«A un ‘gentleman’ se le reconoce tanto si lleva una camiseta como si va embutido en un traje»
Se define como «empresario, modelo y plantador de árboles». Y en las tres cosas ha triunfado Fernando Ojeda. Como empresario de la noche, sus clubes han marcado el ritmo de las madrugadas madrileñas. El mítico Nells causaba furor hace unos años con su mezcla de rock&roll y electrónica, y el actual Gunilla reúne a la gente guapa de la capital. Como modelo empezó tarde, hace un par de años, pero en su currículum ya figuran marcas como Montblanc, Intimissimi, Ralph Lauren, Florentino o Dockers. Y eso sin contar los más de 73.000 seguidores que acumula en Instagram. Su última aventura es Reforest Project, una organización sin ánimo de lucro con la que se ha propuesto repoblar de árboles el mundo y que ha puesto en marcha con la ayuda de Montblanc. Ya ha plantado cerca de un millar de árboles y tiene previsto plantar muchos más durante los próximos meses. Y todo lo compagina con la labor de padre de dos niñas pequeñas. Quedamos con Fernando Ojeda en un céntrico hotel madrileño. Por la mañana se ha sometido a la sesión de fotos en Gunilla. Todo ha ido sobre ruedas.
¿Te sientes cómodo en las sesiones fotográficas?
Curiosamente, me siento muy cómodo. En mi caso ha sido algo espontáneo y natural. Empecé a modelar con 37 y el año que viene hago 40. Ha sido un corto espacio de tiempo, pero creo que se me ve natural porque no tengo miedo a la cámara y, quizá, porque trabajo con poca presión. El mundo de la moda empezó como un hobby y trabajar con marcas sigue siendo divertido.
¿Cómo surgió lo de ser modelo?
Fue casualidad. Un scouter de Barcelona me vio y me dijo que por qué no me arrancaba a modelar, que querían representarme. Empecé a hacer un par de trabajitos y al final la cosa se puso tan intensa que renuncié al puesto de director comercial de mi empresa para quedar solo como inversor. Sigo participando en ella, pero de una forma más relajada. Además, cuando me lanzaron la propuesta estaba empezando a formar una familia. Tengo dos hijas. El trabajo de modelo me ha ayudado a seguir con mis labores de padre y no estar tan machacado. La noche es un negocio que requiere mucha energía.
Y no marida bien con cambiar pañales…
No marida porque cuando trasnochas dos o tres veces a la semana tu energía se ve muy reducida. Los niños están al lloro y al pañal y hay que atenderles. No hay lugar para el cansancio de papá.
¿Habría sido diferente si hubieras empezado tu carrera como modelo a los 20?
Yo pensaba que empezar tan tarde era un contra, pero resulta que es un pro. A las marcas y las agencias les gusta una new face y suelen encontrarla en chicos de veinte años, pero es raro en un cuarentón. Sin embargo, aceptan muy bien los perfiles que han llegado a los cuarenta y su imagen se adecúa a sus demandas.
Tu esposa también es modelo. ¿Te has dejado aconsejar por ella?
Por supuesto. Ella es el 90% de mi carrera profesional. Me apoyó desde el primer minuto y fue la primera que creyó en mí. También me ha transmitido mucha sabiduría para desenvolverme en este mundo y me ha aconsejado que cambie el chip: he pasado de empresario a modelo, estoy trabajando para otra persona y tengo que reservarme mi opinión. Al principio llegaba a los shootings y me ponía a dar órdenes a todo el mundo.
¿Qué significa para ti la palabra gentleman? Te asocian mucho con ella.
Va ligada a la seguridad y al amor propio. Cuando tienes seguridad en tí mismo transmites elegancia, te conviertes en un gentleman porque eres una persona gentil y esa gentileza viene del amor, de la seguridad, de la capacidad de vivir en paz. A un gentleman se le puede reconocer en camiseta o embutido en un traje, pero una persona en un traje que no es segura de sí misma no transmite gentileza ni elegancia, ni es un gentleman.
Tu tío abuelo fue el aristócrata Jaime de Mora y Aragón. Todo un gentleman…
Sí, el tío Jimmy… Era un gentleman, un showman, un icono. Me encanta hablar de él porque le devuelvo a la vida. La época en la que él vivió era muy difícil. En los años 60 y 70 el lujo no estaba bien visto. La austeridad franquista era el patrón que cortaba la sociedad. Pero fue un valiente. Él y cuatro iluminados más hicieron en Marbella una ciudad al margen del franquismo, una especie de pequeña Suiza en la que de repente todo valía. Creo que nadie es consciente de la valentía que tuvieron esas personas para decir: «Me encanta mi vida y voy a ser un excéntrico». Ellos crearon el primer hot point del país en el que empezó a desarrollarse el turismo de lujo. Por supuesto, en todo ello iba implícita la elegancia, el lifestyle. Era lo que todo el mundo quería, pero nadie lo podía hacer, ni siquiera los que tenían dinero, porque estaba mal visto. Por eso fue también muy criticado, odiado y envidiado.
«Mi tío abuelo, Jaime de Mora, era un ‘gentleman’, un ‘showman’, un icono»
Uno de tus clubes se llama Gunilla. ¿Se lo pusiste en honor a Gunilla Von Bismarck? Fue amiga de tu tío abuelo y una de las caras más visibles de aquella Marbella…
Sí, es un homenaje a ella. Cuando estábamos pensando un nombre para la discoteca, lo primero que se nos vino a la mente fue algo en torno al tío Jimmy, porque resulta que en el número 16 de la calle de Recoletos, donde está Gunilla, se ubicaba el teatro de bolsillo en el que él actuaba. Sin embargo, hay un club famosísimo en Montecarlo con el nombre de Jimmy’z. Fui hasta Mónaco y les conté la historia, pero me dijeron que no, que Jimmy’z solo hay uno en el mundo y así seguiría siendo. Así que pensé en un nombre femenino que fuera su homólogo de aquellos años y el que salió a la palestra fue el de Gunilla Von Bismarck.
¿Cuándo empiezas a interesarte por la reforestación?
Cuando empecé a dimensionar mi figura como modelo, pasé también a ser un prescriptor y entendí que tenía un amplio campo de influencia. Así que, aparte de temas como el lifestyle y la elegancia, también quería transmitir valores relacionados con la conciencia con el planeta porque me encanta la naturaleza. Así que me pareció interesante crear una asociación para plantar árboles. Este último año, casi todo mi tiempo lo he invertido en la asociación. Y también dinero. Lo he disfrutado como un niño porque por primera vez he empleado mis conocimientos en desarrollar una empresa sin ánimo de lucro, y gracias a ello he dado rienda suelta a mi creatividad sin preocuparme de si los números salían o no.
Habéis hecho ya tres plantaciones, lo que supone unos mil árboles. ¿Cuáles son los siguientes pasos a seguir?
El 26 de octubre tenemos una plantación en Colmenar Viejo. Ahí plantaremos unos 600 árboles, y luego tengo un montón de ayuntamientos en la parrilla de salida. Nos estamos coordinando con los técnicos de Medio Ambiente. También nos ha contactado una empresa que ha conseguido este año 117.000 clientes y quiere plantar el mismo número de árboles.
¿En qué momento se une Montblanc al proyecto?
Fue la primera marca que creyó en esta faceta mía. Yo soy modelo y embajador de Montblanc y en un viaje a Canarias se lo transmití. Me dijeron que les parecía muy interesante y que de las marcas con las que trabajaba, Montblanc era la que me podía ayudar a cumplir ese sueño. Y dicho y hecho. Al poco tiempo tenía la aprobación de internacional y puse en marcha la asociación.
¿Siempre has sido un emprendedor?
Desde que tengo 16 años. No tenía capacidad de concentración. Era un desastre estudiando. Mi cabeza estaba todo el tiempo dando vueltas, pensando en cosas lucrativas, no lucrativas, desastrosas, magníficas…
Y con 16 años te lanzaste…
Sí. Mi primer negocio fue comerciar con caracoles [risas]. Por aquel entonces me enviaban fuera a estudiar, castigado, porque no había manera. Yo viajaba siempre en tren porque mi padre trabajaba en Renfe. Y en uno de esos viajes a Francia había un bosque lleno de caracoles enormes, de Borgoña. Me informé de cuánto costaba el caracol en Mercamadrid y era muy caro…
¿Qué ocurrió?
Recolecté mil caracoles. Los iba almacenando en una especie de granja y el último día hice todo mi packaging para meterlo en el tren. Viajaba de noche en un coche-cama y cometí el error de meter los caracoles en una caja de cartón. A las tres de la mañana me desperté y la baba había volatilizado la caja. Tenía mil caracoles en mi compartimento de un metro cuadrado. ¡Imagínate! Caía baba del techo como si fuera la película de los Cazafantasmas. Llegué a Madrid, tuve que hacer hatillos con las sábanas y los caracoles, pero lo había conseguido. A mi padre, que era un hombre muy serio y además trabajaba en la Renfe, imagínate cómo le sentó la historia. Luego se rió mucho al ver esa iniciativa que había tenido, esa mente llena de pájaros.
Y desde entonces no has parado.
He trabajado como camarero, monté un casino online, una marca de ropa, restaurantes, luego vinieron las discotecas… Siempre he ideado cosas. Pero Reforest Project, que saca mi parte más creativa y tiene un fin más bonito, es la que más estoy disfrutando.
La tradición familiar te hubiese llevado por otros derroteros…
Imagínate, soy el pequeño de cinco abogados. Y mi padre, por tradición, militar e ingeniero. Todas profesiones muy típicas. Por eso yo, desde pequeño, fui la oveja negra. Ahora ya no. Cuando cumples años, ven que tu profesión es respetable y cuando formas una familia dejas de ser la oveja negra. Pero siempre he sido el diferente.
«Soy el pequeño de cinco abogados. Desde niño fui la oveja negra de la familia»
¿Cuál es el origen de tus tatuajes? Veo que tienes muchos y todos son muy diferentes…
Todos tienen un sentido y todos son marcas que me ayudan a acordarme de las cosas.
¿Como el protagonista de la película Memento?
Exactamente. Vivo tanto el presente que intento estar siempre con el cerebro apagado para disfrutar de lo que vivo en cada momento, así no estoy todo el rato recordando cosas pasadas ni imaginando cosas futuras. Para eso sirven mis tatuajes. Plasman en la piel lo que quiero recordar sin tener que estar todo el día dándole al play [Empieza a enumerar sus tatuajes]. Me he tatuado mis viajes, mi Tailandia, mi hija, mis ancestros de Escocia… Todavía me tengo que hacer un tatuaje para mi otra hija. Son mis cosas, los detalles que me gustan. Los tengo en la piel y simplemente con una mirada los siento por dentro sin tener que estar todo el rato recordándolos.
¿Qué otros proyectos tienes en mente?
Plantar muchos más árboles. Ahora estoy en plena reinvención personal, no sé muy bien adónde voy, pero tampoco me preocupa. Me gusta que la vida me sorprenda, ir subiéndome a los trenes de una forma espontánea. Ahora mismo acabo de coger uno y estoy viendo hacia dónde me lleva.
No me digas que estás teniendo la crisis de los 40.
Para nada. La pasé a los 30 y me pegó fuerte. Tuve una crisis existencial importante, ansiedad y estuve un tiempo bastante decaído, pero me sirvió para conocer mis debilidades. Siempre me he considerado fuerte y valiente, pero de pronto el espejo me devolvió una cobardía que tengo, que todos tenemos, y que es importante aceptarla. Una vez que la has visto no debes achantarte y tienes que decir: vale, este también soy yo. Vamos juntos y a seguir adelante
Blazer de terciopelo burdeos y pantalón negro de esmoquin, de Hackett; camisa y corbata de punto, de Boss; y reloj Star 4810, de Montblanc.
Camisa blanca y pantalón ancho de esmoquin, de Giorgio Armani; y reloj Star 4810, de Montblanc.
