Barcelona: ¿qué ver en 48 horas?

Los romanos la denominaron Maiorica (‘isla mayor’) por ser la mayor del territorio balear. Hoy, los mallorquines la llaman Sa Roqueta (‘la roca’). Y para los organismos oficiales, especialistas en dotar a los destinos turísticos de atributos casi místicos , es ‘La isla de la calma’.
Esos tres términos, juntos, definen claramente la identidad de la mayor isla de España (3.640,11 km²) y la segunda más poblada después de Tenerife, con 859.289 habitantes. Es, efectivamente, grande, difícilmente abarcable en solo un fin de semana (ni siquiera en un fin de semana largo). Es montañosa, aunque tiene una enorme colección de playas y calas de postal (aquí tienes las ocho mejores calas de Mallorca) gracias a sus más de 550 kilómetros de costa, que albergan playas de todo tipo, desde coquetas calas arenosas a largas playas tapizadas de piedra. Y, a salvo de las zonas mas bulliciosas cercanas a la capital, la isla sigue siendo un destino tranquilo.
Para llegar a ella solo hay dos opciones. El avión. O, mucho mejor, el barco (aquí tienes los ocho mejores puertos deportivos de Mallorca). Y una vez en ella, hay mucho que ver y que disfrutar. Para una primera visita, lo mejor es organizar una ruta básica con lo mejor de la isla. Como esta…
Las vistas de los acantilados y del mar chocando contra las rocas justifican el incómodo acceso a este extremo de Mallorca. Los locales lo conocen como el ‘punto de encuentro de los vientos’. El motivo se explica solo.

La prodigiosa iluminación de Carles Buïgas permite disfrutar de las formaciones rocosas de las cuatro cuevas: Negra, Blanca, Lluís Salvador y Cova dels francesos. Junto a ellas, el lago subterráneo Martel es el escenario de conciertos de música clásica.

Es uno de los pocos restos arqueológicos musulmanes de la isla, aunque construido a partir de elementos bizantinos y romanos. Hay que fijarse en cada columna de la sala circular, todas únicas.

Suele estar concurrida, pero no hay que dejar de ir. Y no basta con una foto para Instagram: hay que tumbarse en su arena y bañarse en sus aguas y deleitarse con el verde de los pinos. La vista desde el mirador es inolvidable.

La obra de Miquel Barceló, inaugurada en 2007 con algo de polémica, es un mural de 300 m inspirado en el milagro de los panes y los peces. Hoy es el gran reclamo de la Catedral.

Símbolo de la ciudad, la enorme Seu palmesana presume de tener el mayor rosetón gótico del mundo. Dos veces al año riega el interior un increíble espectáculo lumínico.

Aquí, en el corazón de la Sierra de Tramontana, nació la única santa de la isla, Catalina Thomas. No hay que irse sin pasear por sus calles empedradas y visitar su célebre cartuja.

Sobre las estrechas vías de un antiguo ferrocarril frutero se mueve este tren de madera. El trayecto de Palma a Sóller incluye viaductos, puentes, 13 túneles y un paisaje increíble.

El antiguo baluarte defensivo de Sant Pere, con unas vistas privilegiadas, es el actual Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma. Acoge obras artísticas oriundas de Baleares

Todas las calles del centro histórico de Palma, con huellas de su parado romano, moro y cristiano, conducen a la Plaza Mayor, antigua sede de la Inquisición y hoy epicentro de la vida palmesana.
