El confinamiento a causa del coronavirus ha convertido nuestros hogares en cárceles y refugios. Durante más de cuarenta días nuestra casa también ha ejercido de oficina para muchos (algunos estudios vaticinan que el teletrabajo se cuadruplicará después de esta crisis), escuela de cocina para otros, gimnasio improvisado para no pocos y ‘plató’ de directos y stories de Instagram o vídeos de Tik Tok, para los más osados.
También nos hemos dado cuenta de lo ‘despistadas’ que andan algunas celebrities pretendiendo que confinarse en una mansión con piscina sea lo mismo que en un bajo interior. Casi tanto como nosotros, que en muchas ocasiones nada sabíamos de nuestros vecinos ni tampoco nos importaba.
Muchas personas han pasado la cuarentena solos en casa, otros apelotonados en 40 metros cuadrados, muchos, en grandes ciudades especialmente, disfrutando apenas de luz natural. Hemos mirado con envidia a los que tenían balcones, aún más a los que contaban con patio o jardín. Nos hemos replanteado eso de ‘volvernos al pueblo’ en esta nueva normalidad que nos asusta un poco.
Nuestras casas, como nosotros, probablemente no vuelvan a ser iguales tras la crisis del coronavirus. Para averiguar cómo pueden cambiar y cambiarnos nuestros hogares, hablamos con Susanna Cots, diseñadora y una de las pocas mujeres invitadas a la 17 Bienal de Arquitectura de Venecia de este año, Ángela Ruiz, docente de Energía y ecología del espacio en el Istituto Europeo di Design (IED) y con algunos expertos de Houzz, una plataforma online de diseño del hogar.
*Foto de apertura: Alfredo Arias/Houzz
«Internet ha permitido cambios en la estética y la decoración del hogar, llevándonos más al modelo europeo y desligándonos del horror vacui más tradicional, de estanterías llenas de figuritas… Es un arma de doble filo, porque muchas veces acabamos en espacios estándar, viviendas piloto copia-pega de Ikea, que no vibran con nuestra forma de ser y de vivir», reflexiona Ángela Ruiz.
La diseñadora Susanna Cots, que defiende un interiorismo que considere los espacios como un todo, también se muestra en contra de la decoración irreflexiva que sigue tendencias: «Sin modas, sin banalidades, espacios que fluyan con lo esencial y que sean más comprometidos con el medio ambiente». Después de pasar tanto tiempo en nuestras viviendas (y ver las de los demás en Instagram) es hora de abrazar este punto de vista: «Seremos más conscientes de las sensaciones que queremos vivir en nuestras casas y las diseñaremos en función de las emociones».
La higiene en los hogares será tan importante que marcará cambios estructurales. En primer lugar, la costumbre de otras culturas de descalzarse antes de entrar en casa puede convertirse en un hábito en España también, y «sin necesidad de grandes espacios porque puede adaptarse al tamaño de la vivienda», aventura Moisés Royo, fundador de Muka Arquitectura en Houzz.
Para este arquitecto los baños empezarán a pensarse de otra manera: «el lavabo, el inodoro, la ducha y la bañera tenderán a separarse para ocupar diferentes partes de la casa». Una opción más higiénica: separa los espacios más funcionales de los más asociados al relax.
*Foto: Baño diseñado por Susanna Cots.

«Estamos trabajando diseños de hogares más conscientes, donde el verdadero lujo es el tiempo», apunta Cots. Ruiz avanza que cada vez hay más interés en lo que ella llama «arquitectura ‘biobonica’» (que cuide al entorno y las personas y sea ‘bonica’, que nos haga sentir bien), algo que ha observado en su estudio de arquitectura, Atipical: «En esta cuarentena nos ha contactado mucha gente que quiere no solo vivir de forma más sostenible, sino preparar su vivienda para ser autónomos y autosuficientes: paneles solares y sistemas de reciclaje de agua, mejorar la bioclimática de la casa…».

«Hay entornos promotores de vidas saludables y felices y, en consecuencia, hay que crear espacios que busquen la activación de estas respuestas mediante percepciones lumínicas, visuales y olfativas», explica la interiorista Susanna Cots. Algo que la arquitecta Ángela Ruiz subraya: «No nos enseñan a diseñar y construir considerando las capas más invisibles».
Hace hincapié en prestar atención tanto a las instalaciones eléctricas no biocompatibles que abundan en nuestros hogares como a los materiales sintéticos con los que decoramos: la pintura plástica, que nos aboca a vivir en una «casa tupperware», la tarima, la iluminación LED que, con sus intermitencias invisibles al ojo pero no al cerebro afecta a nuestro hipotálamo… «A pesar de que todo sea bello y de diseño», nos recuerda.

Trabajar, hacer deporte, cocinar más… Nuestros hogares van a ser más que el sofá donde vemos Netflix y la habitación donde dormimos (poco). Por ello, Cots apuesta por «pensar en viviendas donde cada espacio no tiene solo una función, sino que es un espacio dinámico que tiene varios usos durante el día, siempre buscando un confort visual».
De hecho, para la docente del IED, Ángela Ruiz, «la compartimentación excesiva de espacios, con la falsa concepción de que una casa con más habitaciones se venderá más cara» es uno de los errores más frecuentes que se cometen en la planificación de las viviendas.

«El cambio más evidente es que buscaremos vivir en casas más amplias (que no necesariamente significa con más metros cuadrados), sino de configuración y morfología más expandida, con más espacios conectados con el exterior, más terrazas quizá, o dejar la ciudad», aventura Ruiz, que recuerda que esta sensación de amplitud no solo la da el tamaño, sino también «la luz natural, el confort térmico, acústico y lumínico, la configuración y la altura de techo…», además de los aspectos intangibles que antes explicábamos.
La carencia de iluminación natural de muchos pisos se ha hecho más patente que nunca durante esta cuarentena. Más allá de cambios de regulación sobre balcones y ventanas, Cots explica cómo maximizar la luminosidad: «La clave, sin duda, es el color blanco, el color de la calma y la serenidad y, sobre todo, de la luz». Las cubiertas de los edificios se convertirán en espacio de recreo para las comunidades de vecinos. Especialmente en grandes urbes con calles estrechas, aventuran desde Houzz, para garantizar de este modo horas de sol y aire libre.

Para Susanna Cots el éxito de una casa es reflejar la personalidad de quien vive en ella. «Integrar tu manera de ser y potenciarla con mucha naturaleza, materiales nobles y de calidad, y una buena iluminación» es para ella esencial. Ángela Ruiz abunda en esta idea: «Nuestra casa debe ser nuestro hogar. Y recalco ambas palabras: “nuestro” por ser personalizado, y “hogar” por ser el lugar que sentimos como nuestro, el lugar que nos permita tener placer, disfrute o productividad sin saturarnos, que nos potencie como personas. Un hogar con alma, con energía y que permita la vida». Y Gonzalo Pardo, director de Gon Architects en Houzz, remata: «Los espacios domésticos deberán ser más lúdicos, ociosos y hedonistas».
