La vibrante Medellín dice adiós a su leyenda negra

El tiempo en que Medellín era la capital mundial de la droga pasó a mejor vida. Hoy, la ‘ciudad de la eterna primavera’ es una de las urbes más vibrantes, dinámicas y divertidas de América del Sur. Bienvenidos al nuevo Medellín.

Por ALBERTO E. PARRA

No existen cifras oficiales, pero los touroperadores que trabajan en Medellín calculan que casi dos centenares de turistas realizan cada día alguno de los ‘narcotours’ que se ofrecen por la ciudad colombiana.

Son casi 75.000 curiosos al año. En su mayoría extranjeros atraídos por la series Escobar, el patrón del mal y Narcos. Hipnotizados por la figura de su protagonista, el narcotraficante Pablo Escobar, el capo del cártel de Medellín.

Escobar murió en 1993 en una casa del barrio de La América, en un operativo militar contra el tráfico de drogas. De eso hace más de un cuarto de siglo. Pero su sanguinaria figura, con más de 4.000 muertos a sus espaldas según las estimaciones más conservadoras, aún pervive en las calles.

Y también en esas rutas, que recorren el cementerio Jardines Montesacro en busca de su tumba, a un costado de la capilla principal del camposanto; el edificio Mónaco, donde vivió durante años y que fue demolido el pasado mes de febrero en un intento de resarcir a sus víctimas; su casa-museo en la comuna de El Poblado, que administran sus familiares; el barrio Medellín sin tugurios, donde el narco regaló casas a familias que vivían en el basurero municipal de Moravia; la casa de La América donde murió…


Las flores, patrimonio nacional

Tras los Países Bajos, Colombia es el segundo exportador mundial de flores. Un mercado que aporta 500 millones de dólares anuales y genera 120.000 empleos directos. Esa cultura floral tiene su epicentro en la villa de Santa Elena: allí hay 15 fincas dedicadas al cultivo de flores y a la elaboración de silletas, los monumentos florales que los silleteros portan a sus espaldas en el Festival de las Flores, que se celebra en Medellín en agosto.


Ese era el destino de Medellín: ser para siempre la ciudad que dio nombre al cártel de la droga más famoso del mundo. Pero las autoridades municipales llevan años trabajando para cerrar esa herida, borrar las huellas que el cártel infligió a la ciudad y olvidar a un Pablo Escobar que durante mucho tiempo fue un ídolo popular. Y están poniendo todo el empeño en la tarea.

La Medellín de 2019 es muy distinta. Es una ciudad moderna y dinámica que emplea el 1,82% de su PIB en innovación, que presta una enorme atención al desarrollo social y cultural de la ciudad, que cuenta con una puntera infraestructura de transportes y que ha pasado de ser una de las urbes más inseguras del mundo, con una tasa de 380,6 crímenes por cada cien mil habitantes en 1991, a ser una de las más tranquilas de América. Es un ejemplo mundial de transformación.

«La ciudad se está convirtiendo a toda velocidad en la capital tecnológica de América del Sur. Cafeterías de moda, tiendas, cervecerías, cooperativas de artesanos y espacios de coworking aparecen cada día para atraer a los millennials», asegura la revista Forbes, que califica a Medellín como «uno de los diez destinos más cool para visitar este 2019».

La ciudad de la eterna primavera, con una temperatura media anual de 24 ºC, por fin engancha. Por la amabilidad de su gente, su deliciosa comida, su paisaje montañoso en medio de los Andes, sus espectaculares vistas panorámicas y sus espacios verdes subtropicales.


Un futuro pintado en la pared

Por las escaleras mecánicas que llevan a la Comuna 13 suben cada mes 17.000 visitantes. Lo hacen, en su mayoría, para llegar al sector de Las independencias y ver los grafitis que hoy dan fama al barrio. El grafitur, creado en origen por los artistas urbanos Jeihhco y Perrograff, ha cambiado la percepción de un barrio que, en la época más dura del narco, estaba estigmatizado por la violencia.


Y también, claro, por sus huellas históricas, visibles desde que la ciudad fue fundada en 1616 por el español Francisco de Herrera Campuzano con el nombre de Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín. De esa villa primigenia apenas perviven dos hitos principales: la ermita de la Veracruz, de 1682, y la basílica de Nuestra señora de la Candelaria, frente al parque Berrío, de 1776.

La imagen del Medellín actual es, en realidad, fruto de su imparable evolución durante el último siglo. El pistoletazo de salida lo dio la llegada del Ferrocarril de Antioquía a la antigua plaza del mercado, lo que ayudó a su consolidación como ciudad. Entre 1870 y 1938 la población se multiplicó por siete y Medellín se consolidó como un importante centro comercial de oro, café e importaciones. El despegue urbano ya fue imparable.

La Avenida de Carabobo es el epítome de ese Medellín que creció como la espuma sumando gentes de aquí y allá. Este paseo peatonal, que arranca junto a la Plaza Cisneros, es un espectáculo de gentes, color y ambiente, y en su discurrir ofrece una secuencia de construcciones de todos los estilos, desde coloniales a modernistas, incluso art déco.

En esa avenida, a la altura de la calle de Boyacá, está una de las iglesias más bonitas de la ciudad, la de Veracruz, del siglo XVIII, que recuerda a ciertas iglesias andaluzas. Y al final de ella está la Plaza Botero, que alberga la soberbia colección de 23 esculturas que Fernando Botero regaló a la ciudad que lo vio nacer en 1932.

La plaza, el actual centro neurálgico de Medellín, está flanqueada por el Museo de Antioquía y por el Palacio de la Cultura. Y un poco más allá se encuentran el Parque Berrío y la basílica de Nuestra Señora de la Candelaria. Esto es el centro actual, un área segura, de ambiente agradable y distentido, en el que se encuentran las plazas más concurridas y los principales edificios históricos.


Tradición y la mejor vista de Medellín

En el cerro Nutibara se alza desde 1977 el Pueblito Paisa, una réplica de los pueblos tradicionales antioqueños. Para su construcción, el arquitecto Julián Sierra empleó materiales de principios del siglo XX traídos del pueblo de El Peñol, demolido para construir una represa. El resultado fue uno de los mayores reclamos turísticos de la ciudad.


Pero el verdadero núcleo fundacional de la ciudad es El Poblado, una de las 16 comunas o distritos que actualmente componen la ciudad. Aquí fue donde el visitador Francisco Herrera fundó en 1616, con 80 indígenas, lo que acabaría siendo Medellín.

Tras la refundación de la ciudad en 1675 en lo que hoy es el Parque Berrío, El Poblado paso a ser el centro de una amplia zona rural que abastecía de alimento a la ciudad y que, con el tiempo, se fue transformando en un área de fincas agrícolas y de recreo.

Hasta que en los años 50 del siglo XX, esta área rural dejó de ser el sitio de veraneo de los medellinenses para convertirse en lo que es hoy: el barrio residencial favorito de la clase alta. Y también el principal centro de esparcimiento de la ciudad. Aquí están las principales cadenas y tiendas, los restaurantes y locales de ocio del Parque Lleras, y el lindo barrio de Provenza, con una vida nocturna y gastronómica de lo más interesante.

El hecho de que Medellín esté en un valle y se extienda por las faldas de las montañas que la flanquean tiene dos curiosos efectos. Por un lado disgrega la ciudad en barrios que, gracias al Metro y, sobre todo, al Metrocable (la primera red de teleféricos del mundo con estaciones intermedias, y que cuenta con cinco líneas), están perfectamente conectados con el centro y entre ellos.

Por otro, ofrece a vecinos y turistas la posibilidad de atisbar la ciudad desde sus numerosos miradores. El más famoso de todos es el del Cerro Nutibara, donde está el Pueblito Paisa, la recreación de un típico pueblo antioqueño, desde el que se tiene una grandiosa vista de la ciudad.

Pero quienes prefieran algo menos turístico pueden optar por el mirador de Las Palmas, el más concurrido al atardecer y por la noche; el de Cerro Volador, en la Comuna 7, 82 metros por encima de la ciudad; el Ecoparque Mirador Cerro El Picacho; y el de la Comuna 13, al que denominan «el mejor balcón de la ciudad» y al que se accede mediante unas escaleras eléctricas instaladas en la última renovación del barrio.

Vista desde las alturas, Medellín podría pasar por una más de esas ciudades de aluvión suramericanas formadas por decenas de barrios periféricos que dan cobijo a las clases populares. Pero para conocer el verdadero Medellín hay que bajar a ras de suelo, pisar sus calles, hablar con su gente, degustar su cocina.

Solo así comprenderá por qué esta urbe de 3,5 millones de habitantes fue reconocida en los World Travel Awards de 2018 como el Mejor Destino de Escapada en Suramérica o por qué Tripadvisor la ha calificado como Mejor Destino en Ascenso y Mejor Destino para Reuniones y Conferencias en Suramérica. Porque a cool, a Medellín no hay quien la gane.

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