Piense en un producto de lujo. Es altamente probable que sea fruto del trabajo de alguna de las 70 empresas del grupo LVMH, el conglomerado por el que Bernard Arnault apostó cuando estaba en crisis y que hoy es el epítome del lujo. Así es como este francés se ha convertido en el segundo hombre más rico del planeta según la Lista Forbes 2019.

 Por Víctor Goded

A mediados de los años 50, en la ciudad industrial de Robaix –al norte de Francia y casi lindando con Holanda–, Bernard Arnault disfrutaba de su infancia fantaseando con batallas bélicas. No le costaba imaginarlo: la residencia familiar estaba decorada con los retratos de sus antepasados, un largo linaje de militares alsacianos. Uno llegó a surcar los mares en dirección a Tahití y otro incluso fue coronel de la guardia de Napoleón, acompañándole en todas sus campañas, de Austerlitz a Waterloo.

Su padre era un empresario de la construcción que se había ido enriqueciendo con la compañía que le cedió su suegro. Durante ese periplo, el hijo fue educado por su abuela, que le inculcó la pasión por los estudios con un método estricto. Su destino parecía señalado. No habría piedras en el camino, pero estaba cercado. Por influencia consanguínea, decidió formarse en la Escuela Politécnica de París, un prestigioso centro de ingeniería con rango militar.

A los 22 años entró en el negocio familiar con la intención de cambiar la estrategia empresarial, lo que le acarreó discrepancias con su progenitor. Al final, el joven Bernard le convenció para que cambiara el enfoque y se centrara en las segundas residencias en primera línea de playa. Fue así como surgió Férinel, una compañía de promoción inmobiliaria de la que pronto se convirtió en director general antes de heredar el puesto de su padre. Sin embargo, mirar al mar se le quedó pequeño enseguida…

Las aspiraciones de expansión de Bernard Arnault volaron hasta Estados Unidos, donde asentó su business. El sueño americano cambió su rumbo profesional. Fue allí donde se dio cuenta de que el lujo, concepto que todo el mundo anhela, supera fronteras: «Pregunté a un taxista de Nueva York qué sabía de Francia –rememora Arnault–. No sabía quién era el presidente, pero conocía la marca Dior».

Lo primero que hizo el ahora multimillonario al regresar a su país natal fue asociarse con Bernheim, socio principal de la firma de inversión Lazard Frères, para adquirir la firma de artículos de lujo Financière Agache. Este movimiento, para el que tuvo que aportar la mayor parte de su fortuna, le sirvió como puente para entrar por la puerta grande en el sector y tomar el control de Boussac Saint-Frères, un conglomerado textil que en esa época estaba al borde de la bancarrota. La empresa controlaba los almacenes Le Bon Marché y, sobre todo, la marca Dior. Además, la compra fue por un precio simbólico, tan solo un franco, después de prometer al Gobierno francés de que no habría despidos. La jugada fue de jaque mate. «Mi hijo no tenía ni idea sobre la industria textil. Me pidió que le fuera a comprar todos los libros que encontrara sobre el tema, pero solo encontré tres –reconoció su padre años más tarde en una entrevista en L’Express–. Podríamos habernos arruinado, pero me convenció de que estaba seguro de lo que hacía. Decidí confiar en él».

Arnault llevó a cabo una reestructuración, vendió las marcas que no consideraba rentables y empezó a gestar su imperio con lo que consideraba la bandera del alto standing francés: Dior. «Le dije a mi equipo de trabajo que íbamos a construir el primer grupo de lujo en el mundo».

Dicho y hecho. En 1987 miró de frente a LVMH, firma creada ese mismo año tras la sinergia de Louis Vuitton y Moët Hennessy, que estaba en plena búsqueda de inversores. Bernard Arnault alzó la mano y no dudó en situarse como uno de los principales accionistas del grupo. Alcanzó la pole position solo dos años más tarde, actuando como mediador en una batalla entre las dos partes fusionadas sobre cómo dirigir el nuevo negocio mientras aumentaba su participación porcentual para hacerse socio mayoritario.   

Recién cumplidos los 40 y con el sillón de mando en LVHM en su poder, Arnault marcó un ritmo que nadie ha podido seguir hasta alcanzar la cúspide. Las adquisiciones se han ido sucediendo en cascada: moda y marroquinería, vinos y licores, cosmética y perfumería, relojes y joyería, compras minoristas y varios. La pericia de Bernard Arnault para moldear el mayor emporio del lujo reside en descentralizar las sociedades del grupo, concediéndoles una independencia que les permite maniobrar sin tener un órgano controlador.

Y desde el punto de vista personal, el resultado es igual de abrumador: Arnault se acaba de convertir en el segundo hombre más rico del planeta, colándose en una lista copada por gurús tecnológicos e inversores, y superando a Amancio Ortega. Es la tercera persona (junto con Bill Gates y Jeff Bezos) en superar la cifra de los cien mil millones de dólares de patrimonio  (107.600 millones según Bloomberg y 103.000 millones según Forbes).

«Le pregunté a un taxista de Nueva York qué sabía de Francia. No sabía quién era el presidente, pero conocía la marca Dior»

Sin embargo, advierte de que siempre le ha gustado ser «el número uno». Así lo demostró cuando fue el primero en su mercado en apostar por abrir las puertas a China, allá por 1992, cuando era una economía emergente aún por explorar (y explotar). A día de hoy sigue recogiendo lo que ha sembrado, con el gigante asiático aumentando la demanda de bienes de lujo, proliferando la venta online y disparando sus acciones. El mercado asiático representa ya el 29% de la cuota de mercado de LVMH.

En la actualidad, el grupo concentra 70 marcas, entre las que destacan Louis Vuitton, Dior, Séphora, Givenchy, Céline, Fendi, TAG Heuer, Hublot, Bvlgari, Kenzo, Moët Chandon o Loewe, y más de 156.000 empleados en todo el mundo. Sin embargo, la exclusividad no tiene límites: «Todavía somos pequeños. Acabamos de empezar. Somos el número uno, pero podemos ir más lejos». Palabra de Arnault.


Las cifras del imperio francés más ‘chic’

107.600 millones de dólares

Ese es el patrimonio personal que atesora Bernard Arnault según la revista Bloomberg. Equivale al 3% del Producto Interior Bruto (PIB) de Francia.

220 millones de dólares

Ese fue el dinero que Arnault dijo que LVMH donaría para reconstruir la catedral de Notre Dame de París. De momento no ha aflojado ni un euro.

10% de crecimiento anual

El grupo LVMH facturó 46.826 millones de euros  en 2018, un diez por ciento más que el año anterior. El beneficio alcanzó los 6.354 millones de euros.


Trenes, hoteles y cruceros de lujo, la última apuesta de Arnault

Fue el pasado mes de abril cuando la última compra de Arnault se hizo efectiva. Por 2.800 millones de euros, más la deuda, LVMH sumó a su cartera a la debilitada compañía Belmond, propietaria de 46 hoteles de lujo, trenes turísticos y cruceros fluviales. Con esta adquisición, la empresa de Bernard Arnault se expande hacia el negocio de los hoteles de alto standing, en un sector donde ya tiene su propia marca, Cheval Blanc. De este modo, amplía su cartera con míticos establecimientos como el Cipriani de Venecia, el hotel de Machu Picchu en Perú, el Copa Cabana Palace de Río de Janeiro, el Hotel das Cataratas en el Parque Nacional de Iguazú o la Residencia en Mallorca, así como exclusivos servicios privados ferroviarios como el Venice Simplon Orient Express y el Hiram Bingham, o el lujoso crucero Road to Mandalay.