El Museo Nacional del Prado es uno de los más importantes del mundo. La institución que hoy conocemos pasó por muchas etapas: Inicialmente se llamaba Museo Real de Pinturas y fue inaugurado en 1819, tras un largo proyecto esbozado ya en tiempos de Carlos IV. Actualmente, acoge 8.000 pinturas y muchos otros valiosos objetos de exposición.
Se trata de uno de los rincones más especiales de la capital española: Uno de los mejores planes que se pueden hacer en Madrid es sin duda perderse por sus salas. En ellas el tiempo se para y podemos vivir un viaje a momentos clave de la historia. Sin embargo, son muchísimas las obras que podemos ver y limitado nuestro tiempo. Por ello, el propio museo ha decidido hacer una selección de las creaciones más importantes y destacadas que podemos ver en una hora en el museo. Para que hagas el recorrido con nosotros, te contamos cuáles son las 15 obras más destacables del Museo del Prado.
La primera parada de este recorrido por el Museo del Prado es El tres de mayo de 1808 en Madrid, también llamado Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío del pintor español Francisco de Goya. Este cuadro fue terminado en 1814. La intención que tenía Goya con esta pintura era reflejar la lucha del pueblo español contra la dominación francesa tras el levantamiento del dos de mayo, al inicio de la Guerra de la Independencia española. De hecho, este cuadro tiene que ir en combinación con otro: El dos de mayo de 1808 en Madrid, también llamado La carga de los mamelucos. Lo puedes encontrar en la sala 64.
La Crucifixión (elaborada entre 1509 – 1519) es una obra de Juan de Flandes, pintor flamenco que trabajó al servicio de Isabel la Católica. Este cuadro habría sido destinado para el retablo mayor de la catedral de Palencia, una de las ciudades en la que Juan de Flandes estuvo activo tras la muerte de la reina. Esta pintura habría sido encargo del obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Estuvo en la catedral hasta 1944 cuando fue adquirida por Manuel Arburúa, quién la tuvo hasta 2005. Entonces, el grupo constructor español Ferrovial la compró, para después entregarla al Museo del Prado, donde se encuentra a día de hoy, concretamente en la sala 055B.

La Anunciación: Se trata de un retablo realizado por el pintor del Renacimiento Fra Angélico, sobrenombre de Guido di Pietro da Mugello. Esta obra se habría hecho entre los años 1425 y 1426. En su origen, fue pintada en temple sobre tabla para la iglesia del convento de Santo Domingo de Fiesole, en Italia. La obra cambió sucesivas veces de mano: Los frailes la vendieron en 1611 a Mario Farnese; después, este príncipe la enviaba como regalo a Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma, valido del rey Felipe III; más tarde, fue enviada al Convento de las Descalzas Reales de Madrid. Allí lo descubrió el pintor Federico Madrazo, director del Museo del Prado de 1860 a 1868 y de 1881 a 1894. Este consiguió que el rey consorte don Francisco de Asís se interesara por la obra. Finalmente, fue enviada como donación real el 16 de julio de 1861 al Museo de Prado. Allí se encuentra desde entonces, en la sala 56B.

Continuando con este recorrido, es necesario pararse ante una majestuosa obra que encontramos en la sala 49: El Cardenal (1510 – 1511). Se trata de una obra de Rafael Sanzio, reconocido como uno de los más grandes artistas del alto renacimiento en Italia. Lo que más llama la atención de este cuadro es la capacidad que ha tenido el artista para fijar la imagen definitiva y universal de un cardenal del Renacimiento.

Otra de las obras más destacadas que posee el Museo del Prado es El Descendimiento (sala 58). Se trata de una obra que se pintó para la capilla de Nuestra Señora Extramuros de Lovaina (Bélgica), que fue fundada en el siglo XIV por el gremio de ballesteros, posteriormente vendida en 1798 y demolida poco después. La obra es un óleo sobre tabla (mide 220 cm de alto por 262 por ancho), pintado probablemente hacia 1435. Esta creación recaló en el museo por razones de seguridad: Antes la obra se encontraba en el monasterio del Escorial, sin embargo, cuando estalló la Guerra Civil española en 1936 el gobierno republicano decidió trasladar la pintura original al Museo del Prado.

El jardín de las delicias es una de las obras más famosas del museo. Se encuentra en la sala 56A. Es creación del pintor neerlandés Jheronimus Bosch, conocido también como el Bosco. El cuadro es un tríptico pintado al óleo sobre tabla de 220 × 389 cm: Se compone de una tabla central de 220 cm × 195 cm y dos laterales (en sus dos lados) de 220 cm × 97 cm cada una. No está muy clara la fecha de su composición: Algunas la sitúan en la época juvenil del Bosco (1485); otros en torno al año 1503; otras fuentes hablan de hacia 1510, y otras la emplazan al final de la actividad del Bosco, entre 1514 y 1515.

El Autorretrato es una de las obras más conocidas del pintor alemán Alberto Durero (Albrecht Dürer), el máximo representante del Renacimiento en Alemania. Esta obra la pintó en 1498, un año trascendental para su carrera. Se trata de un óleo sobre tabla, que mide 52 cm de alto y 41 cm de ancho, siendo así el más pequeño de sus autorretratos pintados. La creación se encuentra situada en la sala 55B.

La siguiente parada es en la sala 71 para ver la Ofrenda de Orestes y Pílades, una de las obras más importantes y más antiguas del museo. Se trata de un grupo escultórico romano, de la escuela de Pasiteles, que fue esculpido en mármol blanco de Carrara y data de en torno al año 10 a. C. Esta escultura se encontraba antes en la Colección Real española. Fue Felipe V quién la colocó en una sala de la planta baja del Palacio Real de La Granja (conocida como la Granja de San Ildefonso de ahí que la escultura también se conozca como Grupo de San Ildefonso).

Pasamos a otra de las obras más importantes: En la sala 8B, El caballero de la mano en el pecho es uno de los más famosos retratos creados por El Greco. Como es bien sabido, el pintor se estableció en 1577 en Toledo y a partir de entonces allí pasó toda su vida. Por eso, se considera uno de los retratos españoles más conocidos en el mundo. Este óleo sobre lienzo habría sido pintado entre 1578 y 1580 (su primera etapa española).

En este recorrido no puede faltar una parada por la sala 12 para ver la joya de la corona: Las Meninas: Se trata de la obra maestra del pintor del Siglo de Oro español, Diego Velázquez. Fue elaborada en 1656, fecha unánimemente aceptada por la crítica que corresponde al periodo de plena madurez del artista. Se trata de un retrato a la familia de Felipe IV, si bien es cierto que el tema central es la infanta Margarita de Austria, rodeada por sus sirvientes, configurando las llamadas «meninas».

Siguiente parada: El sueño de Jacob, en la sala 9. Se trata de un óleo sobre lienzo cuyas dimensiones son 179 x 233 cm. La obra es de José de Ribera y narra el sueño misterioso del patriarca Jacob, quien aparece dormido, recostado sobre el brazo izquierdo, según relata el Génesis.

Pasamos a la sala 27 con Carlos V en la Batalla de Mühlberg: Se trata de un retrato que conmemora la victoria de Carlos V sobre la Liga de Smalkalda en Mühlberg el 24 de abril de 1547. Fue mandado pintar por entonces y terminado en 1548. El objetivo de esta obra era representar una imagen de Carlos como un emperador capaz de gobernar un heterogéneo conjunto de estados y religiones. Mide 335 cm de alto y 283 cm de ancho.

En la sala 19 no te puedes perder La Inmaculada Concepción de Giovanni Battista Tiepolo. Se trata una escena que muestra la manera tradicional de representar la Inmaculada Concepción. La obra fue un encargo real para la Iglesia de San Pascual de Aranjuez y se habría realizado entre 1767 y 1769.

En la sala 29 encontramos una de las obras más importantes: Las tres Gracias. Rubens es uno de los pintores más importantes de Europa en el siglo XVII, puesto que aunó talento artístico, éxito social y económico y un alto nivel cultural. Esta obra está fechada entre 1630-1635 y muestra las calidades y cualidades técnicas del pintor en su etapa final.

La última parada de este recorrido de una hora es en la sala 76. Las distintas interpretaciones de este cuadro le llevaron primero a ser denominado como Artemisa y posteriormente como Judit en el banquete de Holofernes. Se trata de una obra de Rembrandt, aunque también existió polémica durante un tiempo con respecto a la autoría. Se realizó en óleo sobre lienzo, en el año 1634, y mide 127 cm de alto y 143 cm de ancho.
