Es madrileño, tiene 34 años y de la mano de Jeremy Hackett se ha convertido en el cortador más joven de Savile Row, la calle donde se concentran las sastrerías con más estilo de Londres. Con todos ustedes, Juan Carlos Benito.

Por Beatriz Tárrega

Desde 1944 hasta hace poco más de un año, el señorial edificio georgiano que se levanta en el número 14 de Savile Row fue la casa, estudio y boutique del diseñador inglés Hardy Amies. De allí salieron sus colecciones para hombre y mujer, sus inconfundibles trajes a medida y las exquisitas prendas que le valieron para convertirse en proveedor de la Casa Real británica. Pero Hardy Amies Ltd. cerró sus puertas el marzo de 2019 y hoy es otro el diseñador que pasea por sus cuatro plantas con un nada disimulado orgullo.

Desde hace unos meses, el edificio es propiedad de Jeremy Hackett, que desde hace décadas soñaba con plantarse en Savile Row, la calle donde se concentran las mejores sastrerías artesanales de Londres. Pero instalarse aquí no le ha resultado sencillo. Primero, porque la asociación Savile Row Bespoke no consiente que marcas comerciales se instalen en la calle. Y segundo, porque es la propia asociación la que da el visto bueno a los nuevos inquilinos. Por eso, para instalarse aquí, Jeremy Hackett ha tenido que crear una nueva enseña: J.P. Hackett.

«Puede chocar que a Savile Row venga una firma como Hackett y encima con un sastre español», nos cuenta Juan Carlos Benito, su cortador, en una lluviosa y oscura tarde de febrero que contrasta con el luminoso interior de la tienda, obra del prestigioso interiorista Ben Pentreath. «Te saludan, sí, pero eres el nuevo, el intruso, y miran de reojo a ver qué haces. Y si no eres inglés, mucho más. Pero para mí es una oportunidad única, porque además de reconocimiento y prestigio, es un escaparate al mundo».


Juan Carlos Benito, el 'cortador' más joven de Savile Row 1Juan Carlos Benito (delante) con Jeremy Hackett en la sede de la sastrería J.P. Hackett, en Savile Row.


En Savile Row hay aproximadamente 40 cortadores y él es el más joven de todos los que lideran equipos. Creció entre los tejidos, tijeras y alfileres que empleaba su padre, José Alonso Benito, en su sastrería del madrileño barrio de Salamanca; se formó en La Confianza, la escuela de sastrería de Madrid; se convirtió en ayudante de su padre y posteriormente trabajó en la sastrería de El Corte Inglés. «Hay que tener pasión por lo que haces, y yo lo tenía muy claro desde pequeño cuando ayudaba a mi padre, que es un amante de la sastrería inglesa. Él fue el que me inculcó la idea de que los mejores sastres estaban en Londres y en concreto  aquí, en Savile Row, donde él se formó», nos dice.

En 2012 y con un inglés que distaba de ser perfecto, se embarcó en la aventura londinense, donde empezó a trabajar en Oliver Crown, en Chelsea. «Allí entonces no se hacía nada a mano y a mí me dieron la oportunidad de empezar con la sastrería a medida. Fue un éxito y estuve siete años con mi equipo».


“Un traje debe proyectar una imagen del cliente mejor que la real”


El trabajo de un maestro cortador consiste en dirigir a los otros cortadores y aprendices y ocuparse de toda la producción de la sastrería. «Eso incluye el control de calidad, los acabados, el trato con el cliente –incluidas las pruebas– y, por supuesto, la coordinación con los oficiales y el taller para transmitirles el estilo y el acabado que quiero dar a cada prenda».

La palabra ‘artesano’ cobra con Juan Carlos Benito todo el sentido:  «Hay muchos sastres que se ciñen a las medidas estrictas, pero a mí me gusta esculpir el cuerpo del cliente, realzar las cosas buenas y esconder los defectos. Un traje no solo tiene que ser cómodo; debe proyectar una imagen del cliente mejor que la real. Eso es, entre otras cosas, lo que justifica su alto precio».

«En Savile Row, los trajes parten de 6.000 libras –asegura Benito–, y la mayoría de las sastrerías no conectan con la gente joven. Por eso ha venido Hackett aquí, para ofrecer un producto igual de bueno pero con un precio más acorde a una nueva clientela que queremos atraer. Nuestros trajes empiezan en 4.500 libras y llegan hasta donde quieras. Por ejemplo, uno de vicuña puede costar hasta 50.000».

«Para ser un buen sastre –remata Benito– tienes ponerte en la piel del cliente y visualizar en cómo va a utilizar ese traje. Y eso es lo que trato de demostrar en esta tienda: que somos buenos sastres y sabemos mantener los estándares pero con otro sabor, porque lo hay».