Menorca es una isla mágica y quienes han estado en ella lo saben. Su belleza no tiene límites. Ni su historia. Ni sus playas. Y tampoco su gastronomía (Las seis delicias que debes probar). Por eso miles de personas la visitan cada verano. Este lugar está plagado de lugares de ensueño pero, sobre todo, lo que más te puede llegar a impresionar son sus atardeceres. Aquí te presentamos los 8 mejores… ¡Te enamorarás!
A solo 4 kilómetros de Mahón encontramos los restos de los primeros asentamientos prehistóricos en la isla. Integrado en el entorno natural y en perfecto estado de conservación, el Talatí de Dalt es uno de los poblados talayóticos más emblemáticos de Menorca. El misterio que rodea a los megalitos crece a medida que el sol se va escondiendo.
Arena blanca y fina, agua cristalina, playa virgen rodeada de pinos, fácil acceso… No, no es una descripción de un litoral recóndito del Caribe, sino de este tesoro natural al sur de la isla. Como su nombre indica, el color del mar es el escenario ideal para contemplar al sol despedirse del día. Si se tiene ganas, la torre de vigía Talaia d’Artrutx ofrece unas vistas excepcionales de la costa.

Cuenta la leyenda que el pirata turco Xoroi vivió refugiado durante años en esta gruta natural aupada sobre el acantilado de Cala’n Porter, dando nombre a un lugar idílico. En la actualidad, las terrazas y miradores a distintas alturas lo convierten en un entorno único para apreciar el atardecer. Es un clásico, por lo que hay que llegar con tiempo para coger buen sitio.

Casi 3 kilómetros de largo y 50 metros de ancho son las dimensiones de esta playa, la más extensa de Menorca, que tiene todo lo que necesitamos: paredes rocosas, acantilados, zona dunar, fondo marino para bucear, agua clara, chiringuitos, servicio médico… Y para acabar la jornada, relajarse tranquilamente viendo la caída del sol sobre mar abierto.

Si bien los alrededores no tienen tanto encanto, este faro construido en el cabo del mismo nombre marca el extremo suroeste de Menorca, a menos de 7 km de Ciutatella. Gracias a su ubicación, se pueden disfrutar de increíbles puestas de sol con vistas a la vecina isla de Mallorca. Como curiosidad: está inscrito en el catálogo insular de patrimonio histórico de Menorca.

Al final del paseo marítimo de Ciutadella se encuentra esta fortificación de carácter militar construida a finales del siglo XVIII para defender y vigilar la boca del puerto de la entonces capital de la isla. De elegante arquitectura, su estratégica ubicación permite a los turistas y a los locales disfrutar de la caída del sol desde la torrecilla.

Aunque es una de las mejores zonas de la isla para practicar el buceo, llama la atención por su atractivo paisajístico, la gran cantidad de cuevas prehistóricas y la necrópolis talayótica. El espectáculo llega durante el atardecer, cuando las peculiares rocas van cambiando de color con tonos que van de rojo al ocre pasando por el amarillo y granate.

Es el más famoso de los faros de Menorca, icónicas construcciones muy representativas de la isla. Para acceder hasta él hay que pasar por un auténtico paisaje lunar, con rocas de pizarra negra y escasa vegetación, que lo convierten en un entorno mágico para los viajeros que quieren disfrutar del atardecer junto a esta torre de 28 metros de altura, blanca y con una bandera negra.
