Etro cumple 50 años a todo color

La familia Etro lleva medio siglo siendo una referencia mundial de los estampados. Con Kean y Veronica –los hijos del fundador– a la cabeza de las líneas de hombre y mujer, los Etro están en la élite de la moda italiana.

Por DUARTE NAVARRO. Fotografía DANIEL HOFFER / LAIF / CORDON PRESS

Son pocos los negocios verdaderamente familiares que quedan en la moda de primera división. El de Etro, fundada en 1968 por el patriarca Gerolamo Gimmo Etro, es uno de los mejores ejemplos que podemos encontrar en la actualidad, con una familia completamente volcada con la compañía y que disfruta comiendo junta prácticamente a diario en el comedor de la sede de su empresa. Su unión es tal que de los cuatro hijos de Gimmo –Ippolito, Kean, Jacopo y Veronica–, los dos últimos viven en el mismo edificio, al haber dividido en dos el apartamento paterno con vistas a Villa Reale, en Milán.

Pero la historia de la firma no se remonta al instante de su fundación. Viene de atrás. De cuando en Europa se pusieron de moda los colores y los tejidos orientales; de cuando Fortuny triunfaba en Venecia y Poiret, en París. Cuentan que Gimmo que empezó a trastear con las telas fascinado por la bata de su abuela, que despertó en él la pasión por el estampado Paisley, el dibujo botánico persa que encandiló a la Europa occidental en los albores del siglo XX y que en Etro han sabido interpretar como nadie desde que en 1984 se convirtiera en el signo más reconocible de la casa.

A partir de las fantasías y la sensualidad que desprendían esos dibujos y colores orientales se empezó a crear la compañía. En un principio estaba enfocada principalmente a suministrar tejidos de calidad a casas como Óscar de la Renta o Perry Ellis, que se fabricaban en Lyon o Italia con diseños hechos a mano, tal como se sigue haciendo hoy. La inspiración para esas telas venía en gran parte de la magnífica colección de chales antiguos que Gimmo y su mujer, Roberta, anticuaria, poseía. Con más de 300 piezas, todavía hoy sigue siendo considerada una de las más importantes del mundo.


«Puede que algún día nuestro trabajo deje de interesar a la gente, pero hacemos lo que queremos»


No fue hasta la llegada de la segunda generación cuando se empezaron a ampliar las líneas de negocio de la casa italiana Primero llegaron a la decoración y los accesorios en la década de los 80 para, en 1990, lanzar la colección masculina bajo la dirección de Kean Etro, que desde entonces se ha convertido en el director creativo de una de las casas más apreciadas dentro y fuera de Italia. Veronica, la única de la familia con formación académica en moda (estudió en la prestigiosa escuela de diseño londinense Central Saint Martins) llegó para hacerse cargo de la línea femenina, con la que se presentó en el año 2000 sobre la pasarela. Jacopo e Ippolito, por su parte, se centran en la línea de hogar, accesorios y textiles, y la dirección general, respectivamente. Como reconocía Ippolito en una entrevista a The New York Times, su padre desde siempre les dijo:


«Podéis hacer lo que queráis en la vida, pero si trabajáis aquí empezaréis garabateando»


Lo que da una idea de cómo es el funcionamiento de esta particular compañía. Hasta hace nada, la firma no contaba con consultores externos para desarrollar sus estrategias de negocio, confiando gran parte de ella a la propia intuición. Fue Ippolito también quien, tras un año sabático en Asia, regresó con una idea: «Pensando en mi vida y en la de la compañía, me di cuenta que necesitábamos a alguien externo que nos ayudara a cambiar las cosas en las que estábamos retrasados, porque estuvimos quietos durante demasiado tiempo». Kean lo confirma: «En el campo de las fragancias, por ejemplo, que nosotros habíamos trabajado por nuestras cuenta durante mucho tiempo, al final  contratamos a un profesor que vino y nos enseñó cómo teníamos que olerlas. A mí me llevó un año y tuve que dejar de fumar».

Así se entiende que campos como la tecnología no salieran de forma natural en Etro. Les costó entrar seguramente por su gran tradición de atesorar verdaderas obras de arte en papel. Así se puede considerar la colección de libros que conservan en sus archivos, con todo tipo de dibujos, ya sean de origen oriental o de estilo victoriano. Ese archivo conforma un maremágnum de colores y formas del que toman la inspiración (algo similar hace Hermès con su gabinete de curiosidades en plena Rue du Faubourg Saint-Honoré, en París).

Ese es el gran tesoro que posee la firma: en un momento en el que muchas casas pelean por construirse una historia tomando –o inventándose– elementos de aquí y allá, Etro puede presumir de tener una corta vida pero bien fundamentada en elementos con décadas de antigüedad y, sobre todo, una imagen tan potente como ser los maestros del Paisley.


«Hay que innovar, pero siempre tienes que ser fiel a lo que eres y a lo que amas»


Sumémosle a esto las aficiones de los herederos de Gimmo y entenderemos todo: Veronica colecciona arte asiático y pop; Jacopo, antigüedades y contemporáneo; Kean ama los libros antiguos, y a Ippolito le fascina el mundo natural. Y todo eso tiene su reflejo en el alma de todo lo que hacen. «Puede que en algún momento dejemos de estar de moda porque la gente no sienta interés por los estampados, las referencias étnicas o los colores brillantes –aseguraba Jacopo a W–, pero hacemos lo que queremos. Hay que experimentar, innovar y apoyar nuevas ideas, pero siempre tienes que ser fiel a lo que eres y a lo que amas».

«Nos enseñaron a ser curiosos. A todos nos criaron para buscar la belleza, para buscar la novedad», corrobora Veronica. De ahí que no tengan reparos ni en buscar inspiraciones en paraísos lejanos o en invitar a un chamán a bendecir su desfile. «El mundo de Etro -leíamos en la edición británica de Vogue tras el pasado desfile femenino de otoño invierno- trata sobre color, textura y estampados. La firma tiene un alma rica y bohemia, y cada temporada Veronica Etro nos ofrece nuevos aspectos de ese ADN».

«Cuando nuestro volumen no era tan grande –aseguraba Kean en The Wall Street Journal–, hacíamos de todo. Como conocía a todos nuestros clientes, cuando empaquetaba sus pedidos les escribía una nota personal diciéndoles ‘Aquí están tus corbatas, recién horneadas desde Milán. Con amor, Kean’. Esa era la actitud y hemos intentado conservarla». Y se nota por lo privada, divertida y relajada que sigue siendo la firma, un gigante a nivel mundial que nunca hace el ruido de otras marcas. «Tenemos que mantener a la imaginación gobernándonos –asegura Kean–. ¡Porque lo que imaginas es realidad!». Y la historia de Etro es muy real.

Más sobre en Código Único

Moda para el verano: El rey de poniente

Arte sobre tela

8 Tendencias de moda masculina para arrasar este verano 2018