Andrés Velencoso: «mi yo de 21 años y el actual somos muy diferentes»

Modelo, actor y nuevo embajador de uno de los coches más impresionantes del año, la Serie 8 de BMW; a Andrés Velencoso le anima una pasión: viajar. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? Él toma la palabra…

Por JUAN JOSÉ ESTEBAN

«¿Que cuántas veces me han preguntado en los últimos años si me siento más cómodo como modelo o como actor? Buf, la verdad es que es una cuestión que se repite bastante».

Dejando caer su 1,93 de altura sobre una silla colocada en el jardín después de una breve sesión de fotos, Andrés Velencoso parece relajado. Acaba de llegar de Milán, de desfilar en su Semana de la Moda y, antes de volver a su casa de Londres, aún debe pasar por Barcelona. Porque así es su vida, saltando de avión en avión, de ciudad en ciudad.

Pero el sol de esta cálida mañana lo tiene bastante animado. «Entonces, ¿qué te parecería que esta entrevista fuese solo de coches, viajes, música y libertad?», le pregunto. Y él no duda: «Perfecto. Dispara».

— CÓDIGO ÚNICO: Empecemos por Tossa de Mar, tu pueblo, al que el pintor Marc Chagall apodó «el paraíso azul». ¿Qué recuerdas de tus primeras escapadas por su costa?

— ANDRÉS VELENCOSO: Tengo muy buenos recuerdos de Tossa, sobre todo de cuando era pequeño. Recuerdo estar en la playa del Racó, debajo del castillo, y oír a mi madre llamarnos para comer o cenar desde la terraza del bar que tenemos en la muralla. Siempre nos vigilaba desde ahí.

He tenido la gran suerte de nacer en un pueblo como Tossa, de jugar partidos en la playa, de disfrutar de la infancia en un pueblo como ese. Soy un enamorado de la Costa Brava y de la zona, sobre todo en invierno: está menos contaminada, menos masificada y  y tiene un paisaje mucho más poético.

— Tus padres tuvieron primero ese chiringuito en la muralla y luego un restaurante, Casa Andrés…

 Mi padre tenía dos negocios: el del castillo y Casa Andrés, que ahora lleva mi hermana, y cuando mi madre falleció decidió que el restaurante era mucho lío. Así que los últimos años, hasta que se jubiló, estuvo en el chiringuito en el que empezó todo.

— Y ahí fue donde tú empezaste a trabajar…

 Yo casi siempre trabajé en el de la muralla, con mi tío, un bar con una terraza muy bonita. Casa Andrés lo pisé poco porque ahí estaba mi padre…

— ¿Cómo eran esos primeros veranos en los que, mientras tus amigos estaban en la playa, a ti te tocaba trabajar?

 Empecé a servir los primeros cafés y a tontear con la bandeja a los 12 años. A los 13 ya te quieres comprar una moto, y te dicen: «Vale, pero tienes que cumplir un horario». Trabajé todos los veranos hasta los 21, cuando ya estaba trabajando en Nueva York. Ese año me volví a mitad de julio para trabajar el verano. Un día, mirando por la ventana, le dije a mi tío: «Yo quiero venir a Tossa, pero de vacaciones». Él todavía me lo recuerda. Luego me volví a Nueva York y hasta hoy…

— ¿Qué te marcó de trabajar en el bar?

 Conocer a tanta gente de tantos lugares distintos me azuzó la curiosidad por conocer sus países. A mí me hablaban de Milán, de Nueva York y se me ponía la carne de gallina. Por suerte, por mi trabajo, he tenido la oportunidad de conocer todos esos lugares con los que soñé algún día.

— Y con esa primera moto que te compraste con tu sueldo del bar empezaste a salir de tu pueblo…

 De Tossa empezamos a salir en moto, a las calas, a los pueblos cercanos. Y sin que se enterasen nuestros padres. Era para matarnos. Cuando vives en un pueblecito  en mitad de la Costa Brava, la libertad que te da tener un vehículo y el carnet de conducir es impagable. Y es básico para ir a Barcelona, Girona, Blanes o Lloret, porque en Tossa, sobre todo en invierno, no hay casi nada.

— ¿Dónde fueron tus primeras escapadas?

 Cuando te escapas con 20 años te vas de marcha a los bares. A Lloret, a Blanes, y no piensas ni en calas ni en leches. Pero bueno, también íbamos a las calas, sobre todo en moto, porque era más fácil llegar.

— Pueblos y calas. ¿Y el interior?

 La Costa Brava es muy conocida por su costa, pero el interior es un maravilla. La Bisbal, Madremanya, Ullastret son una maravilla. Es la Toscana española. Una joya.

— ¿Cuál fue tu primer coche?

 El primer coche que conduje fue el de mi madre, un Opel Corsa. Pero mi padre se compró un BMW Serie 5 y luego un Serie 7. Y ahí empezó la relación de los Velencoso con BMW. Porque mi primer coche fue un Serie 5 y luego un M3.

— La terraza de tu padre era famosa por estar todo el día poniendo a Julio Iglesias. ¿En tus escapadas también tirabas de esa banda sonora?

 [Ríe] No, no. Mi banda sonora era otra. Recuerdo que un amigo me dejó una cinta de Juan Luis Guerra y era todo el día vuelta y vuelta. La tenía rayada. Cuando escucho esas canciones todavía me transporto a esa época. Luego, con los amigos escuchaba mucho a Bad Religion y mucho rock americano. Y cuando nos íbamos de marcha, Chemical Brothers y música electrónica.

— Empezaste Turismo en Barcelona, pero no acabaste la carrera porque empezaste otra, la de modelo. ¿Se te ha quedado clavada la espina?

 A mi padre más que a mí [ríe]. Acabé en Turismo porque era la salida más lógica en mi familia. Yo quería estudiar Educación Física, pero me rompí el tobillo y ya había repetido un año y no quise perder otro. Al final me metí en Turismo, pero estaba deseando que pasase algo para cambiar de rumbo.

— ¿Cómo fue tu llegada a esa Barcelona postolímpica?

 Fue un cambio muy fuerte. Llegué un año antes de empezar los estudios porque me apunté a una academia para subir nota de cara a la Universidad y ahí empecé a hacer mis primeros pinitos como modelo. Y el primer año ya estaba trabajando y, claro, faltas a clase por ir a los casting, a los exámenes… Pero mis dos años en Barcelona fueron brutales. Imagínate a cuatro en un piso en Sants. Me llevé mi primera moto, una Piaggio Skypper, y era el rey del mambo. Fueron dos años increíbles.

— Una vez metido en el mundo de la moda, lo tuyo ha sido un no parar: Milán, Londres, París, Nueva York… ¿Qué te ha quedado de cada uno de los sitios en los que has ido?

 Los viajes te dejan muchas cosas. A mí me han dejado, sobre todo, amigos. Uno de mis mejores amigos es un judío americano nacido en Chicago. Cuando yo llegué a Nueva York le dijeron que al piso iba a llegar una modelo y se encontró conmigo. ¡Imagínate su decepción! Vivimos ahí un tiempo y luego nos mudamos juntos a otro piso. Las primeras vueltas que di por Nueva York fueron con él. Con él probé el sushi por primera vez y con él me comí mi primera ostra.

— ¿Cómo fue esa primera exploración de Nueva York?

 La mejor forma de conocer las ciudades es de la mano de los locales. Y Nueva York es una ciudad muy agradecida, porque coges el metro y te deja a la puerta de todo. Del Bronx, de Brooklyn, de Prospect Park, donde estuve unos años viviendo. Yo me he pateado mucho Nueva York y la conozco bien. Entre idas y vueltas he estado diez años en Nueva York y es, sin duda, una de mis ciudades favoritas. Y una de las que más me ha dado.

— Y ahora vives en Londres…

 Sí, mi segunda etapa en Londres.

— ¿Qué tiene esa ciudad, aparte de trabajo, para que te hayas refugiado en ella?

 Estaba en España y las cosas como actor no me acababan de funcionar, salía de una relación personal y me planteé salir de aquí. Elegí Londres porque no quería volver a Nueva York, me venía muy bien como centro profesional de operaciones y no estaba muy lejos de mi familia.

— Como vecino de Londres, ¿cómo se ve el Brexit desde allí?

 Bueno, se pensaban que iba a ser más fácil de lo que está siendo porque creían estar en una situación privilegiada. Muchos amigos que votaron a favor del Brexit ahora me reconocen que si tuvieran que votar otra vez lo harían a favor de quedarse.

— ¿Crees que finalmente habrá acuerdo?

 El acuerdo que pensaban que iban a lograr no lo han conseguido. Les va a costar.

— ¿Cómo es Andrés Velencoso como viajero?

  El Andrés Velencoso que empezó a viajar con 21 años y el actual son muy diferentes. Al principio era todo una experiencia nueva. Para mí irme a trabajar a Milán era impresionante. Encima si tienes la suerte de que te vaya bien y ganas un dinerillo y te dicen que vayas a París o a Nueva York, pues haces la maleta y te vas. Y eso hice, primero irme a París y luego a Nueva York. Me pagaban los billetes, la casa y me adelantaban dinero para comer…

—  ¿Qué podía ir mal entonces?

  Nada. Si me iba mal, me volvía; y si me iba bien, pues seguía adelante. Y así fue.

— Con la edad, ¿se hace uno más cómodo o exquisito a la hora de viajar?

 El otro día, en Milán, estaba pensando justo en eso. Antes paseaba por el Duomo con mi mochilita, pasaba por las galerías, miraba la carta de las cafeterías  y decía: «¿Cómo? ¿Doce euros por un café?». Y ahora, pues me puedo dar el capricho de tomarme un capuccino sentado en esas espectaculares galerías. Ahora, si me ve mi padre pagar 12 euros, después de haber puesto miles de ellos a 1,20, le da algo.

— ¿Como conductor, cómo eres?

 Ahora, mucho más tranquilo. Antes, cuando era jovencito, era una bala perdida. Me gusta mucho conducir en ruta y no me gusta nada conducir en las ciudades. Lo odio.

— Eres el nuevo embajador de la serie 8 de BMW. ¿Qué es lo que buscas en un coche?

 Exactamente lo que tiene este. Es una berlina deportiva que tiene las prestaciones de un deportivo y que también te da la comodidad de una berlina. Es el coche ideal. Estoy deseando ver el 850 porque en mi pueblo el dueño de la gasolinera se compró un BMW de la Serie 8 cuando yo tendría diez o doce años y me quedaba mirándolo durante horas y horas. Y ahora, mira, la vida te da regalos como este de ser embajador de la nueva Serie 8 de BMW.

— ¿Cuál es tu coche ideal?

 Los tiros van por aquí, por la Serie 8. Yo he sido, y aún soy, muy fan de los coches de la serie M, los M3 y M4, vehículos con mucho nervio. Y ahora conduzco un BMW X6, que es comodísimo y resulta ideal para hacer rutas. Pero creo que encajo más en los de la Serie 8.

— ¿Y el destino ideal para ir con él?

 Una ruta que me encantaría hacer es la Ruta 66, muy clásica, pero que me gusta mucho. También me gustaría coger a mi perro y conducir de Girona a Londres parando en Burdeos y la Borgoña y subiendo por la costa de la Bretaña francesa.

— ¿Y una ruta con la que nadie falla?

 Fácil: vete desde Tossa hasta Llançà de cala en cala. Es una ruta maravilloso. Y si la haces en barca, todavía mejor.

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