Normandía: 75 años del desembarco más increíble

En la mañana del 6 de junio de 1944, las tropas aliadas desembarcaron en las costas de Normandía. Comenzaba así el esperado asalto final al Tercer Reich.

Por RODRIGO PADILLA

La mayor operación anfibia de la historia dependía de los caprichos de un frente de bajas presiones que remoloneaba en la entrada al canal de la Mancha. Más de 6.000 unidades navales, 15.000 aviones y 150.000 soldados aguardaban en las bases del sur y este de Inglaterra una orden de partida que no terminaba de llegar.

La empresa que les esperaba exigía unas condiciones meteorológicas muy concretas, con un día de tiempo aceptable seguido al menos de tres días regulares, con vientos no superiores a los 20 kilómetros por hora, base de nubes a 1.000 metros y visibilidad de cinco kilómetros, además de mareas favorables.

La primera ventana prevista, del 5 al 8 de junio, se cerraba por momentos: llovía con fuerza y el viento sacudía las costas francesas. Como todas las previsiones eran pésimas, Erwin Rommel, comandante de la defensa alemana, pensó que el ataque aliado no ocurriría esa semana y dio permisos a parte de las unidades desplegadas entre Normandía y Calais. Fue un error.

A las 21 horas del 4 de junio, el oficial responsable de los servicios meteorológicos aliados se presentó ante el mando supremo con un parte difícil de creer para cualquiera que mirase al cielo: una inesperada mejoría para la noche siguiente, que se mantendría durante un par de días.

Eisenhower, el general estadounidense al frente de la operación, decidió arriesgarse. Estaba en juego un año de preparativos, de diseño y coordinación de planes, de entrenamiento de las unidades, de recopilación de información sobre las defensas alemanas en la costa.

Pero, sobre todo, estaban en juego las esperanzas de millones de europeos sometidos al régimen nazi. La apertura del segundo frente obligaría a los alemanes a dividir unas fuerzas ya al límite y aceleraría su derrota. El desembarco de Normandía no podía fallar.

Filmes como El día más largo y Salvar al soldado Ryan han colaborado a construir la épica de aquel Día D que comenzó con el lanzamiento de paracaidistas tras las fortificaciones alemanas durante la noche, y siguió con el desembarco al amanecer en las playas de Utah, Omaha, Sword, Gold y Juno.

Turistas sobrecogidos pasean hoy por una arena entonces teñida de sangre y ahora envuelta en un halo de leyenda. En lo alto de sus acantilados siguen en pie algunos de los búnkeres que intentaron detener a aquellos hombres lanzados a luchar contra el fascismo, y cementerios tapizados por centenares de cruces jalonan el camino que, a lo largo de los meses siguientes, llevó la libertad a Europa.

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