José María García-Planas lleva el sector textil en la sangre. Suya es la firma Artextil y dirige United Weavers, una de las consultoras textiles más importantes del mundo. En su sede barcelonesa nos recibe para hablar del futuro de la moda.

Por José Luis Díaz-Garde

No hay vuelta atrás», así de tajante se muestra José María García-Planas, heredero de la emblemática firma textil española Artextil y fundador de United Weavers, una de las consultoras de referencia del sector a nivel mundial, cuando se le pregunta por el futuro sostenible de la moda. «Es una demanda del mercado y llegará el momento en el que los propios países formalizarán sus exigencias al respecto». Y la suya es una de las voces más autorizadas. Basta echar un vistazo a su cartera de clientes (Abercrombie & Fitch, Massimo Dutti, Ralph Lauren, J.Crew, Mango o Zara, la marca de retail de Amancio Ortega, el hombre más rico de España) para entender que su opinión cuenta. Y mucho.

Fue su abuelo, el fundador de la compañía en 1926, quien le transmitió el amor por esta industria. «Llevo el textil en las venas desde que, de pequeño, los sábados acompañaba a mi abuelo y jugaba entre sacas de lana», confiesa. Tanto, que convirtió en perfume el olor a lana lavada con jabón de Marsella que impregnaba esos almacenes.


José María García-Planas, el gurú de las telas 1José María García-Planas en su despacho en United Weavers, en Sabadell (Barcelona)


Pero dedicarse a las telas no estaba entre sus planes. De hecho, fue mientras estudiaba Empresariales,  y con la idea de echar una mano y ganar algo de dinero, cuando se empezó a despertar su vocación: «Me lo propuso mi padre. Como me manejaba con los idiomas, podía viajar y vender las telas por el mundo. Y así empecé: por las sastrerías de Hong Kong».

A partir de ahí, lo suyo roza la leyenda. Presume de amistad con genios como Romeo Gigli o Dries Van Noten; de conocer a Patrizio Bertelli, el gurú económico de Prada; de admirar a Giorgio Armani, con quien trabajó codo con codo; y de que Jil Sander le abrace cuando se encuentran por París. La anécdota más curiosa le sucedió con Ralph Lauren: «Quería trabajar con él, así que me presenté en su oficina de Nueva York vestido con un traje de raya diplomática que reproducía uno de cuatro botones de mi abuelo –recuerda–. Mientras su secretaria me decía que me iba a resultar imposible verle, apareció él y se quedó mirando el traje con cierto descaro. Al rato me pidieron que pasase. Mi traje le impactó tanto que llamó a uno de sus sastres para analizarlo juntos. Desde entonces somos unos de sus proveedores estratégicos».

Dice José María García-Planas que el secreto de su éxito quizá haya sido su falta de formación en diseño: «Aportaba otra perspectiva. Lo que me decían que era imposible, yo me empeñaba en que fuera posible, y sin perder la visión económica». Eso lo entendió muy bien Calvin Klein que antes de perder la oportunidad de reunirse con él mandó a su equipo creativo a un encuentro con García-Planas en el interior de la limusina que le llevaba al aeropuerto JFK.

Su última decisión trascendental la tomó tras escuchar la frase de un amigo ilustre: «No te puedo copiar más, eres demasiado caro. ¿Por qué no te copias a ti mismo». Así se dio cuenta que el futuro pasaba por Asia: «En este sector hay que ser muy perfeccionista y China conserva un gran nivel artesanal. Además, el cashmere y la seda vienen de Asia». Así nace United Weavers, su consultora textil, que trabaja con los más importantes grupos industriales del mundo mientras crea su propia colección de tejidos, Artextil, como homenaje a su saga familiar.