Cuando hace calorcito puede apetecer una cerveza fría, pero una temperatura inadecuada puede echarla a perder por varios motivos… ¿Vaso congelado? ¡Error!

Por CÓDIGO ÚNICO

Antes de nada, que cada uno disfrute la cerveza fría cómo más le guste. Ahora bien, lo de meter un vaso o una jarra en el congelador, sacarlo cuando esté muy frío y, a continuación, echarle cervezano es algo muy recomendable.

Es cierto que en temporada estival, con las altas temperaturas, pueda parecer un oasis refrescante, pero el frío excesivo mata a la cerveza. Por frío excesivo hablamos de servirla a una temperatura por debajo de 5ºC. Si esto ocurre, es como si bebiéramos agua helada, ya que en esas condiciones la cerveza fría pierde sabor, matices, el frío hace que la malta y el lúpulo se ‘escondan’, dando como resultado algo casi insípido.

Además, cuando se produce el contacto con el recipiente congelado, la ‘carbonatación’ se rompe. Desde Cervecear explican que «la cerveza a esas temperaturas tan extremas tampoco genera espuma, y ya sabemos lo importante que es para mantener todas sus cualidades».

En este sentido, el contacto con el hielo podría producir lo contrario, un exceso de espuma. Y añaden que, en el caso de una jarra cilíndrica, «se forma en la base un disco de hielo-cerveza que, transcurridos unos minutos, se despega y sube hasta la superficie, llegando a dificultar el acceso a la bebida».

Otro problema de los recipientes helados es que pueden coger olores externos en el congelador, de otros alimentos.

Cerveza fría, sí; congelada, no. Y lo de echar hielo a la cerveza… tampoco.

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