Gandía-Blasco es un ferviente defensor de la vida al aire libre. Y eso lo ha volcado en el trabajo de su empresa, que diseña muebles y objetos decorativos de exterior. Con el apoyo de diseñadores ‘top’ y la innovación como leitmotiv, ha creado un pequeño imperio.

Por ANA DOMÍNGUEZ SIEMENS

Nadie sabe, ni siquiera él mismo, por qué decidió estudiar Derecho. José Gandía-Blasco nació en una familia de empresarios industriales de Onteniente (Valencia) que en los últimos tiempos se dedicaba a la fabricación de mantas en una empresa fundada por su padre en 1941.

«Pero desde que era niño –asegura Gandía-Blasco– sentía curiosidad por el arte y por todo aquello que tuviera una vertiente creativa. De hecho, mientras estaba en la Universidad, mi cabeza estaba centrada en cómo hacer para retomar el negocio familiar y reconvertirlo en otra cosa más cercana a mis inquietudes personales».

Gandía-Blasco se tiene por un chico de pueblo, pero en su adolescencia descubrió París y, poco a poco, el mundo, con todo lo que eso conlleva en términos del despertar de la mente y afinar la vista y el olfato.

Paradójicamente, fue en Valencia donde se le abrieron los ojos al mundo del diseño, cuando a través de su amigo José Martínez Medina entró en contacto con el grupo de diseñadores de La Nave, que en los años 80 desde Valencia revolucionaron España con aire fresco, talento y mucho entusiasmo. «En ese momento –dice–, supe que esa modernidad era lo que había buscado durante tanto tiempo».

Ya había empezado a trabajar con su padre y había introducido la fabricación de alfombras contemporáneas en el negocio. Lo siguiente era un nuevo logotipo, y así nació ese gato elegante y esbelto que identifica a la marca y que las diseñadoras Sandra Figuerola y Marisa Gallén asociaron a ese cambio de dirección de la marca.

Gandía-Blasco, amante de la vida mediterránea y de Ibiza en particular, encargó su casa de veraneo en la isla en 1996. Una casa blanca como mandan los cánones del lugar, de líneas sencillas y geométricas, sin ninguna decoración superflua, sin ningún gesto gratuito, cercana a lo monacal. Fue entonces cuando descubrió que no existía en el mercado una línea de mobiliario de exterior acorde con su personal gusto minimalista, que encajase sin rechinar en los exteriores de la casa.

Sin pensárselo dos veces diseñó y produjo una colección llamada Na Xemena en honor a la casa, hecha con perfiles de aluminio hueco sacados de la fabricación de ventanas y planchas de polietileno usadas en las carnicerías, una absoluta innovación en ese campo del mobiliario de exterior en el que nadie había usado de este modo dos materiales tan resistentes.

Así introdujo esta nueva actividad en la empresa y el mueble de exterior pasó a ser, además, su seña de identidad, con el aluminio como material estrella, un metal que él valora especialmente por su ligereza, color, frescura y contemporaneidad.

La actual empresa Gandía Blasco S.A, de la que es presidente y director artístico, tiene en este momento tres marcas diferentes: GAN Rugs, dedicada a la fabricación de alfombras y otros elementos textiles como pufs, asientos o camastros, con un perfil muy artesanal y que tiene por directora creativa a la gran Papi Millet, que produce estas piezas en la India con una comunidad de mujeres artesanas; Diabla, una versión joven, fresca y colorista de pequeños muebles, accesorios y complementos de exterior de la que es responsable su hija, también diseñadora, Alejandra Gandía-Blasco; y, por último, GANDIABLASCO, especializada en mobiliario de exterior y cuyo director creativo es Daniel Germani.

Los tres tienen autonomía para decidir sobre sus proyectos, pero con José como supervisor, proponiendo diseñadores o aprobando propuestas, siempre teniendo en cuenta las características particulares de cada marca. Y la nómina de diseñadores y colaboradores es enorme: Patricia Urquiola, Neri&Hu, nendo, Stefan Díez, Fran Silvestre, Front, Hector Serrano o Mario Ruiz. Gente que comparte con Gandía-Blasco la pasión por las cosas bien hechas.

También son muchas las colecciones que ha diseñado él mismo, a las que aplica su ‘mirada cuadrada’ ya que, como dice, «no soy capaz de que me salgan curvas ni queriendo». Muebles atemporales, sobrios, con sentido de la armonía y la proporción.

Son muchas sus colecciones y le es difícil destacar una, pero está orgulloso de su colección DNA, inspirada en el diseño de las persianas mediterráneas, en las que subraya «la geometría de las líneas paralelas a partir de perfiles de aluminio dispuestos de forma horizontal y que reproducen aquel bonito efecto de luces y sombras que han hecho célebres a las persianas», asegura.

En este momento su proyecto nuevo es la creación de otra marca, GB Modular, un sistema constructivo de perfiles de aluminio machihembrado que ha patentado y que le permitirá hacer toda clase de muebles de interior con un único perfil de 10 centímetros.

Muebles que pueden crecer en altura y anchura y adaptarse a las necesidades específicas de cada espacio. Gracias a las últimas pruebas, ha descubierto que este sistema constructivo es también eficaz para los muebles de exterior y ya tiene en camino una nueva tumbona de restringido rigor estético que tiene todas las papeletas para convertirse en un best seller.

Una vez más, la innovación como punto de partida de una marca con la ilusión de ser un estilo de vida. Así se expresa en lo que se llama la Casa Gandía Blasco, situada en el antiguo edificio de la fábrica, que se ha rehabilitado y combina el showroom, las oficinas y la vivienda familiar. Un lugar donde lo público y lo privado se cruzan constantemente y en donde los visitantes tienen la sensación de estar en casa. La hospitalidad, ¡ese rasgo tan mediterráneo!

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