Mario Moretti, el hombre que creó Geox agujereando sus zapatos

Un paseo por el desierto lo cambió todo. Para evitar que se le cocieran los pies, Mario Moretti agujereó las suelas de sus zapatillas. El resto es historia, la historia de Geox. Su protagonista la cuenta en exclusiva en Código Único.

Por VÍCTOR GODED

A Mario Moretti su padre le ‘bautizó’ con una gota de vino en los labios para nombrarle el sucesor de su negocio. Descendiente de una rica familia de bodegueros de Treviso, una localidad cercana a Venecia; para Mario Moretti no cabía otra opción que ser un eslabón más de la tradición vinícola de sus antepasados.

Por eso nunca le asaltaron las dudas a la hora de matricularse en la universidad para estudiar Enología y Derecho. Y, una vez formado, dar el siguiente y lógico paso: coger las riendas de Villa Sandi, la empresa familiar especializada en vino prosecco.

Su día a día transcurría entre vides y barricas hasta que una mañana, durante un viaje de trabajo a Estados Unidos, un golpe de calor trastocó su futuro.

La anécdota, que ya se ha convertido en leyenda, ocurrió en el desierto de Nevada. Moretti había salido de excursión y notaba que a cada paso que daba, sus pies se le cocían más y más. Para combatir el sobrecalentamiento, cogió una navaja suiza e hizo dos agujeros en las suelas de goma de sus zapatillas Nike. El alivio que sintió fue inmediato. Y no solo por ese novedoso sistema de ventilación, sino porque acababa de descubrir otra salida en su carrera laboral.

De vuelta a Italia, con la idea de un nuevo negocio debajo del brazo, buscó la manera de mejorar su hallazgo. Dejó los asuntos de la bodega en manos de su hermano y se enclaustró en un taller de calzado que tenía la familia.

Durante tres años experimentó con el infalible sistema de prueba y error, sin importarle los nulos conocimientos que tenía sobre cómo funcionaba el calzado. Al final dio con la tecla. Creó una membrana basada en microporos que impiden que pase el líquido pero dejan salir el vapor que era, al mismo tiempo, impermeable al agua y permeable al aire.

Con la patente en la mano, se lanzó a la búsqueda de inversores. Quería capital para poner en marcha su idea inmediatamente. Presentó su invento a las grandes multinacionales del sector y no obtuvo respuesta. Pero nunca dejó de creer en sí mismo: «Creo que ahora puedo decir que tuve bastante suerte por el hecho de que a nadie le interesara la propuesta», reconoce riendo.

Su desahogada posición económica le permitió fundar su propia compañía. Le puso por nombre Geox, una combinación de la palabra ‘geo’ («tierra», en griego) y la letra ‘x’, (que simboliza la tecnología), y siguió el modelo de Steve Jobs, con cinco personas trabajando en un garaje.

Y se empeñó en que su empresa fuera genuinamente italiana. «Algo que aprendí durante mi periodo de formación es la importancia de la herencia italiana –cuenta en exclusiva a Código Único–. Es nuestro ADN, algo que hace que los productos italianos sean bien conocidos y deseables en todo el mundo».

El experimento funcionó. Primero se forjó un nicho de mercado en Italia y luego se expandió por todo el mundo. No le hizo falta romper el cordón umbilical con su país ni mudarse a Silicon Valley para multiplicar las cifras de negocio: «Estoy muy orgulloso de que mi primera intuición me llevara a constituir desde Italia una empresa global y exitosa que actualmente es líder de mercado en todo el mundo. Todo comienza con una idea. Una idea vale más que una fábrica. Ese es mi lema», nos cuenta.

Uno de los mayores logros de Geox es haber seguido trabajando de forma ardua en la original de Moretti y haber protegido sus innovadoras creaciones con patentes italianas que luego son aplicadas internacionalmente. Para esta tarea, Geox cuenta con una legión de cincuenta abogados que le asesoran en el plano legal.

En total, la marca tiene registradas 35 patentes y ha solicitado otras diez más. Y no serán las últimas, ya que Geox reinvierte el 2% de sus beneficios anuales en I+D y destina una buena parte de sus recursos en el constante desarrollo de sus productos: «La clave de nuestra compañía, y la de cualquier empresa, es ofrecer a sus clientes siempre algo nuevo y mantenerse al día con las nuevas tecnologías y tendencias que vemos en el mercado», sentencia.

En 2009, Geox compró Diadora, la marca italiana de calzado y ropa deportiva, para que saltara fuera de sus fronteras. Fue un ‘regalo’ de Moretti para su único hijo, Enrico: «Estoy muy orgulloso de los resultados que ha logrado con su equipo».

A Mario Moretti no le gusta parar: «Normalmente trabajo 12 horas diarias. Mi jornada empieza pronto, con una sesión de fitness. De ahí me voy a Montebelluna –la sede de Geox– porque me gusta estar al tanto de todo lo que desarrollamos».

Y, cuando no está de viaje, se relaja conduciendo sus Lamborghini amarillos –«el color del sol y la felicidad eterna»–, montando a caballo, paseando por la naturaleza o disfrutando de su colección de motos clásicas.

Amigo personal de Bill Gates, Christine Lagarde o Mario Monti, a Moretti le han tentado incluso para coger el timón del Gobierno italiano. Pero él se decanta por la labor social: «Con nuestra firma lideramos diversas iniciativas humanitarias. Por ejemplo el proyecto Valemour, gracias al cual personas con síndrome de Down contribuyen a la creación de una línea de accesorios homónima que luego se vende en nuestras tiendas. O la reestructuración de un orfanato en Rumanía».

Mario Moretti pisa firme en el presente para caminar por el futuro: «No pienso en jubilarme. Me siento con más energía que nunca, viajo mucho por todo el mundo y aún tengo pasión por mi trabajo».

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