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Nueva Zelanda, un país capaz de regalarnos imágenes tan bellas como la de la bahía Te Pukatea en el Parque Nacional Abel Tasman. Foto: Alamy.

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Parque Nacional Abel Tasman, un refugio en el fin del mundo: El más pequeño de los 14 parques neozelandeses, en el extremo norte de la isla Sur, es un pedazo de naturaleza intacta junto al mar. Su litoral recortado engarza playas de ensueño entre promontorios cubiertos de bosque virgen, y hace de este lugar el marco perfecto para la práctica del senderismo o el kayak. Foto: Hemis.

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North Otago, en el territorio de las rocas elefante: Estos fantásticos seres de piedra nacieron en el fondo del océano hace 25 millones de años y ahora recorren con una parsimonia que roza la inmovilidad el valle de Waitaki, que se abre al mar entre los pastos verdes de la provincia de Otago. Visitar Elephant Rocks es una buena excusa para recorrer los pueblecitos de la Nueva Zelanda más rural. Foto: Alamy
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Cathedral Cove, un pórtico entre las olas: Cuando la marea baja y deja al descubierto la arena blanca, esta espectacular arcada natural se transforma en un portal que comunica dos playas, a cuál más idílica, rodeadas de paredes de roca y árboles de intrincadas formas. Esta parte de la península de Coromandel reúne algunas de las mejores playas de la isla Norte, además de albergar una reserva marina con unos fondos pletóricos de vida. Foto: Hemis.

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Peñascos de Moeraki Geología hecha leyenda: Estas esferas de piedra, algunas de hasta dos metros de diámetro y seis toneladas de peso, están repartidas por la playa de Koekohe, en Moeraki. Según una leyenda maorí, son calabazas arrastradas por la marea tras el naufragio de la mítica canoa Araiteuru. Según la ciencia, formaciones de calcita con 65 millones de años. Foto: Hemis.

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Champagne Pool, espumoso con notas de arsénico y azufre: Los maoríes, los pobladores originales de la zona, le dan a esta zona geotermal neozelandesa situada en la isla Norte el nombre de Wai-O-Tapu, ‘agua sagrada’. El motivo se hace evidente en forma de cráteres, fumarolas, géiseres y montículos multicolores obra de una química subterránea que aquí aflora en todo su esplendor. La formación más conocida es esta piscina circular de más de 60 metros de diámetro y otros tantos de profundidad, llena de un agua a 75 grados y en cuya superficie burbujea sin cesar el dióxido de carbono. Foto: Alamy.
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Glaciar Franz Josef, un río de hielo al alcance de la mano: De las varias lenguas de hielo que avanzan hacia el mar de Tasmania por la vertiente oeste de los Alpes del Sur, esta es la que más visitantes atrae, junto con la del vecino glaciar Fox. El entorno es espectacular, pero disfrutar de una excursión a través de una superficie horadada por efímeras cuevas azules y surcada por grietas y torrentes lleva la experiencia a otra dimensión. Foto: Hemis.

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Waimangu, el valle que surgió del fuego: El volcán Tarawera, en el corazón de la isla Norte, entró en erupción el 10 de junio de 1886. Aquel violento episodio se saldó con la muerte de 120 personas y el nacimiento de un desfiladero de 17 kilómetros de longitud que alteró completamente la fisonomía del lugar. El sistema geotermal más joven del planeta es hoy un rosario de lagunas, fumarolas y géiseres que se puede recorrer a pie. Foto: Alamy.

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Pancake Rocks, la faceta más creativa del mar: Apiladas como tortitas para un desayuno pantagruélico, la receta de estas rocas es sencilla: alternar capas de calizas y areniscas, presionar durante unos millones de años, exponer a los elementos durante otros millones más y ya tenemos listo el paisaje de Punakaiki, junto al Parque Nacional de Paparoa. Con la marea alta llega un segundo espectáculo: al pasar entre las rocas, las olas levantan enormes y silbantes surtidores. Foto: Alamy.
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Emerald Lakes, un toque de color a los pies del Monte del Destino: Entre los ocres y grises del desolador paisaje que sirvió a Peter Jackson para interpretar el escenario de Mordor que J.R.R. Tolkien describió en sus libros, a la sombra de los volcanes Tongariro, Ngauruhoe y Ruapehu, surgen varios lagos de un esmeralda irreal. Los 20 kilómetros de la ruta que atraviesa el Parque Nacional del Tongariro, en la isla Norte, exigen una buena forma física, pero tienen premio. Foto: Alamy.

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Milford Spund, con el agua siempre como telón: En la isla Sur, en esa Noruega austral que es la región de Te Wahipounamu, Patrimonio de la Humanidad por sus tesoros naturales, encontramos este estrecho fiordo que discurre entre pendientes escarpadas y cumbres nevadas, y al que las innumerables cascadas propias de una de las zonas más húmedas del planeta le dan un atractivo singular. Foto: Hemis.
Nueva Zelanda, 10 escenarios de fantasía para descubrir el nuevo paraíso
Para huir del frío y el ajetreo diario no hace falta irse a la otra punta del planeta, aunque es muy aconsejable. Nueva Zelanda, con sus paisajes de película (allí se rodó ‘El Señor de los Anillos’ y ‘El Hobbitt’), sus playas de belleza imposible y sus caprichos geológicos, son el lugar perfecto para evadirse de la realidad. Y en esta época, además, en manga corta… Descubre de la mano de Código Único los lugares más asombrosos de las antípodas.
Por RODRIGO PADILLA