La Primavera de Praga: 50 años del final de un sueño

El 21 de agosto de 1968, el Pacto de Varsovia invadió Checoslovaquia y puso fin a la Primavera de Praga.

Por RODRIGO PADILLA

Los paracaidistas soviéticos cayeron con la noche sobre los aeropuertos y bases militares del país. Los cuarteles fueron rodeados y los soldados checoslovacos confinados en su interior. Mientras, columnas de blindados atravesaban la frontera y entraban en Chequia y Eslovaquia por diferentes lugares. Les habían dicho que su misión era neutralizar una revolución armada en el país hermano, que iban en ayuda del pueblo. Pero los soldados del Pacto de Varsovia se encontraron con abucheos a su paso, con señales de tráfico cambiadas para desorientarlos, con las calles tomadas por multitudes indignadas, por jóvenes que les hacían frente armados de flores y discursos en el ruso que habían aprendido en el colegio… en fin, con una resistencia simbólica y pacífica pero masiva. E inútil. La Primavera de Praga llegó a su fin abrasada por el estío.


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Aquella efímera estación había empezado a florecer a principios de un 1968 fértil en movimientos populares a un lado y otro del Telón de Acero, que llevaron algo de color al mundo gris de la guerra fría. En el caso de Checoslovaquia, vino precedida por un descontento gestado durante años, provocado principalmente por la introducción de un fallido modelo económico a imagen del aplicado en las URSS. Su promotor, el presidente Antonín Novotny, fue sustituido por Alexander Dubcek con el beneplácito de Moscú, donde Brézhnev mantenía la línea aperturista iniciada por Jrushchov tras la muerte de Stalin. Sin embargo, Dubcek fue más lejos de lo previsto e inició una serie de reformas para implantar lo que denominó un «socialismo con rostro humano».

Fin de la censura, libertad de expresión y circulación, transición a un sistema multipartidista, economía centrada en los bienes de consumo, mejora de las relaciones con Occidente… un programa que encendió todas las alarmas en el bloque comunista. La respuesta fue enviar los tanques.

Dubcek fue llevado a Moscú para convencerle de que revirtiera sus reformas, mientras en Checoslovaquia se sucedían manifestaciones de protesta y episodios de violencia. Desde Occidente, todavía bajo los efectos del shock que fue el Mayo francés, el apoyo a los reformistas no pasó de testimonial. La situación se fue normalizando con el transcurso de las semanas. Finalmente, Dubcek fue destituido al frente del Partido Comunista y la nueva dirección anuló todas las medidas aprobadas durante una primavera que dejó más huella en el imaginario colectivo que en la bella capital checa, donde solo algunos impactos de bala en edificios como el de Radio Praga y las camisetas de las tiendas de souvenirs recuerdan el episodio.

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