Kate Moss: 30 años en el top de la moda

Este 2018 se cumplen tres décadas desde que Kate Moss fue descubierta en el aeropuerto de Nueva York. Solo tenía 14 años y nadie imaginaba que iba a revolucionar el mundo de la moda… Ni tampoco todos los escándalos que iba a protagonizar.

Por JUAN VILÁ

Hay dos tipos de modelos. Las que fueron descubiertas cuando acompañaban a una amiga a un casting y las que recibieron la oferta que cambió para siempre su vida por puro azar mientras paseaban por la calle o cualquier otro sitio por el estilo.

Como si nunca ninguna hubiera querido dedicarse a esto ni hubiera luchado por ello. Kate Moss pertenece al segundo grupo y tenemos tantos detalles sobre su historia que no nos queda más remedio que creérnosla.

1988. Aeropuerto JFK de Nueva YorkKate Moss tiene 14 años y vuelve de unas vacaciones con su familia en Bahamas. Deben llegar cuanto antes a Inglaterra para asistir a una boda. Su padre discute con el personal de tierra porque no les consiguen plaza en el vuelo.

Ahí se produce el contacto visual. Sarah Doukas –exmodelo, exintegrante de la escena punk londinense y mil cosas más– busca chicas para Storn, la agencia que acaba de montar con el apoyo, entre otros, del magnate Richard Branson. Mira y remira a la jovencísima Kate. De momento se conforma con eso.

Luego, en el avión, vuelven a coincidir. «En cuando se apagó la luz de los cinturones de seguridad, me abalancé sobre ella. Nunca pensé que iba a cambiar el mundo de la moda», contó en su día Doukas.


Kate Moss: 30 años tocando el cieloAsí están ahora las top model de los 90

Al principio las cosas fueron complicadas. Hablamos de finales de los 80, cuando aún reinaban las grandes tops: Claudia Schiffer, Cindy Crawford, Naomi Campbell… Paradigmas de belleza que nada tenían que ver con el de esa niña de aspecto frágil, aunque también algo turbio, y que apenas llegaba al 1,70.

Poco a poco fue haciéndose un hueco entre los grandes. A los 15 desfiló para Galliano, y al acabar se pilló tal borrachera que se desmayó en la cena y a la mañana siguiente perdió el avión y un par de días de colegio.

A los 16 sale por primera vez en la portada de The Face. La fotografía Corinne Day y le exigen que se desnude. Ella no quiere pero la amenazan con no volver a contratarla. «Me encerré en el baño y lloré. Luego salí y lo hice», recordaría años más tarde en una de las escasas entrevistas que le gusta conceder.


Kate Moss, sobre su primer desnudo: «Me encerré en el baño y lloré. Luego salí y lo hice»


Y por fin, a los 17, protagonizó una de las imágenes más icónicas de los 90, y consiguió lo que muy pocas modelos: marcar un antes y un después en el mundo de la moda. Ocurrió gracias a Calvin Klein y al fotógrafo Herb Ritts. La acompañaba el actor Mark Wahlberg y ambos aparecían desnudos de cintura para arriba.

Los medios empezaron a hablar del heroin chic, como si Kate Moss fuera en realidad una yonqui por su delgadez y las imágenes una apología de las drogas, la anorexia o la pornografía infantil, al ser ella aún menor de edad y enseñar el pecho.

Acusaciones que la modelo siempre ha negado: «Nunca he tomado heroína. Yo era delgada porque trabajaba muy duro. Llegabas por la mañana y no había comida. Nadie te sacaba a comer. Solo lo hizo una vez Carla Bruni porque es encantadora. No te alimentabas de otra forma, pero nunca fui anoréxica», contó en su día a Vanity Fair.

Tampoco guarda muy buen recuerdo de esa sesión de fotos con Wahlberg. Todo lo contrario: «Sufrí una crisis nerviosa. Me sentía muy mal sentada a horcajadas sobre ese tío cachas. No me gustaba. No pude salir de la cama en dos semanas. Pensaba que iba a morir. Era solo ansiedad. Nadie se preocupa por tu salud mental. Hay mucha presión».


«No pude salir de la cama en dos semanas. Pensaba que iba a morir. Era solo ansiedad. Nadie se preocupa por tu salud mental. Hay mucha presión»


Su vida era igual de intensa y desquiciada delante que detrás de las cámaras. Esa fue, más o menos, la época de su relación con Johnny Depp. Cuatro años en los que ambos cometieron todo tipo de excesos y se convirtieron en un auténtico peligro para los hoteles.

Primero él fue arrestado por destrozar una habitación del Mark Hotel de Nueva York y, años después, durante una breve reconciliación en el Festival de Cannes, fue ella la que hizo lo propio en el Hotel du Cap. Se ganó, además, una buena regañina por recorrer el establecimiento en biquini. Eran dos estrellas, o dos niñatos consentidos, y hacían lo que les daba la gana.

La historia, sin embargo, acabó mal. Tras la ruptura, asegura que se pasó años llorando por el actor e ingresó por primera vez en una clínica de desintoxicación. A la salida reconoció que no había desfilado sobria ni una sola vez en su vida: «Siempre hay champán antes del desfile. Siempre. Incluso a las diez de la mañana. Ha llegado al punto que una vez nos plantamos y dijimos que no salíamos si no había champán. Terrible».

Aunque su peor escándalo, y su relación más tremenda, la vivió junto al músico y reconocido politoxicómano Pete Doherty. En 2005 la fotografiaron esnifando cocaína –cinco rayas en 40 minutos mientras su chico grababa una canción en el estudio.

Muchas de las marcas para las que trabajaba corrieron a romper el contrato o a anunciar que no contarían con ella nunca más. Kate Moss pidió disculpas y volvió a pasar por rehabilitación. Su carrera parecía estar muerta y enterrada, pero ocurrió el milagro.

El primero en mostrarle su apoyo fue Alexander McQueen, que cerró un desfile con una camiseta que decía: «We love you Kate». Después, muchos otros famosos siguieron su ejemplo y denunciaron la hipocresía y el linchamiento moral que estaba sufriendo: Robbie Williams, Mario Testino, Naomi Campbell… Si sus ingresos antes del escándalo eran de cinco millones de dólares anuales, en 2006 llegaron a ocho y en 2007 superaron los nueve.

Y ahí sigue Kate Moss. Sin parar de trabajar ni de ganar dinero a los 44 años. Hace unos meses, el fotógrafo David Bailey le preguntaba en The Guardian cómo había conseguido durar tanto en una profesión tan exigente y por lo general tan breve. Ella le respondió: «Aún me excita y me gusta formar parte del proceso creativo de una imagen. Todavía me encanta cuando consigo una campaña».


«Todavía me encanta cuando consigo una campaña»


Lo que sí han cambiado son sus hábitos de vida. Es algo que ella, o su entorno, llevan años repitiendo: se acabaron las fiestas, ya no sale, ahora le gusta quedarse en casa tranquila.

Hasta que un buen día pillan a Kate Moss  en un club bastante perjudicada o la lía en un avión. Esta vez, sin embargo, aseguran que es la buena, que ya no bebe y que encima va al gimnasio. Quizá al final los años le hayan traído un poco de paz.

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