Los premios World’s Best Vineyards, que reconocen cada año a las 50 mejores bodegas del mundo, ya han dictado sentencia. Y han señalado que entre ese medio centenar hay cuatro bodegas españolas que están a la cabeza de las principales productoras vitivinícolas del mundo. Son todas las que están, pero no están todas las que son, porque si de algo puede presumir España es de tener algunos de los mejores vinos del mundo y unas bodegas punteras siempre a la vanguardia de la tecnificación y del enoturismo. Entre ellas están las punterísimas bodegas de Rioja, las rutas del vino de Galicia, con paradas obligadas en sus bodegas más destacadas; el Somontano, una de las joyas vinícolas más desconocidas de Aragón; o la Ribera de Duero, donde lo difícil es no encontrar un plan donde el vino tenga un papel fundamental. Pero los galardones World’s Best Vineyards, entre las 50 mejores bodegas del mundo, han elegido ‘solo’ cuatro españolas. Estas son:
Ubicada en Briones, en la Rioja Alta, la bodega Dinastía Vivanco, se ha convertido en uno de los mayores reclamos enoturísticos de toda España. Aparte de las bodegas, desde las que se tienen unas impresionantes vistas de los viñedos, el principal reclamo es el Museo de la Cultura del Vino, uno de los mejores del mundo. El museo está ubicado en cuatro plantas que explican la historia y el proceso de elaboración de los vinos y se complementa con una impresionante colección de obras de artistas como Picasso, Juan Gris y Andy Warhol. Otro de sus reclamos está en el exterior, en el llamado Jardín de Baco, donde hay una peculiar biblioteca con más de 220 variedades de uva de todo el mundo.
En el centro histórico de Jerez de la Frontera se levanta este complejo de bodegas que dan fe de la tradición vitivinícola de la familia González Byass, que se remonta a 1835, cuando se fundó la bodega original. En barriles oscurecidos por la luz y el paso el tiempo, y apilados de suelo a techo, sobre el albero que tapiza su suelo, se guardan algunos de los mejores aguardientes del planeta, que dan lugar a los vinos de Jerez. Cinco generaciones han pasado por aquí desde su fundación, engrandeciendo el legado vinícola y arquitectónico de la bodega. El último ladrillo de esta obra es el Hotel Bodega Tío Pepe, recién inaugurado y que está considerado el primer ‘sherry hotel’ del mundo. El hotel-boutique, con restaurantes, espacios para reuniones y 27 habitaciones, está en el mismo complejo de las bodegas y se levanta en el espacio que hasta hace poco ocupaban las cuatro casas que eran el hogar de los trabajadores de la bodega. En la terreza superior, con vistas al Alcázar y a la Catedral, una piscina con solárium, zona chill-out y bar-restaurante remata el conjunto.

A una hora de Barcelona, en Pacs de Penedès, se encuentra esta impresionante bodega minimalista que pertenece al imperio de la familia Torres. La bodega Waltraud, diseñada por el arquitecto Javier Barba, se integra en armonía con el resto de las instalaciones y es el lugar ideal para la vinificación y crianza de los vinos de finca de la familia Torres. La oscuridad de sus salas de crianza y el silencio son el entorno ideal para el reposo y su lenta evolución en el roble y en la botella. Arriba, fuera de las cavas, el restaurante Jardí El Celleret ofrece la experiencia completa de maridar los vinos de sus bodegas con la mejor gastronomía: una inmersión en la diversidad y riqueza del paisaje catalán y también en su impecable cocina.

Que el aspecto futurista de la bodega actual no le lleve a engaño: en ente mismo punto de la Rioja Alavesa se levanta desde 1858 la bodega original de Marqués de Riscal, la más antigua de La Rioja. De ahí ha partido uno de los mayores proyectos de enoturismo españoles: la Ciudad del Vino. Este megacomplejo, en la localidad de Elciego, incluye las bodegas primarias, las más modernas, los viñedos y un conjunto de ocio en el que se enmarca el Hotel Marqués de Riscal, un emblemático edificio diseñado por el arquitecto canadiense Frank Gehry e inaugurado en 2006 por el rey Juan Carlos I.
