Copenhague: guía de viaje exprés en solo 48 horas

En Copenhague, pequeña gran metrópoli a orillas del Báltico, todo parece estar hecho para ser cómodo y funcional, práctico pero no frío. Y si el tiempo acompaña, lo mejor es alquilar una bicicleta para descubrirla en solo 48 horas, con esta guía de viaje exprés.

Por RODRIGO PADILLA

DÍA 1

10:00

El corazón de Copenhague late entre la Estación Central y la plaza del Ayuntamiento. Nosotros seguiremos a la multitud por la Strøget, la gran arteria peatonal, llena de tiendas y músicos callejeros, y que atraviesa plazas como la de Nytorv o la Højbro Plads, una de las más bonitas de la ciudad.

12:00

Un desvío a la derecha de la plaza Amagertorv lleva a la isla de Slotsholmen, donde se alzan el palacio de Christianborg o los museos Nacional y Thorvaldsen. De vuelta a la plaza Kongens Nytorv, donde termina la Strøget, encontramos el Teatro Real, el palacio de Charlottenborg y el Hotel d’Angleterre. Y muchos sitios para comer.

14:00

Porque ya van siendo horas. El Union Kitchen, en la Store Strandstræde, es perfecto para un brunch, mientras que el Geist ofrece una carta sorprendente. Si el sol brilla, o no llueve, se puede optar por un hot dog estilo vikingo de los puestos callejeros. O sentarse en una de las terrazas de Nyhavn, el canal flanqueado por casitas de colores.

16:00

Cambiamos los colores de Nyhavn por las clásicas fachadas de la calle Bredgade, que conduce hasta la iglesia de Mármol y su espectacular cúpula. A la derecha se llega a Amalienborg, un complejo de cuatro palacios en torno a una plaza. En uno de ellos reside la reina Margarita II. Desde el muelle que hay a sus espaldas vemos el moderno edificio de la Ópera en Christianshavn, al otro lado del canal.

18:00

Si continuamos por su orilla llegaremos a Kastellet, una fortaleza con la forma de estrella habitual del siglo XVII, rodeada por un foso de agua y zonas verdes. Después nos dirigimos hacia la foto obligada para todo visitante que llega por primera vez a la ciudad: la Sirenita. Antes de verla, sorprende que se encuentre aquí, en un lugar un tanto apartado y discreto, y al verla, lo que sorprende es que sea tan pequeña. De todos modos, es innegable que tiene algo, aunque solo sean las resonancias infantiles.

20:00

Es el momento de recurrir al transporte público y poner rumbo al Tívoli, el parque de atracciones de Copenhague. A estas horas se habrá convertido ya en un jardín con atracciones y casetas de feria. También tiene restaurantes, por lo que es un buen sitio para cenar, sobre todo si se consigue mesa en el Gemyse. Si no, alternativas no faltan, como el Marv & Ben, junto al Museo Thorvaldsen. Otra opción es conocer la vida nocturna de barrios como Nørrebro y su animada Ravnsborggade, o Kødbyen, un antiguo polígono industrial en Vesterbro convertido en la zona de moda.

DÍA 2

10:00

Hoy podemos aprovechar el relieve plano de la ciudad para acortar distancias a golpe de pedal. Porque, en bici, Copenhague se hace aún más manejable. Podemos empezar la jornada en el llamado Barrio Latino, una maraña de calles entre Strøget y la estación de Nørreport llena de cafés y tiendas alternativas, antes de subir a lo alto de la Rundetårn por su curiosa rampa interior.

12:00

Al otro lado de la Gothersgade se encuentra el Jardín del Rey, un enorme parque, con el castillo de Rosenborg, un sobrio edificio de ladrillo rojo y tejados verdes construido hace cuatro siglos. Se puede visitar el interior, pero también se puede cruzar al Jardín Botánico si hace bueno; si no, su gigantesco invernadero también merece la pena. Si nuestro plan es más alternativo, podemos cruzar los grandes estanques, conocidos como los Lagos, y adentrarnos en Nørrebro, el barrio más multicultural de la ciudad, lleno de galerías, tiendas de artesanía y mucho ambiente callejero.

14:00

En el mismo barrio de Nørrebro encontraremos restaurantes de todas las gastronomías del mundo, pero también el Manfreds, uno de los muchos herederos del mítico Noma. Si nos hemos quedado paseando por el Jardín del Rey, podemos acercarnos al mercado de Torvehallerne y sus más de 50 puestos de delicatessen variadas, incluido el típico smørrebrød danés, una rebanada de pan de centeno cubierta con todo lo imaginable. Esta misma opción, pero en un entorno más elegante, la encontramos en el Orangeriet.

16:00

Como vamos en bicicleta y en Copenhague no hay cuestas, 4 kilómetros no son nada. Así que tomamos la Gothersgade hasta la plaza de Kongens Nytorv, pasamos por delante del edificio de la Bolsa y cruzamos el canal hasta el barrio de moda de la ciudad: Christianshavn. Sus calles y canales le dan un ambiente muy especial. Pero la verdadera atracción es la Ciudad Libre de Christiania, una comuna hippie creada en los 60 y que ahí sigue, independiente de Dinamarca y de la Unión Europea, con sus propias leyes, una animada vida cultural… y la venta de hachís y marihuana legalizada.

18:00

Si no seguimos dando vueltas por Christiania podemos dirigirnos a la Ópera para admirar esta imponente obra del arquitecto Henning Larsen. También podemos cruzar al barrio de Amager, con un interesante ambiente universitario. La tercera opción, si es verano y el ayuntamiento decide repetir la iniciativa, podemos acercarnos a la zona de baño habilitada en el canal, en Islands Brygge.

20:00

Para la cena, lo suyo es probar la alabada alta gastronomía danesa. En Christianshavn está el multipremiado Noma, aunque la reserva es obligatoria y la lista de espera, larguísima. Más terrenales son el Kadeau, el 108 o el Barr. También podemos volver a la zona de la ciudad que más nos apetezca y cenar allí. En Kongens Nytorv tenemos el Geist; en Nyhaven, las pizzas del Gorm’s; cerca de Amalienborg, la mestiza comida del District Tonkin, o el más íntimo Rebel. En Nørreport tenemos el Høst, junto al mercado de Tovehallerne. Vayamos donde vayamos, el paseo a la luz de las farolas tras una buena cena será el broche más hygge para nuestra visita.