No hay nada como dos días bien aprovechados en la Ciudad de los Prodigios.
Por RODRIGO PADILLA
Con la llegada de noviembre, el calor húmedo del verano da paso a unas temperaturas más frescas, las calles están algo menos abarrotadas de turistas y toda la ciudad se viste con una luz que parece hecha de bronce. Es el momento ideal para escaparse a la capital catalana, revisitar los lugares imprescindibles o disfrutarlos por primera vez. Ciudad milenaria de corazón joven, esencialista y mestiza, Barcelona tiene mil caras y todas enamoran. Y si te gusta esta guía de la ciudad condal exprés, también te explicamos qué ver en Granada si vas dos días o cómo exprimir Santiago de Compostela en 48 horas.
09:30
Con la ciudad a los pies. Así vamos a empezar este recorrido. Y lo haremos desde el parque Güell, una creación del genial Antonio Gaudí que llena de formas y colores una colina convertida en parque urbano en la parte alta del barrio de Gracia. Lo siguiente es descender a la obra cumbre del gran arquitecto del modernismo catalán: la Sagrada Familia. El monumento más visitado de Barcelona es una colosal basílica aún inacabada que no deja indiferente.
Para rematar la mañana modernista, es obligatorio ir al paseo de Gracia, uno de los ejes principales del Eixample. A finales del siglo XIX, la próspera burguesía barcelonesa eligió esta arteria para construir sus residencias, diseñadas por los arquitectos más ilustres de la época. La Casa Milà, conocida como La Pedrera, es la más famosa de ellas, pero hay muchas más, en una sucesión de originales fachadas que acompaña nuestro paseo hasta la plaza de Cataluña. No deje de echar un vistazo a las fechadas de las Casas Batlló, Fuster, Gracia y Bonet.

14:30
La plaza de Cataluña, además de centro neurálgico de la ciudad, es la puerta de entrada a las Ramblas, un paseo arbolado que baja hacia el puerto entre ríos de gente, quioscos de flores y artistas callejeros. Aquí está el mural de Joan Miró que sirvió de improvisado altar luctuoso en agosto de 2017. No faltan los lugares donde pararse a comer algo, pero lo mejor es seguir hasta el ¡mercado de la Boquería, tan colorido por dentro como por fuera, y saciarse en sus puestos y barras, como la de Quim o el Pinotxo.

16:30
Tras bajar hasta el Gran Teatro del Liceu y la plaza Real, es el momento de adentrarse en el Gòtic, el barrio medieval de Barcelona. Aunque muchos de sus edificios fueron construidos a principios del siglo XX en estilo neogótico y otros fueron trasladados hasta aquí desde diversos lugares de la ciudad, su concentración crea un escenario que resulta impresionante.

18:00
Nuestro paseo por la Barcino romana –y luego la Barchinona medieval– nos lleva a cruzar la Vía Laietana y entrar en el Born, uno de los barrios de moda. Sus calles, arracimadas en torno a la basílica de Santa María del Mar, siguen llevando los nombres de los gremios que las habitaron durante siglos, aunque ahora están llenas de tiendas de diseñadores y talleres de pequeños artesanos.

Pensando ya en la cena, podemos elegir entre sentarnos en alguna de las terrazas del paseo del Born o buscar un restaurante a nuestro gusto, desde la cocina tradicional catalana del Belmonte hasta las tapas vanguardistas de Albert y Ferran Adrià en Tickets. Con la caída de la noche, el Born se ilumina con las luces de bares de copas y clubes. También hay mucho ambiente en la plaza Real o en el entorno del Puerto Olímpico...

09:30
Hoy nos vamos a la Barcelona por la más actual. Tras pasar por La Desayunería o algún otro de los locales que rodean el mercado de Sant Antoni, reabierto hace poco, recorreremos el vecino barrio del Raval. La presencia del Museo de Arte Contemporáneo y del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ha servido de catalizador para la renovación del antiguo Barrio Chino, convertido ahora en el más multiétnico y dinámico de la ciudad.

11:30
La Rambla del Raval, abierta en el corazón del barrio hace un par de décadas, nos lleva en un agradable paseo hasta uno de los emblemas de la ciudad, la estatua de Colón, al lado del puerto. Justo enfrente se encuentra el imprescindible Museo Marítimo, instalado en las antiguas atarazanas de la ciudad y que hoy ofrece un completo repaso de la historia de la navegación en el Mediterráneo.

14:30
Para comer, podemos volver al barrio del Raval y probar suerte con la carta del Dos Palillos, fusión de comida rápida asiática y mediterránea, o en el más informal Gats. Otra buena opción es acercarnos a la Barceloneta, antigua barriada popular entre las playas y el puerto. Saneadas y recuperadas para el uso y disfrute de la ciudad, sus calles estrechas siguen conservando un ambiente tranquilo y muchos restaurantes de toda la vida, como el 7 Portes o Can Ramonet, la tasca más antigua de la ciudad. Hay muchas más opciones y todas son igualmente buenas.

18:30
La última tarde ofrece dos alternativas distintas para dos tipos de viajeros diferentes. Para la gente de mar, qué mejor que quedarse en las playas que se extienden junto al Paseo Marítimo de la Barceloneta, e incluso darse un chapuzón de despedida si el agua todavía no está demasiado fría. Para la gente de montaña, es el momento de subir a Montjuïc, pasear por sus parques y jardines, ver el castillo o recorrer las instalaciones deportivas construidas para los Juegos Olímpicos de 1992, con una atención especial al estadio de Montjuïc, algo abandonado después de que el equpo de fúlbol del Espanyol se trasladara al nuevo campo de Cornellá.

20:00
La visita va tocando a su fin. Como probablemente querremos volver algún día, lo suyo es aprovechar el último paseo por el centro para poner a prueba la leyenda: bebiendo de la fuente de Canaletas. Una placa de bronce lo deja bien claro: «Si bebeis agua de la Fuente de Canaletas os enamoraréis de Barcelona. Y por muy lejos que os marcheis, siempre volvereis». Si ya cumplimos con el rito, la alternativa es llenarse los pulmones de brisa marina en alguno de los restaurantes y terrazas que jalonan el Paseo Marítimo mientras hacemos planes para la próxima visita.
