François-Henri Pinault: Lujo, fútbol, subastas y Salma Hayek

Su padre, François, forjó un imperio de la nada. Él, que creció a su sombra, lo heredó a los 40 años. Hoy, el  Grupo Artémis, el conglomerado familiar de empresas, ha acabado convirtiéndose en un epítome del lujo.

Por VICTOR GODED

François Pinault, el padre de esta saga de empresarios franceses, vino al mundo en Rennes el 21 de agosto de 1936. Acomplejado por ser el ‘paleto’ de la clase, abandonó el colegio para, primero, ayudar a la familia en el campo y, más tarde, alistarse en el ejército. Eso fue antes de pedir un préstamo a los suyos y montar un negocio maderero en su ciudad natal. Era 1962.

Ese mismo año nació su hijo François-Henri, quien desde que tuvo uso de razón se educó para asumir el mando de las empresas que iba creando su padre. Por eso, a nadie le extrañó que decidiera estudiar en la Escuela de Estudios Superiores de

Comercio (HEC) de París, una de las más prestigiosas del mundo.

A pesar de tener el destino encauzado, el joven se dejó llevar por sus impulsos y fundó lo que hoy denominaríamos una startup junto a sus compañeros. La bautizaron Soft Computing y sigue existiendo.

Mientras el conglomerado familiar seguía creciendo y diversificándose, el joven decidió seguir formándose. Su siguiente paso fue trabajar como becario de desarrollador de software de bases de datos en la compañía Hewlett-Packard en París y, después, completó el servicio militar en el consulado de su país en Los Ángeles. Allí se especializó en moda y nuevos sectores de tecnología.

El aterrizaje de François-Henri en la empresa familiar en 1987 fue el impulso definitivo para la compañía. Su juventud, conocimientos y afán de expansión fueron claves para que la sociedad anónima, que operaba en esa época con el nombre de Pinault Distribution antes de pasar a llamarse Pinault-Printemps-Redoute (PPR), diera el salto a la Liga de Campeones de los negocios.

El joven François-Henri tomó los mandos de la gerencia del departamento de compras el mismo año en el que la compañía hizo su debut en la Bolsa de París y abrió su capital a inversores como Crédit Lyonnais o AGF. Después fue nombrado director general de France Bois Industries.


30.600 millones de dólares

Es el patrimonio estimado de la familia Pinault, según la revista Forbes


En una jugada estratégica, la firma adquirió un buen porcentaje de CFAO, un conglomerado con importantes operaciones bursátiles en África. Y hasta allí se fue François-Henri en 1993. Para entonces, también se habían hecho con el control de Conforama, La Redoute, Finaref y FNAC, empresas de las que se erigió como máximo accionista en 1997.

En 1999 la compañía puso sus ojos sobre el sector del lujo. Y ahí asomó Gucci. En el combate por hacerse con la casa italiana había dos contendientes: por un lado, Bernard Arnault, propietario de LVMH, que buscaba seguir sumando clientes de renombre a su cartera; por otro, François Pinault, que veía una oportunidad de oro para entrar por la puerta grande en un mercado tan exclusivo.

El combate, basado en pleitos legales y demandas por difamación, se saldó con la victoria de PPR. Con la sociedad italiana en el bolsillo, Pinault se aventuró en el mercado del lujo, un sector hasta entonces desconocido para la firma. Le seguirían Yves Saint Laurent, Sergio Rossi, Bottega Veneta, Balenciaga, Boucheron o Bedat & Cie, y firmó acuerdos con diseñadores como Stella McCartney y Alexander McQueen.


En la salud, la enfermedad y el lujo

François-Henri Pinault 4Cuando en 2006 la actriz Salma Hayek iba a conocer al que hoy es su marido, la primera persona que se le vino a la cabeza fue François, el patriarca de los Pinault. «¿Cómo voy a tener una cita con alguien de 70 años?», se preguntó.

Su cita, sin embargo, era con François-Henri, que llevaba ya tres años al frente del Grupo Artémis, que controla el conglomerado Kering, la finca vinícola Château Latour, el semanario Le Point, el Teatro Marigny, el histórico equipo de fútbol Stade Rennais y la casa de subastas Christie’s.


Un lunes de 2005, cuando François-Henri llegó a su despacho, vio que todas sus cosas estaban en cajas. «¿Qué pasa aquí?», se preguntó. «Ahora eres el CEO, así que tienes que ir a la oficina del jefe», le respondieron. «Fue divertido, dramático y surrealista al mismo tiempo. Sabía que este momento llegaría, pero nunca esperé que sucediera tan rápido –ha contado en una entrevista a The New York Times–. Yo tenía todavía 40 años y mi padre 66. Él estaba en un excelente estado de forma, lleno de planes para PPR. Pero ya había visto demasiados padres omnipotentes que acabaron mal. Comprobé lo duro que fue para él tomar esa decisión».


Kering factura 19.000 millones al año y está presente en 120 países

Dos ejercicios después, en 2007, Pinault se embarcó en la división comercial con la compra de la marca deportiva Puma. El futuro del imperio pasaba por asentarse definitivamente en las áreas del lujo y el material deportivo. Vendió YSL Beauté a L’Oréal y Bedat & Cie a Luxury Concepts. Por el camino se deshizo de Conforama y en su poder quedaron Brioni, Girard-Perregaux y Volcom, especializada en deportes extremos. Y para darle un nuevo aire, en 2013 el emporio pasó a llamarse Kering.

La existencia de François-Henri Pinault se resume en una palabra: fortuna. Sin embargo, el empresario no olvida las causas sociales. Es miembro de la organización sin fines de lucro The B Team, es un defensor de las minorías y de los derechos de las mujeres, ha recibido el Premio de Liderazgo Internacional ADL y ha financiado el documental Ice and the Sky, de Luc Jacquet, donde intenta sensibilizar sobre el calentamiento global. Pinault no tiene dudas de dónde viene y adónde quiere llegar. Y si las tiene, siempre puede consultar a su padre.

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