LAURA CASO

La tan ansiada (nueva) normalidad comienza. Mientras soñamos con visitar las mejores playas de España en este incierto verano 2020, volver a degustar los mejores vermús españoles pero, esta vez, en las terrazas de nuestros bares y, sobre todo, poder volver a abrazar a nuestros seres queridos con seguridad (y llevando mascarilla), salir a la calle se antoja para muchos un desafío.

Aunque pueda parecer una locura, esta especie de ‘síndrome de Estocolmo’ afecta a ciudadanos que sienten que el miedo y la ansiedad superan sus ganas de volver a pasear o a hacer deporte en las calles. Pero la nueva normalidad está aquí y ha llegado para quedarse.

1. Aceptar que el miedo es una emoción necesaria

«Si analizamos la pandemia como acontecimiento traumático, hemos de entender que nuestro cerebro se centre en esto al 90% de su capacidad. Esto conecta en todos nosotros con una emoción primaria: el miedo», explica Vanesa de la Torre, psicóloga sanitaria y experta en intervención en trauma con EMDR.

El miedo, nos explica la experta, es una emoción adaptativa. La vivimos como algo desagradable pero es lo que nos permite actuar con cierta lucidez ante un potencial peligro: «Nos coloca en las 4 F: fight (confrontación), flight (huida), fawn (negociación) o freeze (disociación)», nos cuenta, y depende de nuestra personalidad o nuestro estilo de afrontamiento elegiremos una vía u otra.

«El ser humano no tolera bien la incertidumbre», nos recuerda De la Torre. Las sensaciones relacionadas con la ansiedad, como la impresión de falta de control de uno mismo y del entorno, las ideas anticipatorias de peligro o amenaza, el bajo estado de ánimo… pueden manifestarse. ¿Cómo luchamos contra ellas?


Alimentos evitar en cuarentena

Alimentos que es mejor evitar durante la cuarentena (además de los que estás pensando)


2. Fortalecer el 10%: darle más espacio a la parte de nuestro cerebro  que no piensa en el coronavirus

9 partes de nuestro cerebro se concentran en el peligro que percibimos: la enfermedad. Esa parte ‘libre’ que nos queda es nuestra aliada, y tenemos que esforzarnos en fortalecerla y hacer que gane terreno. De esta forma, conseguiremos reducir el cortisol, la llamada ‘hormona del estrés’, explica la psicóloga, que nos recuerda que también conseguiremos así fortalecer nuestro sistema inmune.

En esta misma línea, una buena alimentación que sea rica en triptófanos, los aminoácidos que facilitan que nuestro organismo fabrique serotonina, la ‘némesis’ del cortisol, será nuestra aliada: los huevos, el pescado azul, el aguacate o los frutos secos son imprescindibles en nuestra dieta.

3. Renunciar a la gratificación a corto plazo de ‘sobre informarnos’

Lo mismo que valía para aguantar mentalmente el confinamiento sirve ahora para enfrentarnos a la desescalada. El empacho de información (al margen de teorías de la conspiración que incluso difunden presidentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro) nos lleva a alimentar ese 90% de la mente concentrada en la amenaza. «Hay que elegir uno o dos momentos al día para informarnos, y siempre a través de fuentes oficiales», recuerda la terapeuta.

También nos aconseja no ver las noticias antes de dormir, ya que pueden ‘colársenos’ en la fase REM del sueño y provocarnos pesadillas. No en vano los problemas para dormir durante la cuarentena han sido muy comunes en toda la población.

Practicar yoga

4. Vivir en el presente: ¿qué es lo que podemos controlar?

«No puedo controlar lo externo pero si lo que hago aquí y ahora», recuerda De la Torre. Parece un pensamiento muy sencillo, pero llevarlo a la práctica no lo es tanto; nuestra mente tiende a proyectar escenarios futuros, una cualidad tan adaptativa como el miedo que, como este, hay que utilizar a nuestro favor. Por ello, la experta recomienda prácticas como el yoga o la meditación, que nos enseñan a concentrarnos en el presente.

Tener planes A, B y C respecto al porvenir y seguir todas las recomendaciones de higiene (mascarilla, gel hidroalcohólico, distancia de seguridad, evitar tocarnos la cara sin habernos lavado las manos antes -una actividad que hay que integrar en nuestra rutina-), así como «preocuparnos por lo que sabemos y no por lo que no sabemos» nos ayudará a sentir un mayor control y rebajar, por tanto, la ansiedad.

5. Apoyarnos en nuestros seres queridos y verbalizar nuestros temores

«No es malo expresar emociones, lo negativo es su abolición», explica la especialista en EMDR, que nos anima a apoyarnos en familia y amigos con los que podamos conversar sin sentirnos juzgados. Hablar de lo que nos preocupa es exorcizar nuestro malestar, pero siempre con cuidado de que esto no contribuya a alimentar ese 90% de nuestra energía mental que ya está centrado en la crisis.

6. Indagar en nuestro miedo: ¿es racional o está conectando con experiencias pasadas?

«Hemos percibido que el mundo en ocasiones puede ser peligroso, eso nos conecta con la vulnerabilidad del ser humano», apunta De la Torre. Hay una amenaza real y tener miedo es normal, incluso saludable. Sin embargo, si notamos que nuestro malestar sobrepasa la amenaza ‘objetiva’, quizá esta crisis está abriendo temas pendientes que con el ritmo de vida frenético de la ‘antigua’ normalidad habíamos enterrado o evitado enfrentar. Es un buen momento para rescatar de esta experiencia aprendizajes sobre nosotros mismos, los aspectos en los que hemos de trabajar y buscar la ayuda de un profesional si lo necesitamos.

7. Ser conscientes de que podemos doblarnos sin rompernos: la resiliencia

Aunque la palabra resiliencia se ha popularizado recientemente, la humanidad lleva poniéndola en práctica desde sus orígenes. «Hemos de permitirnos doblarnos sin rompernos», nos recuerda la experta, que no es más que recordar todas las veces en la historia en las que el ser humano ha enfrentado obstáculos y los ha superado. La resiliencia no es lo mismo que la resignación; se trata de aceptar que hay situaciones desagradables y pensar en qué podemos hacer para superarlas.