No hay nada en el mundo capaz de matar el virus del romanticismo ni nuestras ganas de viajar. Frente a esa enfermedad, la mejor vacuna es levantar el vuelo y viajar. Y en otoño no hace falta ir muy lejos, porque en Europa están algunos de los lugares más tiernos del mundo, a la altura de las 15 maravillas naturales más visitadas del mundo. o de las 8 maravillas del mundo en peligro de extinción. ¿Nos acompañas en este viaje por las cuatro escapadas de otoño más románticas por el Viejo Continente?
Por carreteras secundarias, en un recorrido de 380 kilómetros que une Salzburgo con Viena y que transita por un buen número de paisajes alpinos catalogados como Patrimonio de la Humanidad, Austria cuenta con una Ruta Romántica a la que ninguna otra es capaz de hacerle sombra. En mitad de la ruta está la pequeña población de Hallstatt, un pueblo de postal que los más atrevidos califican como el más bonito del mundo y que en los últimos años ha cobrado justa fama al afirmarse que Disney se inspiró en él para crear la villa de Arendelle en su taquillazo Frozen.
En la provincia italiana de La Specia, bañada por el mar de Liguria, hay una escarpada porción de costa en la que, encaramados sobre la roca, están cinco de los pueblos más bellos de Italia: Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore. Son las ‘cinco terre’. El que está más al sur es Riomaggiore y es el que tiene más encanto. Su nombre deriva del arroyo que desciende a lo largo de un profundo desfiladero y desemboca en una pequeña playa. Solo por ver sus casas coloreadas, su pintoresco puerto, su atardecer y las vistas desde la Torre del Reloj, el viaje ya merece la pena.

Goethe, Schiller, Beethoven… Alemania fue la cuna europea del Romanticismo y varias rutas tienen hoy este movimiento como eje vertebrador. La más antigua y tradicional lleva de la histórica ciudad de Wurzburgo al castillo de Neuschwanstein, cerca de Füssen, el más imponente de los que construyó el rey Luis II de Baviera. En la reserva natural de los Alpes de Ammergau y rodeado de lagos, Neuschwanstein es precioso. Y aún más si se contempla desde Marienbrücke, una pasarela de madera que regala una vista impagable. Y muy cerca está la imprescindible villa medieval de Rothenburg der Tauber

Eslovenia solo tiene una isla natural. Está en mitad del lago Bled, un pequeño oasis de origen glaciar de 145 hectáreas rodeado de bosques y de los Alpes Julianos. Está habitada desde el siglo VII, pero su esplendor le llegó en 1855, cuando el médico suizo Arnold Rikli abrió unos baños termales que aún hoy siguen atrayendo a las élites europeas. Una leyenda dice que una viuda rica mandó fundir una campana para que repicara en memoria de su marido en su iglesia del siglo XV. La campana acabó hundida en el lago, pero dicen que si se escucha con atención, aún se oye su tañido bajo las aguas.
