Todavía quedan lugares ‘secretos’ en Madrid para algunos madrileños y muchos visitantes al margen de la Plaza Mayor, la Gran Vía (y su Primark), la Puerta del Sol o el Museo del Prado. Además de disfrutar de la gastronomía de la capital (te contamos aquí cuáles son los mejores restaurantes de Madrid relación calidad-precio) y de sus atracciones turísticas más conocidas, te proponemos una ruta alternativa por estos 10 rincones que aún pueden sorprenderte.
El Museo Geominero ocupa un edificio diseñado por el arquitecto Francisco Javier de Luque, construido durante la década de los años 20 en la calle Ríos Rosas, en pleno barrio de Chamberí. Inaugurado en 1926 por Alfonso XIII, volvió a serlo a finales de los 80 por su nieto, Juan Carlos I, cuando recibió oficialmente este nombre. Más que por su colección (aunque para los amantes de la geología y los fósiles resultará muy apetecible), recomendamos la visita del museo por su belleza arquitectónica. La entrada es majestuosa, con una escalinata de mármol y una vidriera en el techo por la que se cuela la luz natural. Es la excusa perfecta para visitar uno de los distritos más castizos de Madrid y dejarse caer también por la Facultad de Minas, cuyo edificio histórico, sito en la misma calle, data del reinado de Carlos III.
La Neomudéjar es un museo de arte alternativo que abrió sus puertas en 2013 como entidad autogestionada. Ocupa una antigua nave de la estación de Atocha, donde antes se formaban los ferroviarios, en la calle Antonio de Nebrija. Además del interés de sus exposiciones, merece la pena acercarse para disfrutar del espacio. Si te quedas con ganas de más, sus fundadores (Néstor Prieto y Francisco Brives) impulsaron otro espacio artístico fuera de los márgenes en el barrio de Fuencarral, Zapadores (Antonio de Cabezón, 70), que abrió en 2018 y acoge exposiciones de La Neomudéjar y también da cobijo a otras galerías.

Popularmente conocido como ‘el huerto de las Monjas’, este vergel secreto de la calle Sacramento también es llamado el Jardín del Palacio O’Reilly. Para acceder a este antiguo huerto de las hermanas Bernardas hay que atravesar un pasaje que parece una máquina del tiempo. Al otro lado, un jardín que recuerda a los de los conventos de clausura del Siglo de Oro.

El parque de la Quinta de los Molinos es uno de los grandes olvidados de las rutas turísticas madrileñas. Es cierto que se encuentra alejado del centro de la ciudad (está en el barrio de Canillejas-San Blas), pero la visita bien merece el viaje. Está cercado por completo y cuenta con cinco puertas para acceder. La estrella de esta antigua finca de recreo turístico es su extensión de almendros, que florecen entre febrero y abril y son 100% instagrameables. También cuenta con un centro de actividades con cafetería.

Situada en frente del Parque del Retiro en la calle Alcalá, la iglesia de San Manuel y San Benito es obra del arquitecto Francisco Arbós y Tremanti y uno de los mejores ejemplos del estilo neobizantino en la capital. Se construyó entre 1902 y 1910 bajo el mecenazgo de Manuel Caviggioli, empresario catalán, y su mujer Benita Maurici. Ambos cedieron los terrenos en los que ahora se levanta el templo.

Si tienes pensado incluir en tu ruta una parada en Matadero, puedes aprovechar y acercarte al invernadero y jardín botánico que se encuentra justo al lado. Se trata de un edificio de hierro y cristal construido a imagen y semejanza de los invernaderos decimonónicos de las grandes capitales europeas. Se levantó entre 1908 y 1928 y también es obra de Luis Bellido, como el resto de las edificaciones del complejo. 900 especies de flora conviven en un espacio de 7100 metros cuadrados, y allí puede disfrutarse de la belleza de especies tropicales y subtropicales, desérticas y plantas acuáticas, además de una gran variedad de peces.

Este espectacular complejo arquitectónico fue ideado por Antonio Palacios y se inauguró en 1916 como hospital para jornaleros. Desde 1964 hasta finales de los 80 estuvo abandonado, y sufrió numerosos daños en su estructura. A partir de esa fecha se han ido realizando diferentes renovaciones, y actualmente puede disfrutarse de su fachada de piedra caliza y las decoraciones de cerámica de Daniel Zuloaga.

Justamente por estar cerca de un lugar tan céntrico esta plaza afrancesada pasa más desapercibida. Antiguamente conocida como Plaza del Palacio de Justicia, fue la visita del presidente de la República de Francia a principios del siglo XX la que provocó que fuera rebautizada. Antiguamente servía como huerto y jardín del convento de las Salesas, bajo el patrocinio de Bárbara de Braganza. Precisamente una estatua de ella, obra de Mariano Benlliure, preside la parte norte del espacio, mientras que otra de su marido, el rey Fernando VI, se erige en el sur.

El Madrid Moderno. «El barrio más europeo de todos los barrios madrileños», contaba ABC en 1906. Poco queda, por desgracia, del proyecto impulsado por varios empresarios entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero aún resisten algunas casitas de estilo inglés, toda una rareza en la capital muy cerca de la plaza de toros de Las Ventas.

Junto a las casitas inglesas o Colonia del Madrid Moderno, la Colonia de la Prensa es el otro gran ejemplo de arquitectura modernista en la capital. Su entrada principal se encuentra en la calle Eugenia de Montijo, y todavía pueden contemplarse algunas de las construcciones originales: fachadas de ladrillo, detalles de cerámica, enrejados y torreones son las señas de identidad de estas viviendas unifamiliares cuya primera piedra puso Alfonso XIII en 1913.
