El mundo está repleto de lugares espectaculares a los que viajar este año, que esconden magníficos monumentos urbanos o creaciones surgidas del azar de la naturaleza, que se han convertido en la propia imagen de la identidad cultural del país. Pero solo hay un único momento del día (con permiso de los amaneceres) en el que estas insignias se convierten en lo más alucinante: los atardeceres.
Cuando el astro rey crea un semicírculo por el cielo y se aproxima cada vez más al eje marcado por el horizonte, los últimos rayos del sol perfilan las siluetas de los bellos elementos que componen las ciudades y los entornos donde reina la naturaleza.
Desde Asia, hasta América, pasando por Europa tras saltar a África, encontramos los atardeceres más sensacionales del mundo…
Una de las 7 nuevas maravillas del mundo, el Taj Mahal, encandila a cualquier viajero que se deja ver por la ciudad de Agra, sobre todo si es al anochecer. El emperador Shah Jahan mandó construir este mausoleo en honor a su esposa favorita que murió al dar a luz a su 14º hija. El enorme palacio que combina el arte islámico, persa e indio, se convierte en el escenario perfecto de una puesta de sol en la India.
Los árboles Baobabs son seña e identidad de Madagascar, un elemento natural totalmente protegido, que pueden llegar a vivir hasta más de un milenio. Una de las zonas más visitadas de esta isla es Morondava, ciudad a la que pertenece la avenida de los Baobabs, donde los turistas esperan a la salida de la luna, para ver uno de los atardeceres más bonitos de África.

El Gran Cañón del Colorado, situado al norte de Arizona, acoge cada año a millones de turistas que esperan una foto al borde de cualquier acantilado. Sin embargo, los viajeros más exigentes no se conforman con eso, sino con contemplar la puesta de sol en esta gran garganta de colores cálidos, formada por la erosión del río Colorado.

Ibiza tiene las mejores fiestas y las mejores playas y calas de toda España. De eso no hay ninguna duda. Pero también cuenta con uno de los atardeceres más impresionantes de Europa. Numerosos visitantes se acercan a la cala Comte para ver la puesta de sol en un horizonte salpicado de pequeñas rocas e islotes que sobresalen del agua.

La pequeña localidad griega de Oia es la imagen más habitual en las postales veraniegas de Santorini. Pero si a eso le agregamos la mínima luz solar que queda del día, haciéndose poco a poco de noche, queda un recuerdo espectacular. Las típicas y tradicionales casas blancas de las islas griegas van perdiendo su color vibrante para ofrecer el protagonismo al crepúsculo griego, a orillas del mar de Creta.

El pico más alto del país nipón es el monte Fuji y desde la antigüedad está considerado como un lugar sagrado y espiritual. Es uno de los destinos más demandados por los alpinistas, ya que la gran mayoría escalan hasta la cima para poder contemplar atentamente los atardeceres o los amaneceres. Es sin duda el lugar idóneo para tener una buena panorámica del cielo y del país.

Las cataratas Victoria son las más grandes del mundo con 108 metros de altura. Un asombroso espectáculo de agua en la frontera entre Zambia y Zimbabue, que se convierte en extraordinario cuando los últimos rayos de sol se reflejan en las cataratas, dando paso a una noche estrellada. Declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1989 por la UNESCO, son el rincón perfecto para una de las experiencias naturales más increíbles.

La ciudad de Río de Janeiro vive en una continua fiesta al son de la samba, en la que el Cristo Redentor presencia todo lo que pasa en ella, a más de 700 metros sobre el nivel del mar. Esta estatua se ha convertido en un punto de referencia para la urbe ya que puede ser vista desde cualquier lugar. Y viceversa, desde su mirador también se puede ver toda la ciudad y cuando cae la noche, se puede apreciar uno de los atardeceres más bellos de Latinoamérica.

No hay icono más representativo de San Francisco que el Golden Gate, que comunica el norte de la península de San Francisco con el sur de la península de Marín. Aunque hay ciudades estadounidenses con un skyline más notorio, San Francisco no tiene nada que envidiar, puesto que con la mínima luz del final del día la ciudad embellece por horas, al igual que su famoso puente colgante al atardecer.

En la antigua Birmania, aún se siente un halo mágico en cada uno de los más de 2.000 templos de Bagan. Un lugar anclado en el pasado que supone al viajero hacer un viaje en el tiempo. Pero lo que realmente lo hace aún más especial, imborrable para la retina del ojo, son los atardeceres ante estos impresionantes monumentos sagrados.
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