Brunello Cucinelli, el emperador del ‘cashmere’

Con un mimo exquisito y haciendo gala del humanismo que impregna todo lo que toca, Brunello Cucinelli ha levantado un imperio en el pueblo de Solomeo. Y todo lo ha logrado gracias a sus jerséis de cashmere, en los que despliega el amor por las cosas bien hechas que le ha hecho famoso.

POR BEATRIZ TÁRREGA 

Cuando se tiene el privilegio de escuchar a Brunello Cucinelli hablando de sueños, filosofía, arquitectura, y capitalismo humanitario bajo un cielo que amenaza tormenta pero que repentinamente se abre para dar paso a una de las luces más teatrales de la región italiana de Umbria, acompañada por las campanadas de la iglesia de San Bartolomeo, uno tiene la sensación de que este hombre, nacido hace 65 años en Castel Rigone, Perugia, tiene todo controlado… ¡hasta la lluvia!

«Cuando naces en una familia de campesinos siempre andas mirando al cielo. Así que he hablado con el ‘amigo’ de allí arriba y me ha escuchado, pero me ha hecho prometerle que restauraré otro monasterio», bromea ante 500 periodistas venidos de todo el mundo para admirar la belleza de Solomeo –el pueblo medieval que ha restaurado con respeto y esmero y en cuyo castillo está instalado el cuartel general de la marca–.

Recorrer las modernas instalaciones de 40.000 m2 en las que se ha convertido hoy la fábrica que abrió a principios de los años ochenta y disfrutar de la amplia extensión de terreno en los alrededores: cien hectáreas abiertas a la comunidad, en su mayoría repobladas con viñedos, olivos y frutales, y en las que acaba de inaugurar el Monumento a la Dignidad Humana, una enorme construcción en mármol travertino.


Brunello Ccinelli, el Imperio sostenible del Cashmere 7Scotta 1985: moda masculina y española sin prejuicios

Porque para este empresario humanista, la dignidad y la ética son innegociables. «El sueño de mi vida siempre ha sido trabajar para la dignidad moral y económica del ser humano. No se puede ofender a nadie, la dignidad está por delante del pan, pero el espíritu tiene que comer todos los días, por eso hay que devolver a la tierra su dignidad», afirma. Y no hay duda de que él lo ha hecho.


 «El sueño de mi vida siempre ha sido trabajar para la dignidad moral y económica del ser humano»

Al menos en esta región de Italia, productora de aceite, cereales y vino, y ahora también famosa por las cuidadas prendas cashmere que salen de su fábrica.

Brunello Cucinelli siempre lo tuvo claro: quería hacer dinero, pero no a cualquier precio. Y esta es la filosofía que sigue aplicando a la empresa.

Para diferenciarse de los demás tenía que especializarse en un único producto de calidad. «Voy a hacer pullovers de cashmere», le dijo a su padre. «No sé de qué me hablas, pero hazlo y que Dios te ayude» fue su escueta respuesta.

Cucinelli tuvo la lucidez de apostar por el cahsmere, un material noble, duradero y que sobrevive con dignidad al paso del tiempo y de las modas. «Un jersey de cashmere nunca acaba en la basura –dice–, su calidad y encanto perduran en el tiempo».


 «Un jersey de cashmere nunca acaba en la basura»

Y apostó por el color cuando el cashmere solo se trabajaba en tonos neutros: decidió teñirlo de manera artesanal en colores inusuales para una pequeña colección femenina y terminó aplicándolo también a las prendas masculinas. Este fue el inicio de su éxito, que hoy sigue siendo el sello distintivo de esta casa italiana de lujo.

En 2013 Brunello Cucinelli salió a bolsa y cerró 2017 con un crecimiento del 10,4%  con respecto al ejercicio anterior, con una facturación de 503,6 millones de euros.

Pero a él no le gusta hablar de cifras, ni siquiera cuando le preguntan cuánto ha invertido en restaurar la zona. Prefiere hablar de ética y dignidad. «El capitalismo debe ser contemporáneo –asegura–, reportar beneficios a la comunidad. Hay que ganar, pero también dar».


«El capitalismo debe ser contemporáneo, reportar beneficios a la comunidad. Hay que ganar, pero también dar»

Concede la misma importancia a la belleza y al rigor. Alude con la misma facilidad a los consejos que su padre le daba al arar la tierra («nunca hay que salirse del surco, los surcos derechos son más bellos») que a la filosofía de Goethe o a las enseñanzas de Confucio («tenemos necesidad de creer en los grandes ideales del hombre»).

Y su cabeza está centrada en este momento en encontrar un equilibrio en el uso de las modernas tecnologías.

Pero por encima de todo tiene claro que el lujo eleva el ánimo y que hay que proyectar y vivir como si fuera el último día de nuestra existencia.

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