack Ma, cofundador del holding chino Alibaba, sabe bien de lo que habla. De hecho, solo con trabajo –y las imprescindibles dosis de talento y suerte– ha levantado el mayor imperio de Oriente.

Ma dejó su cargo como presidente ejecutivo del gigante del comercio electrónico el pasado 10 de septiembre, justo el día que cumplía 55 años. Se despidió formalmente con una gran fiesta en el estadio de fútbol de Hangzhou, precisamente en la ciudad en la que fundó la compañía hace 20 años. Y lo hizo como más le gusta: en lo alto del escenario, cantando y tocando la guitarra con su grupo A band.

Y por si a alguien le cabían dudas de si la retirada de Ma de la primera fila de Alibaba iba a suponer un cambio de rumbo de la compañía, su sucesor, Daniel Zhang, quiso dejar claro desde el principio que no. ¿Cómo? Tomando el relevo de su jefe en el escenario y cantando, igual que él. Más simbólico, imposible.

Su paso a un lado no ha dulcificado su carácter ni le ha hecho cambiar sus impopulares opiniones sobre el mundo laboral. Y, por supuesto, tampoco ha frenado su lengua. Días después de su relevo, Ma redobló su apuesta en la idea de que los trabajadores del sector tecnológico debían trabajar 12 horas diarias seis días a la semana, y denostó a las personas que esperan «un estilo de vida típico de oficina».

El terromoto, con críticas desde todos los puntos cardinales, no se hizo esperar: los trabajadores chinos del sector tecnológico –presas de un estrés implacable y unas condiciones laborales en muchos casos precarias– protestaron por el calendario ideado por Ma, el 996, que significa entrar a trabajar a las 9 de la mañana, salir a las 9 de la noche y hacerlo seis días a la semana. Pero Ma no se arredra. «Como esperaba, mis comentarios de hace unos días provocaron un debate y una crítica ininterrumpida hacia mis ideas. Entiendo a esa gente, y podría haber dicho algo que fuera más ‘correcto’, pero no nos hace falta gente que diga cosas correctas en el mundo de hoy, lo que nos falta son palabras sinceras que hagan pensar a la gente». Mientras, a él le aguardan un semirretiro dorado y los 40.000 millones de dólares de su fortuna