En Ámsterdam se puede encontrar de todo. Sexo y diamantes, arte y marihuana, historia… Y por supuesto tulipanes. Descubre las mil caras de la ciudad de los tulipanes, que siempre se renueva y que en abril, más que nunca, es una gran fiesta.

Por PEDRO ARAGÓN

Atrás queda el invierno. Ámsterdam en abril empieza a revivir a medida que las temperaturas aumentan. Parece como si toda la ciudad se preparara para la gran fiesta con la que el sábado 27 celebrarán el Día del Rey, cumpleaños del actual monarca, Guillermo Alejandro, y fiesta nacional del país.

El soberano pertenece a la Casa de los Orange-Nassau, así que el naranja lo llenará todo en la ciudad de los tulipanes. Y no exageramos al decir todo. Podrás, por ejemplo, brindar con el licor de naranja conocido como oranjebitter o comer los típicos pasteles tompouces, milhojas que ese día aparecen cubiertos por una crema del mismo color.

O sea, que si no quieres desentonar, lo mejor es que vistas alguna prenda naranja y te unas a la alegría y a las celebraciones callejeras, lo que resultará muy fácil. Bastará con que pasees por sus canales y veas las juergas que la gente organiza a bordo de los barcos en la ciudad de los tulipanes.

O que te acerques a Vondelpark, el pulmón verde de la ciudad, donde ese día se organiza un espectacular mercadillo en el que cualquier persona puede vender lo que quiera.

Ámsterdam y sus mil caras

Los monarcas holandeses, Guillermo Alejandro y Máxima, saludan a los ciudadanos que festejan el Día del Rey en las calles de Ámsterdam.

Aunque si de verdad te apetece disfrutar del Vondelpark, lo mejor es que te acerques cualquier otro día que esté más tranquilo y que salga el sol. Date un paseo en bici o camina por sus 47 hectáreas, o visita con tus hijos las zonas infantiles para que se desahoguen y se diviertan un poco después de visitar algún museo. Hay varios restaurantes y cafés, pero quizá resulte más apetecible improvisar un picnic sobre la hierba.

Igual de imprescindible resulta el Bloemenmarkt o Mercado de las Flores, una auténtico despliegue de color y aromas. En abril, además, estamos en plena temporada de tulipanes, uno de los símbolos más conocidos del país… En la ciudad de los tulipanes.

Y si aún te quedas con ganas de ver más plantas o de seguir en contacto con la naturaleza, no te pierdas el Hortus Botanicus, jardín botánico fundado en 1638 y que puede presumir de ser uno de los más antiguos del mundo.

Otras cosas sí que cambian. Como el Barrio Rojo. Desde el próximo 1 de enero estarán prohibidas las visitas guiadas. Lo que antaño fue uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad de los tulipanes, empieza a resultar incómodo.

Las autoridades, y la nueva sensibilidad, consideran poco respetuoso convertir en un espectáculo la prostitución y a las mujeres que se exhiben en los escaparates. Ellas, además, se quejan de la presencia constante de turistas y de cómo eso perjudica su trabajo. Ámsterdam se renueva a marchas forzadas.

En este distrito está también The Bulldog No. 90. Fundado en 1974, es el primer coffe shop de la ciudad. Es decir: el primer establecimiento que empezó a vender marihuana de forma legal. Aunque en esto, como en todo, hay normas: no más de cinco gramos por cabeza –la cantidad máxima que alguien está autorizado a llevar encima sin meterse en líos con la Justicia– y deben consumirse allí mismo o en casa de cada uno, pero no por la calle ni en cualquier otro espacio público.

En Ámsterdam encontramos además el Museo de Sexo, uno de los más visitados de la ciudad. Cada año supera el medio millón de turistas. El récord, sin embargo, lo ostenta el Museo Van Gogh, dedicado por completo a este pintor, y le sigue el Rijksmuseum, otra visita imprescindible, donde mandan Rembrandt o Vermeer.

Más cercana en el tiempo es la historia de Ana Frank, la niña judía que durante dos años vivió escondida junto a su familia huyendo de los nazis. Unos acontecimientos que ella contó en sus famosos diarios y tenemos también la oportunidad de conocer los lugares reales donde se desarrollaron si visitamos La Casa de Ana Frank en la ciudad de los tulipanes.

Tras cruzar una puerta oculta por una estantería, accedemos a las habitaciones secretas en las que ocho personas convivieron hasta su detención y posterior traslado al campo de concentración donde la joven Ana murió a los 15 años. A finales de 2018, concluyó una reforma de las instalaciones que duró dos años. Remozado, su museo, es un básico amsterdamés.


Ámsterdam, en 7 coloresÁmsterdam en 7 colores


No podemos olvidar tampoco los diamantes. Desde el siglo XVI, la ciudad de los tulipanes ha estado vinculada con el comercio de estas piedras preciosas, y en ella encontramos fábricas y talleres que admiten la visita de turistas. Como Gassan o Coster. Allí verás a los artesanos tallando y puliendo estas piedras, así como algunas joyas espectaculares. Y los más afortunados tendrán, como no, la oportunidad de comprarlas.

Mucho más accesibles resultan los quesos holandeses. Pero cuidado, porque su variedad sorprende: Gouda, Edam, Maasdammer, Boerenkaas… Entra en cualquiera de las muchas tiendas especializadas de ciudad y echa un vistazo.

O participa en alguna de las degustaciones que se organizan. Las mejores suelen ser de pago –unos 15 o 20 € por persona–. Y  está el Museo del Queso, donde proponen llevar la experiencia mucho más lejos y hasta podrás acabar disfrazado como un quesero tradicional del país.

Los cerveceros, por su parte, pueden ampliar sus conocimientos sobre esta bebida, y disfrutar de ella, en la antigua fábrica de Heineken. Construida en 1867, en la actualidad se ha convertido casi en un templo.

¿Y el futuro y la modernidad? Para eso hay que alejarse un poco del centro y visitar el barrio de Noord. Hasta allí podemos desplazarnos en un ferry gratuito y lo mismo encontramos edificios de vanguardia, como la torre A’DAM o el Museo del Cine EYE, que zonas residenciales o viejos espacios industriales, como el Muelle NDSM, reconvertidos en centros culturales. Todo, eso sí, muy cool.

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