Por Elena Castelló
Hace cinco años, José Jiménez hizo realidad un sueño que acariciaba desde hacía tiempo: puso en pie The Perfect Son, una marca de calzoncillos tipo bóxer cuya esencia es la delicadeza y el lujo.
«Para mí, el lujo es un padre abrazado a un hijo», dice José Jiménez. El ADN de esta marca exquisita es el suyo. En The Perfect Son (‘el hijo perfecto’) hay recuerdos de su niñez y del Mediterráneo cerca del que nació, en Elda. Su padre era zapatero y su madre modista. Él es el tercero de cuatro hermanos. Su progenitor murió cuando él tenía 10 años. José dejó de estudiar y empezó a trabajar en la fábrica de calzado de su tío, hasta que se decantó por los estudios de tecnología, diseño y moda de calzado. Mientras hacía prácticas, le llegó una oferta de trabajo en Inditex, y José, sin saber qué era, se lanzó. Con 25 años entró en el grupo de Amancio Ortega, con quien tuvo la oportunidad de trabajar mano a mano, llevando el área de calzado de Pull and Bear.
Con el tiempo empezó a coordinar todas las colecciones de calzado del grupo y, finalmente, trabajó en el restyling de una de las colecciones de Zara. Pero era un ritmo demasiado fuerte, que no le dejaba tiempo para pensar. Así que, tras 15 años en la empresa, tomó la decisión de dejarla. «Me gusta mucho el trabajo, pero soy una persona de gustos sencillos, amante del tiempo y del detalle –cuenta–. Quería aprender otras cosas». Así es como empezó su etapa de consultor para otras marcas: fun&basics, Custo Barcelona… Pero seguía insatisfecho. «En el mundo de la moda es muy difícil ser uno mismo –reflexiona–. Y decidí hacer algo personal, muy de corazón, muy de verdad y que uniera todo lo que sabía. Quería trabajar con gente que fuese feliz trabajando. Mi madre siempre me educó para que disfrutara con lo que hiciera».
Así nació The Perfect Son, un nombre con una historia íntima detrás. «Yo siempre había sentido que mi padre había sido duro y exigente conmigo –recuerda emocionado–. Entonces mi madre me explicó un día que mi padre había sentido siempre que yo tenía dentro algo diferente y que debía luchar por mi trabajo y tirar hacia adelante. Para mi padre, en realidad, yo era el hijo perfecto».
La marca pretende ofrecer un lujo auténtico, culto, pero sencillo y «campechano», como dice Jiménez, con una fuerte conexión con la identidad del creador, pero también del cliente. «Me gusta el arte, las cosas bien hechas, y me propuse hacer el mejor calzoncillo bóxer del mundo, de alta costura, único», explica. Cortados a mano, con tijera, en un taller de sastrería de camisería, se terminan uno a uno, utilizando la costura francesa, con nueve puntadas por centímetro, con un algodón Giza 45 de la icónica marca inglesa Thomas Mason –«la mejor del mundo»–, con botones de nácar australiano, y se personalizan y se numeran. «Es el único calzoncillo tratado como una camisa», explica Jiménez, que los supervisa uno a uno antes de que salgan del taller.
«Cada bóxer, en algodón giza 45, se corta a mano con tijera y se cose con costura francesa»
Sus clientes son de Japón, de Estados Unidos, de Inglaterra, de Francia. «Como yo, buscan un lujo que no se exhibe». Sin embargo, no tiene ningún cliente español. «Aquí tenemos un concepto distinto del lujo, a las tiendas no les interesa vender una o dos unidades», dice. Empezó vendiendo en la tienda Colette, en París, y hoy vende, sobre todo, vía Internet. Con el tiempo, José Jiménez quiere que The Perfect Son se convierta en un concepto: tiene en mente ampliar la colección de calzoncillos, hacer camisetas, pero de piezas esenciales y sencillas. «Me gustaría hacer una selección de las cosas que me gusten en cada viaje que hago –relata–. Que sea una experiencia verdadera e íntima».
El equipo de The Perfect Son trabaja por Face Time: lo componen un diseñador gráfico, un responsable de las fábricas, en Barcelona, y la persona encargada de la distribución y el márketing digital, aunque el día a día de las redes lo lleva él mismo. ¿Y el futuro? «Yo quiero seguir haciendo las cosas al máximo detalle, personalizado –explica–, y no quiero perder esa esencia, quiero escribir yo mismo mis notas personalizadas. Quiero mantener un equilibrio a la hora de crecer y mantener el control sobre todo el proceso. No quiero vender mi alma al diablo. Esta es la verdad de The Perfect Son».
Todo el mimo del mundo
Un calzoncillo de The Perfect Son llega planchado y doblado, rodeado por una cinta de raso, en una caja blanca perfumada por uno de los aromas que Jiménez ha creado con un perfumista. El packaging también incluye una tarjeta manuscrita agradeciendo la compra al cliente. «Sé prácticamente quiénes son cada uno», asegura. La marca tiene ahora cinco básicos, blancos y con pequeñas variaciones en la textura del algodón, más dos de color, y cada tiempo saca una nueva colección. El precio: 210 euros, 230 con las iniciales bordadas.
Los modelos son diversos pero todos igual de lujosos.
La preparación de cada paquete es de lo más delicada.

La compra incluye una nota personalizada.

La lujosa caja en la que van los bóxers.
