Uno por cada provincia: Soria, Segovia, Ávila, Zamora, Palencia, Teruel, Huesca, Guadalajara, Cuenca y Cáceres. Quizá no sean los más representativos, pero sí son, a nuestro juicio, los 10 pueblos más bonitos de la ‘España vaciada’.
En un verano en el que, por culpa del estado de alarma y el confinamiento a causa del COVID-19, no tenemos claro si es seguro volar en avión, si podremos alojarnos en Paradores, que abre sus establecimientos el 25 de junio, o en alguno de los mejores hoteles de España, lo que sí es seguro es que, al menos, podremos ir de visita a pueblos deshabitados para pasar el verano,
…O ir a Galicia, uno de los destinos favoritos de los españoles para el verano 2020, o visitar los arenales de Formentera, las primeras playas de España en abrirse al baño. Es lo que tiene la nueva normalidad. Pero nosotros te proponemos una opción más: visitar, en una excursión de un día, la ‘España vaciada’ y sus pueblos más bonitos. ¿Te apuntas?
En la cacereña mancomunidad de Campo Arañuelo, la pequeña localidad de Belvís de Monroy, que hoy cuenta con 700 habitantes, nació en la Edad Media como consecuencia de la Reconquista cristiana del norte de Extremadura. Hoy tiene toda la paz del mundo y un buen número de pequeños monumentos que la hacen única: el Rollo, en mitad de la plaza; el convento de San Francisco, la ermita de Nuestra Señora del Berrocal, la iglesia de Santiago Apóstol… Pero por encima de todos ellos destaca su castillo medieval, del siglo XIII, encaramado en un cerro cercano y que fue levantado por la Orden de los Caballeros Calatravos. El uso militar de sus orígenes dio paso en el siglo XVI a un uso palaciego. Hoy, deshabitado, se pueden visitar, además de su sobresaliente torre, diversas construcciones en torno a su hermoso patio de armas con arquerías y losas de cerámica en el pavimento.
Ni el incendio de su castillo en 1660 durante la visita del monarca Felipe IV ni el saqueo de la villa por parte de las tropas napoleónicas en 1811, que incendiaron el palacio del Marqués, varias casas señoriales y saquearon la colegiata de Santa María pudieron acabar con toda la belleza que atesora esta villa soriana en la que hoy viven 800 vecinos. Que es mucha y que el 5 de junio de 1981 le valieron para ser declarada Conjunto Histórico Artístico. Por encima de sus casas señoriales medievales, de su vieja aljama (el barrio judío), de su muralla y de su arquitectura religiosa está, en lo alto de un cerro, el castillo de Berlanga de Duero, el símbolo más representativo de la villa. De origen islámico como fortaleza de frontera del Duero, hoy se pueden observar dos recintos: un castillo señorial del siglo XV levantado en tiempos de Luis Tovar y una fortaleza artillera, promovida por María de Tovar, construida entre los años 1522 y 1527 por el Maestro Lope de Isturizaga. A sus pies están los restos de la muralla, mandada levantar por Alfonso I en el siglo XII y que en el siglo XIV se reacondicionó con una nueva muralla tapial.

Desde la localidad segoviana de Riaza parten tres rutas hacia tres tipos de pueblos que se engloban bajo un solo nombre: la Ruta del Color. Unos son los pueblos amarillos, pedanías como Alquité y Martín Muñoz de Ayllón que se caracterizan por este tono debido a las cuarcitas empleadas en la construcción de sus muros. Otros, los pueblos negros (Serracín, El Negredo y El Muyo), emparentados con los de la vecina provincia de Guadalajara, con una arquitectura característica por el uso de la pizarra. Y los últimos son los pueblos rojos, denominados así por el sustrato rojo de las tierras de la Sierra de Ayllón que fueron utilizadas en las construcciones. Uno de los principales representantes estos pueblos rojos segovianos es Madriguera. Apenas tiene tres decenas de vecinos y su especial atractivo radica en el uso de la arcilla y la piedra roja de la zona en sus construcción, dando al conjunto ese llamativo color. Los trabajos de restauración llevados a cabo en las últimas décadas han permitido una conservación del pueblo casi de postal.

En el Maestrazgo turolense, una comarca cuajada de pequeñas localidades fortificadas con un destacado patrimonio religioso se levanta este conjunto histórico cuya restauración le valió a sus 135 vecinos el Premio Europa Nostra. Amurallado y de pasado templario, sus joyas son los portales de su muralla, el Torreón de las Monjas y algunos grandes palacios señoriales.

Las guías de viaje dicen que en este pueblo de mil habitantes a 70 kilómetros de Ávila hay que visitar la iglesia de San Juan Bautista, sus casonas señoriales tachonadas con nobilísimos escudos y el rollo jurisdiccional situado a la entrada de la villa, junto a la calzada romana. Y, por supuesto, el castillo de los Duques de Alburquerque, construido a mediados del siglo XV y que se puede visitar solicitando cita previa en el teléfono 659 272 408.

Roda de Isábena, un pueblo medieval tapizado por pasadizos y murallas, tiene 280 vecinos y una hermosa catedral, la de San Vicente de Roda. Esta seo, del siglo XI, es la más antigua de Aragón y la más pequeña de España. Pero hace que Roda de Isábena sea también el pueblo más pequeño de nuestro país con una catedral. De tosco aspecto en su interior alberga un bellísimo claustro medieval.

La capital de la comarca zamorana conocida como Tierra de Tábara, con poco más de 700 vecinos. Su mayor joya es su iglesia románica, declarada Bien de Interés Cultural en 1931 y célebre sobre todo por su torre. En este pueblo, habitado desde el siglo VII estuvo asentado el famoso monasterio, dedicado a San Salvador, fundado por San Froilán a finales del siglo IX. En él, según las crónicas, llegaron a reunirse seiscientos monjes de ambos sexos, y de él salió también el afamado beato mozárabe que lleva el nombre del lugar. Su extensa historia ha dejado en el pueblo un buen puñado de joyas, como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (conocida como el Convento), la ermita del barrio de san Lorenzo, que aún conserva la espadaña de manpostería de piedra; el santuario de san Mamés, una decena de yacimientos arqueológicos cercanos y, sobre todo, su casco urbano, el mejor ejemplo de arquitectura civil de la comarca.

El nombre de esta localidad conquense remite irremediablemente a su monasterio, uno de los más importantes de España y al que se denomina, popularmente, el Escorial de La Mancha. Pero la villa de Uclés, con apenas 220 vecinos, tiene muchos otros lugares de interés. El casco urbano está condicionado por la suave pendiente del cerro en el que está asentado y que corona un monumental castillo de origen árabe reforzado después de la Reconquista. De la antigua fortaleza solo quedan tres torres un lienzo de muralla y la Puerta del Agua o Arco de la Fuente. Uclés también atesora casas solariegas como las de Pareja y Cedillo, la casa-palacio de los Torre o la de Fernández y Contreras. El antiguo Pósito o el Ayuntamiento también sobresalen dentro de la arquitectura civil y la antigua fuente de los Cinco Caños, frente a la Puerta del Agua, ha sido desde hace siglos el lugar tradicional de reunión en Uclés.

Cuando los peregrinos que realizan el Camino de Santiago llega al pequeño pueblo palentino de Villalcázar de Sirga, de poco más de 150 habitantes y a medio camino entre Frómista y Carrión de los Condes, todas las miradas se concentran en la iglesia de Santa María la Blanca. De traza románica con elementos góticos, Alfonso X el Sabio ya la nombraba en sus Cantigas, atribuyéndole propiedades milagrosas. Decía que los peregrinos que no sanaban en Compostela repetían sus rezos a la Virgen Blanca de Villasirga y esta sí atendía sus plegarias curándolos. El templo, magnífico en medio del sobrio campo castellano, fue una de las 28 encomiendas que la Orden del Temple tuvo en la Corona de Castilla a principios del siglo XIV. En el interior de la iglesia de conservan algunos sepulcros de interés como el de don Felipe, hermano de Alfonso X el Sabio, y su segunda esposa, Inés Rodríguez Girón, o el del caballero de la Orden de Santiago don Juan de Pereira, en la capilla donde se guarda la imagen de la Virgen de las Cantigas.

Antes incluso de que se acuñase el término ‘España vaciada’, Zorita de los Canes y sus localidades vecinas ya se habían ganado el privilegio de ser su capital in pectore. Su pequeño tamaño, sus óptimas condiciones orográficas, la cercanía del río Tajo y la escasa densidad de población convirtieron la zona en el lugar ideal para instalar, en 1968, la primera central nuclear de España. Hoy, en pleno desmantelamiento tras agotar su vida útil, la tranquilidad se ha vuelto a instalar en la comarca. Zorita de los Canes, situada en una curva del río, tiene su origen en la ciudad visigoda de Recópolis fundada por Leovigildo en el Cerro de la Oliva. Hoy son el Parque Arqueológico Recópolis, situado allí mismo, y su castillo, que sombrea el pueblo encaramado sobre una roca, sus dos hitos más destacados.
