Periodista y estilista, más de 15 años en el mundo de la moda, personaje televisivo y perejil de todas las salsas, Josie es un terremoto. Le hemos invitado a que sea el editor invitado del último número de la revista Código Único y él se ha lanzado. El resultado ha sido único. Y, de paso, nos ha dejado su entrevista más sincera y personal.

«La moda es lo único que consigue refrescar a todo el mundo. Las apetencias y la moda son que las hacen girar el mundo, y si siempre eres fiel a un estilo, te vas a acabar convirtiendo en un rancio». Josie es un torbellino, pero tiene las cosas muy claras. Recién cumplidos los 40, se ha convertido en un personaje omnipresente. Es estilista, periodista, profesor, bon-vivant, personaje televisivo ahora metido a cocinillas en MasterChef Celebrity y editor invitado del último número de Código Único. Y no, Josie no es un personaje. Él es así. Tal cual lo ves en televisión.

¿Cuál es el estilo básico de Josie al que, según dices, le eres infiel con la moda?

Es mucho más cuerdo o aburrido que todos los aportes de moda que le meto. Yo sé que con lo que mejor estoy es con una camisa blanco roto de cuello impecable, un jersey de cashmere azul marino, un pantalón camel bien cortado, un zapato de cocodrilo y un calcetín burdeos. Algo muy sencillo y muy muy clásico. Pero me aburro y me da por liarla, interpretarme o disfrazarme. Y al salir en televisión, me dejo llevar llevar por mi lado fashion victim.

¿Y qué ingredientes de moda eliges para meter en ese estilo cuerdo del que hablas?

Tengo una belleza antigua (de feo, católico y sentimental, como Bradomín) y me funcionan muy bien los clásicos del siglo XX. Pero a mí me encanta traerme al XXI, porque me gusta la época que me ha tocado vivir. Así que meto en mi vestuario todo tipo de ingredientes: desde la sudadera Thank you Jesus de Justin Bieber a las gafas mosca metálicas de GmbH o los preciosos vaqueros pintados de Y/Proyect. Son marcas o gente que quizá no vaya conmigo pero que me ‘contaminan’ bien y me refrescan.


Josie: «La elegancia no ha muerto, pero en 2020 cotiza a la baja» 3

¿La moda, además de un negocio, es un divertimento?

¡Absolutamente! Cuando empecé a amar la moda de niño, con las primeras revistas que leí, a los 10 o 12 años, lo hice porque me divertía muchísimo. Y soñaba con que se convirtiera en el nuevo periodismo deportivo. Yo veía a mis amigos que estaban pendientes del fútbol y yo era lo mismo pero con la moda. Y me decía: «¡Qué pena que la gente no se divierta con la moda tanto como me divierto yo».

¿A quién considerarías el paradigma del hombre elegante?

Están todos muertos [ríe]. La elegancia me la inspira todo un cementerio de hombres maravillosos que ya no están o que, como el duque de Edimburgo, están a punto de caramelo… No te voy a decir que la elegancia haya muerto, pero en 2020 es un valor a la baja y no es algo que se considere tan positivo como lo fue en el XX. Hoy se prefiere a Maluma que a Cary Grant. Y te tienes que adaptar o aceptar la derrota si eres un activista de la elegancia.

¿Quiénes son los grandes clásicos del XX?

Yo veo fotos del duque de Edimburgo de joven y su elegancia me hace estremecer. El cine de los 50 es un filón, con Cary Grant en su punto justo de elegancia madura. Y la época dorada de Hollywood también ha dejado grandes nombres: Fred Astaire o el Gary Cooper joven retratado por Steichen… Pero me he dado cuenta que el gran pozo de la elegancia está en aquellos hombres que saben ir impresionantes a un funeral. Fíjate en el príncipe de Gales bajando las escaleras de la capilla de San Jaime cuando murió la duquesa de Windsor. O en Brian Ferry y sus hijos cuando murió su exmujer. O en David Bowie en el entierro de Marc Bolan. O en John John con un blazer negro de tres botones en el funeral de Michael Kennedy… Su elegancia me turba.


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¿Cuál es el español actual con más estilo?

Pues me interesan los perfiles de jóvenes estilosos como Luis Osorio Suelves o Yung Beef. No tienen nada que ver pero, cada uno a su manera, disfrutan la moda masculina, provocan y te invitan a jugar y a superarte vistiendo. De la vieja escuela me encanta ver por Chamberí al marqués de Tamarón con looks increíbles de ropa usada y preciosa. Me inspira.

¿Son elegantes o defienden bien la ropa?

Es gente que logra que la ropa se fusione con ellos y transmitirlo a los demás. Hay gente como Tamarón que se viste con esas cosas viejas y es lo más porque te preguntas: «Pero bueno, ¿qué look es este?». Para llegar a ese punto te tienes que conocer mucho. Y eso viene de haber pasado muchos momentos de soledad. A mí, por ejemplo, me han servido mucho mis lecturas, mis películas, mi música y estar a solas conmigo mismo. Al final, eso es lo que te ayuda a definir tu look. No se trata de ir de shopping y arrasar, sino saber qué elementos definen tu imagen e ir a por ellos.

En moda y estilo, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

Ni en moda ni en estilo ni en nada, y eso que esta época que nos ha tocado vivir está llena de incertidumbres, de coronavirus, de cosas horribles… Lo que sí es verdad es que antes las cosas se hacían más lentamente, se cocían con otro amor. Y eso tenemos que recuperarlo.

¿Volver a lo artesano?

Volver a una dedicación completa por hacer la mejor prenda, un amor total por el producto de moda. En ese aspecto, quizá el pasado supera al presente, pero aún hoy se puede pescar producto de ese calibre: el servicio Su Misura que Mirto acaba de inaugurar en Madrid, con sus camisas impecables; Derbi, en Bilbao; Knize, en Viena… Y siempre nos quedará Londres, la ciudad con las tiendas y charity’s que mejor conservan el gusto por el producto bien hecho.

Tú eres uno de los últimos fans de las revistas en papel…

No es que sea fan, es que amo las revistas. A mí me han entretenido, me han proporcionado información y me han divertido. A los 18 años, mucha gente no sabe qué quiere ser en la vida, pero yo lo tenía clarísimo: quería hacer revistas. Son un producto al que le debo mucho y que siempre respetaré. Y sigo creyendo en su capacidad para reinventarse y conquistar a las generaciones más jóvenes.

Sin embargo, no te prodigas en ellas…

He concedido muy pocas entrevistas tan cercanas como esta. Casi ninguna. Y en Código Único habéis sido muy audaces al proponerme ser el editor invitado de este número de la revista, que es rompedor. Mi perfil también es muy peliagudo, porque yo soy una persona de dentro y, al tiempo, de fuera; soy periodista de moda pero, a la vez, llevo 12 años en televisión. A veces bromeo con mis amigos diciéndoles que soy como María Teresa Campos pero caminando mucho mejor que ella con los manolos.


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Josie y MasterChef Celebrity

«Me ofrecieron participar en la primera edición de MasterChef Celebrity pero no acepté porque no sé cocinar nada. Pero esta vez me apetecía probar porque me veo distinto: he crecido televisamente y me apetece aportar entretenimiento. Porque cocina, francamente, voy a aportar muy poquita… Cuando confirmé mi presencia en el concurso, llamé a mi amiga Isabel Maestre, que tiene el mejor catering de este lado de mundo, y me abrió su obrador. Ahí he sabido lo duro que es cocinar a ese nivel, levantando mangas pasteleras que pesan lo que un jamón y pasando tanto calor… Es un trabajo físico y mental muy intenso y un oficio apasionante. Voy a estar bien rodeado y va a ser una edición muy muy divertida, con Ainhoa Arteta, Raquel Sánchez Silva, Florentino Fernández… Pero al concursante que más temo es… ¡a mí mismo!».

 


Volviendo a la moda: ¿es más la posesión de la prenda o la experiencia de lucirla?

Es poseerla, lucirla y comunicarla. En eso consiste este juego, y más hoy, en un mundo tan  público y sobreexpuesto.  Aprovechando el crash que acabamos de sufrir, tenemos la obligación de recuperar una moda menos frívola y más intelectual, poblada de seres que aporten lo mejor de ellos más allá de followers y cuantificaciones absurdas. Tenemos que conseguir que la moda vuelva a molar.

Haciendo un paralelismo, ¿podríamos decir que la moda es arte y que el arte, como expresión artística, si no se muestra no existe?

Crear looks es una forma de expresión artística, pero la moda es, por encima de todo, un negocio. Esa es su magia: tiene que exhibirse, funcionar y, a la vez, ser rentable. Por eso la moda se ha llevado a tantos genios por delante.

Los más cursis dicen que las grandes cadenas, las que despachan ‘fast fashion’, han democratizado la moda. ¿Podemos llamar moda a eso o es solo tendencia?

Para mucha gente, esa es su vía de acceso a la moda y se expresa a través de esa fast fashion. Luego hay otra gente que se expresa a través de ropa vintage todo el rato.

¿Qué opinión tienes de las marcas que en 2020 lo apuestan todo a la sostenibilidad?

La moda y la comunicación de moda tienen burbujas enormes, y ahora estamos en la de la artesanía y la sostenibilidad. Esto parece una competición entre las marcas para ver cuál es más verde y sostenible. Pero eso es positivo: la sostenibilidad ha llegado para quedarse, porque la moda no puede permitirse el lujo de ser la industria más contaminante del planeta.

Otro mantra que se ha puesto de moda es «compra menos, pero de más calidad»…

Es lo que tiene que pasar. Lo que entre en tu casa te tiene que satisfacer, debes querer tenerlo puesto todo el rato. El armario es como una nevera: si te quieres cuidar debes procurar que no entren cosas insanas.Para eso tienes que pensar mucho en soledad qué quieres y, antes de lanzarte a la calle, inspirarte, dar una vuelta y nunca comprar al primer impulso. Eso requiere tiempo y dedicación.

Tu trabajo fluctúa entre la televisión y los editoriales de moda masculina, pero en los últimos cinco años te has convertido en el estilista de Cristina Pedroche para las campanadas. ¿Cómo es eso de ser escrutado cada 1 de enero por un solo traje?

Yo he diseñado mi carrera en función de ser útil a esta profesión. Y con el tema de Cristina Pedroche he actuado de la misma manera. Ella tuvo muy buena audiencia cuando dio las campanadas en La Sexta y se la llevaron a Antena 3. Me contactaron en noviembre para hacer el estilismo. Entonces llamé a Alberto Palatchi, el creador de Pronovias, y le pregunté: «¿Tú sabes quién es Cristina Pedroche?». Me contestó: «No». Y yo le dije: «Da igual. Vamos a tener que acristalarla. ¿Te apetece?». Y ahí empezó la colaboración. Aquel año fue un boom. El siguiente, otro. Y este año ha sido el megaboom, quedándonos a 14.000 espectadores de La 1. El primer año me asusté, pero ya me he acostumbrado al escrutinio: forma parte de mi trabajo, de mi personaje televisivo y de cómo soy yo.

¿Cuando te proponen un trabajo así, cuál es el objetivo: ser líderes en Nochevieja o hacer el mejor traje y que hablen de ti?

El objetivo es no dejar indiferente a nadie. Es muy fácil coger 200.000 euros, que no los tengo, llamar al estudio de Alexander McQueen y pedirle un traje para vestir a Cristina Pedroche. Pero ese no es el objetivo: por chauvinismo o simple apetencia, siempre he querido trajes made in Spain. Con esa premisa y un presupuesto limitado tienes que jugar y hacerlo lo mejor posible. Lograr lo máximo con lo mínimo. Y creo que hasta ahora no hemos errado.

Otra de ‘tus’ mujeres es Georgina Rodríguez, la pareja de Cristiano Ronaldo…

El tema de Georgina comenzó porque a mí me ofrecieron ser su cicerone en Gran Canaria Moda Cálida y convencí a Yolanda Sacristán, la directora de Harper’s Bazaar, para hacer una sesión de fotos con ella. En esa sesión descubrí a una mujer que me gustó mucho y que estaba infravalorada por las marcas de moda y por muchas revistas que ahora se estarán arrepintiendo después de verla triunfar en Italia. Es lo de siempre: te tienes que ir fuera para que te reconozcan y dejes de ser solo la chica de Jaca que tiene una relación con Cristiano Ronaldo.

¿Hay algún momento de tu vida en el que Josie desaparece y deja paso a José Fernández-Pacheco?

Nunca me he psicoanalizado, pero soy un poco Jekill y Hyde: tengo un lado muy divertido y otro muy reflexivo, un lado exhibicionista y otro más tímido… Pero son las dos caras de la misma moneda. Josie me lo empezaron a llamar mis compañeras de la facultad y cuando fui a firmar el contrato de Supermodelo me dijeron: «Tú no te puedes poner ese apellido tan larguísimo». Y firmé como Josie.

¿Te insistieron en casa para estudiar Derecho y ser notario?

Nunca. En casa nunca me dijeron no hagas esto o lo otro. Lo que no sé es cómo mis padres no se han divorciado de mí, con tanto show televisivo como he hecho.

¿Cuáles son los ingredientes que alimentan el éxito: suerte y mucho trabajo?

Sí, pero también es una cuestión de destino, que los astros estén alineados a tu favor.

Una faceta tuya que poca gente conoce es que diriges el Máster de Estilismo del Istituto Europeo di Design. Al hilo de eso, ¿el estilo se puede enseñar o es innato?

Nosotros no enseñamos estilo. En el IED intentamos enseñar un oficio difícil que obliga a estar en un reciclaje continuo y con un desgaste físico y emocional enorme. Formamos, pero no enseñamos a tener estilo, porque eso no se puede enseñar; es innato. Eso sí, se puede cultivar para sacarle todo el partido.

A la hora de cultivarte, ¿qué te inspira?

En primer lugar, todo lo que mis ojos ven y que las generaciones futuras no van a conocer. Es lo que los hermanos Panero llaman el «fin de raza» en esa película maravillosa de Jaime Chávarri que es El desencanto. Ese fin de raza está también en El gatopardo o en Ludwig, de Luchino Visconti. Me apasionan esas cosas que las generaciones que vengan no van a conocer y que nosotros tenemos la suerte de ver. A eso, mucha gente lo llama ‘viejuno’ y hasta casposo, pero yo en la caspa veo mucho confeti. También me inspira mucho el periodo de Entreguerras y me encanta que gente que a mí me ha llenado muchísimo sea ahora mismo pasto para las masas, como los Bright Young Things, los hijos rebeldes de las élites victorianas que fotografió Cecil Beaton o que describió en sus novelas Evelyn Waugh. Y me inspira, cómo no, lo que pasa cada día.

Revistas, televisión, profesor, prescriptor de moda… Recién cumplidos los 40, ¿qué le queda por hacer a Josie?

Me queda todo. ¡Si yo acabo de empezar!