Ahora no podemos visitarlas. Ni contemplar su majestuosidad. Ni escuchar su rugir. Ni empaparnos entre su niebla y su vapor de agua. Pero siguen ahí, desplomando su incesante torrente de agua desde las alturas en un espectáculo increíble. Son las cataratas más bonitas y vertiginosas del mundo. Y el coronavirus, por ahora, nos impide visitarlas.
Pero el confinamiento pasará, igual que el estado de alarma que nos ha obligado a encerrarnos en casa. Los expertos hablan de los escenarios futuros que nos esperan tras la pandemia, de lo que nos aguarda después del encierro, pero ahora mismo el único escenario que vislumbramos es poder salir de casa. Viajar. Visitar algunos de esos 20 destinos increíbles para visitar después de la cuarentena. Desplazarnos a los 40 países más bonitos del mundo. O, pensando en ‘modo cercanías’, salir a la vuelta de la esquina y sentarnos a la mesa de los 14 restaurantes españoles donde se fríen las mejores croquetas. Porque todo lo que queremos es salir.
De momento solo podemos soñar, pero podemos soñar a lo grande. Soñar con visitar las 15 cataratas más bonitas de la naturaleza. ¿Te apuntas a este viaje?
A 46 kilómetros al sur de Madgaon y a 60 al norte de Belgaun, en el estado indio de Goa, el río Mandovi se desploma cuatro veces formando las que son las cataratas más altas de la India, con una altura de 310 metros y una anchura media de 30 metros. Dudhsagar Falls están en el Parque Nacional Mollem, un área de ricos bosques caducifolios con una enorme diversidad biológica. Durante la estación seca no son gran cosa, pero durante la temporada del monzón, cuando las lluvias las alimentan, el espectáculo es sobrecogedor.
No es la catarata más alta. Y tampoco la más espectacular. Pero el salto de agua que forma el río Havasu para desembocar en el río Colorado está entre los más bellos del mundo. Está enclavado en el famosísimo Gran Cañón, dentro del territorio de la tribu Havasupai, y es un imponente chorro que cae a plomo 37 metros hasta desembocar en un gran piscina. El contraste entre la piedra cobriza del Gran Cañón y las azulísimas aguas del Havasu, preñadas de carbonato cálcico, hacen que el espectáculo sea hipnótico. Las cataratas de Havasu no están lejos de otro lugar legendario en Arizona, Antelope Canyon, el destino más mágico de Estados Unidos.

Con más de 70 metros de caída, es una de las más altas de china. La forma el río Baishui, en la provincia china de Guizhou. El salto principal tiene 67 m de alto y 83,3 m de ancho. Debe su nombre a una planta local que abunda en la zona: unos árboles de dan unos frutos amarillos. De hecho, el nombre de esta cascada significa, literalmente, cascada de árboles frutales amarillos.

En medio de una de las selvas tropicales más vírgenes que quedan en el planeta, las cataratas Kaieteur son, según los especialistas, la caída de agua de un solo chorro más alta del mundo. La forma el río Patarus al desplomarse en mitad del Parque Nacional Kietar. Son 226 metros de caída (el doble que las cataratas Victoria y cinco veces más altas que las del Niágara) desde la salida del agua hasta la primera vez que esta toca las rocas y su caudal medio es de 663 metros cúbicos. Y en 2020 están de aniversario: el 24 de abril de 1870, Charles Barrington Brown, uno de los dos geólogos británicos designados como topógrafos de la Corona en la Guayana, se convirtió en el primer europeo en avistar las cataratas Kaieteur. 150 años de nada.

Creadas por la naturaleza en la última glaciación, hace 10.000 años, por el avance de un enorme glaciar sobre el área oriental de Canadá que excavó el suelo y profundizó el cauce de algunos ríos hasta el punto de convertirlos en lagos, las cataratas del río Niágara están entre las más famosas del mundo. Están en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, a unos 236 metros sobre el nivel del mar y comprenden tres saltos: la catarata canadiense (Ontario), la estadounidense (Nueva York) y la catarata Velo de Novia, más pequeña. No tienen una gran altura, pero son muy amplias y con un gran caudal. Su nombre, Niágara, es una palabra de la tribu ongiara que significa «trueno de agua». Son muy populares desde que fueron descubiertas en el siglo XV por los colonizadores europeos, y aún más desde 1953, cuando Marilyn Monroe, el mayor mito de Hollywood, protagonizó la película Niágara. La parte canadiense es más espectacular, pero en el lado estadoundiense, más tranquilo, hay unas escaleras que permiten bajar casi hasta el agua.

Para los turistas que están de paso en Marrakech, estas cascadas son la escapada perfecta después de haber disfrutado de todos los hitos que ofrece y de los dos hoteles más lujosos de la ‘ciudad roja’. Están en la provincia de Tanaghmeilt, a unos 150 km de la ciudad, en la cordillera del Atlas. El paseo por las cataratas, que tienen una altura máxima de 110 metros, es muy bonito y pueden rodearse por ambos lados. Los más intrépidos y acalorados pueden optar por bañarse en el río Ouzoud, con un agua limpísima pero bastante fría. Un consejo para quienes las visiten: los guías suelen recomendar reservar en los restaurantes de arriba, pero son más caros y no tienen las vistas de los de abajo.

Seis kilómetros antes de verter sus aguas en el río Snake, al sureste del estado de Washington, el río Palouse deja una de las estampas más bellas que se pueden visitar en este área de origen basáltico: un salto de agua de algo menos de 60 metros de altura que se zambulle en picado en una piscina natural a partir de la que el Palouse sigue fluyendo hasta encontrarse con el Snake. El espectáculo se completa con otro pequeño salto de solo seis metros de altura, unos 300 metros antes del principal, que anticipa lo que está por venir.

Son 92 cataratas y cascadas y, desde luego, no son espectaculares por su caudal ni por su altura. Pero el conjunto de saltos de agua de la región de Plitvice forman el muestrario más increíble de lagos de Croacia. Son 16 lagos y están interconectados y todos están interconectados por los saltos de agua. En el área, declarada Reserva Natural por la Unesco en 1979, está totalmente prohibido el baño.

Con 979 metros de caída, el Salto Ángel está considerado de forma unánime la catarata más alta del mundo. Está en el Parque Nacional Canaima, en el estado venezolano de Bolívar, cerca de la frontera con Brasil, y desde 1994 es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Y, pese a que pueda parecerlo, el nombre no tiene nada de místico: se llama Salto Ángel en honor al aviador estadounidense Jimmie Angel, que en 1937 sobrevoló la zona en su avioneta y se posó en su cima confirmando la existencia de esta cascada y su ubicación exacta. No fue su descubridor, y ese es un hecho que aún genera cierta polémica entre españoles y venezolanos: mientras los primeros atribuyen el hallazgo al explorador español Fernando de Berrío, los venezolanos consideran que el descubridor fue Félix Cardona Puig, capitán de la armada venezolana. Pero Cardona Puig también había nacido en España, con lo que todo queda en casa.

De los 275 saltos que componen las cataratas de Iguazú, en la frontera entre Argentina y Brasil, la Garganta del Diablo, con sus 80 metros de caída, es el más popular. Tienen 2.700 metros de ancho, 275 caídas diferentes, un caudal de unos 1.500 metros cúbicos por segundo y están catalogadas entre las 7 maravillas naturales del mundo.

El mayor ‘trol’ del mundo está en Islandia y también una de las cascadas más majestuosas del planeta. Tiene un nombre impronunciable, Seljalandsfoss, y los seguidores de Juego de Tronos seguramente la reconozcan porque allí se rodaron algunas de sus escenas, aunque está en las antípodas de Koekohe Beach, otro de los escenarios de la serie. Su salto alcanza los 65 metros de altura y tiene una particularidad que la hace diferente de otras cascadas islandesas: es posible pasar detrás de su cortina de agua a través de un sendero algo resbaladizo. Con ropa impermeable, eso sí. A su izquierda está otro de los tesoros mejor guardados de la costa sur de Islandia: Gljúfrabúi. Es una cascada más pequeña (su salto no llega a 40 metros), pero está oculta en el interior de un cañón que la hace aún más sorprendente.

Sutherland Falls, en la isla sur de Nueva Zelanda, un país que alberga escenarios de fantasía que lo convierten en el nuevo paraíso, es otro de esos espectáculos que merece la pena ver una vez en la vida. Con una caída de agua de 580 metros, durante mucho tiempo se creyó que era la cascada más alta del país, pero ese mérito en realidad le corresponde a la Cascada Browne, que se desploma desde la montaña Doubtful Sound desde una altura de 843 metros. El agua, que se vierte desde el lago Quill al Arthur Valley, cae en tres cascadas: la superior tiene 229 m de alto; la media, 248; y la inferior, 103. Estos saltos se bautizaron así en honor del explorador escocés Donald Sutherland, que estaba buscando una ruta viable entre Milford Sound y el lago Wakatipu cuando, el 10 de noviembre de 1880, las vislumbró a través de los árboles. De su hallazgo para Europa se cumplen 140 años en este 2020.

El río Merced, en su discurrir por el Parque Nacional de Yosemite, tiene dos grandes hitos. El primero es la cascada Nevada, un salto entre enormes rocas de granito que lo hacen desplomarse 181 metros en vertical. La segunda es la cascada Vernal, más pequeña, pero también más accesible. Un sendero asciende hasta bastante cerca de la cascada de manera que los excursionistas se ven envueltos en la niebla y el vapor de agua que genera el salto de agua en su caída. Aunque para verla en toda su majestuosidad es mejor alejarse un poco, hasta Glacier Point. El nombre original de la cascada era Yan-o-pah (‘nube pequeña’) hasta que en 1851 Lafayette Bunnell, miembro de la Brigada Mariposa, decidió rebautizarla como Vernal.

Hace solo tres meses, las cataratas Victoria estaban pasando por uno de sus peores momentos: la sequía había cercenado su incesante flujo de agua (hasta un millón de litros de agua por segundo) hasta dejarlo casi en la mitad. La situación era muy preocupante para este impresionante salto de agua que separa Zambia de Zimbabue, que originalmente se llamó Mosi-Oa-Tunya (‘humo que truena’) y la Unesco ha declarado como Patrimonio de la Humanidad. Pero las últimas lluvias han obrado el milagro: la Autoridad del Río Zambezi, en un comunicado publicacado hace una semana, asegura que los niveles no solo han vuelto a la normalidad, sino que están muy por encima de su promedio. «Los flujos del río Zambezi monitoreados en las Cataratas Victoria han pasado de 349 metros cúbicos a comienzos de enero de 2020 a 3.890 metros cúbicos registrados el 27 de marzo (…). Los flujos ahora están 54% por encima del flujo promedio». El espectáculo vuelve a fluir en las Victoria, las cataratas más grandes del mundo, con una anchura de 1,7 km y una altura de 108 metros. La pena es que nadie pueda estar ahí para verlo.

Las cataratas Ruacana, en el río Kunene, al norte de Namibia y muy cerca de la frontera con Angola están entre las mayores de África. Tienen 120 metros de altura y 700 de anchura en la época de lluvias. Y únicamente en esa época y si las condiciones de pluviosidad lo permiten, porque Angola ha construido una central hidroeléctrica río arriba que las hace casi desaparecer en la estación seca. Solo entre diciembre y marzo, cuando la central hidroeléctrica desagua en época de lluvias, las cascadas se pueden ver en todo su esplendor. Para compensar, Namibia tiene joyas desconocidas y bellísimas como Dead Vlei, el lugar más surrealista del mundo.
