La cuarentena por el coronavirus está modificando nuestra forma de trabajar, la manera en que hacemos ejercicio e, incluso, la dieta que seguimos para fortalecer nuestro sistema inmune. Una de las dudas más frecuentes es cómo afecta la COVID-19 a las relaciones sexuales: ¿son seguras? ¿se transmite la enfermedad a través del sexo? Pero también hay otra vertiente de la enfermedad, sobre todo en el caso de personas sanas que están cumpliendo aislamiento en casa, ya sea solos y en pareja. A pesar de lo que digan los memes y las bromas, nuestra vida sexual durante el confinamiento puede no ser tan activa como desearíamos, y aquí hay un culpable claro: el estrés.

Por LAURA CASO

La cuarentena viviendo solo tiene sus retos, pero viviendo en pareja también. O pasarla separados de la pareja. Este escenario extraño que nos impone la pandemia (siempre mirándolo desde el punto de vista privilegiado de estar sanos y de no tener que arriesgar nuestra salud estando en primera fila) nos plantea situaciones nunca vividas. Convivir 24 horas con la pareja en un contexto muy diferente de las vacaciones o no tener posibilidad de generar relaciones físicas esporádicas puede descolocarnos. El bombardeo informativo, la incertidumbre, la falta de empleo o la perspectiva de perderlo, el miedo a la enfermedad o a que enfermen nuestros seres queridos… Todo ello crea un caldo de cultivo que puede aniquilar nuestras ganas de sexo.

¿Por qué el estrés afecta al deseo sexual?

«El estrés es una respuesta biológica y psicológica ante una situación percibida como una amenaza, y una de las sustancias cerebrales involucradas en el estrés es el factor liberador de corticotrofina. Parece ser que esta sustancia, entre otras cosas, inhibe el deseo sexual» explica, desde la ‘química’, Francisca Molero, médica, sexóloga, y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología.


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En otras palabras: si nos sentimos en peligro, nuestro cuerpo (sabiamente) emite una respuesta que se centra en las funciones que nos van a servir para enfrentarnos a esa amenaza y va a inhibir las que no nos son útiles en ese momento (por ejemplo, las ganas de sexo). La experta también apunta a que las consecuencias del estrés son muy diferentes si se trata de un pico puntual o algo permanente: «En situaciones como las que estamos pasando (la preocupación por el futuro de los que queremos, la convivencia en esta situación, el confinamiento…) producen estímulos estresantes diversos y continuados».

¿Afecta el estrés más a hombres o a mujeres?

«El estrés afecta de manera diferente, más que por una cuestión de género, diría que de una manera individual», puntualiza la doctora, y añade: «Es cada persona la que tiene una percepción subjetiva del estrés ante una determinada situación y una capacidad diferente para gestionar el malestar y la incomodidad».  Por ello, es muy importante hacerse con herramientas que nos ayuden a capear la ansiedad por la cuarentena y la enfermedad.

No obstante, varias investigaciones apuntan, como recoge este artículo de The New York Times publicado en 2018, que las mujeres suelen presentar trastornos de ansiedad más a menudo que los hombres. ¿La razón? El trabajo doméstico y emocional que suele asociarse a su rol social, una carga invisible, no remunerada y tampoco valorada en muchas ocasiones. Es de esperar que con el avance de la igualdad en todos los ámbitos sociales, este ‘plus de estrés’ desaparezca. Pero en la situación actual, confinados en el ámbito doméstico, en muchos casos con niños y a veces también teletrabajando, es un factor de tensión a tener en cuenta. 

¿Cómo conciliamos las expectativas (la cantidad de sexo que pensamos que tenemos que querer) y la realidad de nuestro deseo sexual, sea cual sea?

Para la sexóloga, las situaciones vivenciales de cada persona son muy determinantes del deseo y la actividad sexual. Si se vive con la pareja o con otras personas, cómo es el espacio donde se convive (por cosas como esta, predicar confinamiento desde mansiones a gente con pisos de 40 m2, han sido muy criticados algunos famosos), cómo se llevaban anteriormente los miembros de la relación… «Todo ello cambia el escenario. Seguramente las personas solas aumenten su actividad masturbatoria, en solitario o con cibersexo [vuelve el sexting]. Las parejas que se lleven bien, posiblemente mantengan o aumenten su actividad. Pero eso de momento no tiene estudios que lo avalen», puntualiza la doctora.


 

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¿Qué cosas podemos hacer para reavivar el deseo y cuáles debemos evitar? 

Para desear primero hay que organizar. Planificar bien el tiempo y las tareas nos va a ayudar no solo a reducir la ansiedad por el confinamiento, sino también a encontrar esos ratos a solas con nuestra pareja (ya sea física o virtualmente) o con nosotros mismos en los que haya espacio para el sexo. «Ha de haber un tiempo para las obligaciones, para el ocio compartido, tiempo para uno mismo y momentos compartidos por la pareja», aconseja Molero.

En el apartado de los don’t, hemos de aplicar un poco de ese sentido común que a menudo se nos escapa: «Discutir constantemente, no tener empatía, agobiar a la otra persona con la propia incertidumbre o ansiedad, o convertirte en jefe o jefa o profesor/a del otro» son esos ‘venenos’ para la intimidad que nos apunta la experta. También añade que hemos de ser conscientes de la importancia de hacer algo de ejercicio durante la cuarentena, saber alimentarnos bien durante el confinamiento y entender la relevancia del ocio en este contexto.

Dos mitos sobre el sexo y el deseo sexual que hemos de evitar

EL DESEO SIEMPRE SURGE DE MANERA ESPONTÁNEA. A menudo tenemos la sensación de que el deseo o la pasión son cosas incontrolables que nacen de la nada. Pero muchos expertos hacen hincapié en que hay que trabajar también en tener una vida sexual plena, de manera consciente. Es algo en lo que coincide la doctora: «Hay que trabajar para mantener la pasión y el deseo. Cuántas veces nos ha gustado mucho hacer algo y, después de un tiempo de no hacerlo, se nos acaba olvidando que nos gustaba y cada vez nos cuesta más reiniciarlo…». Al contrario de lo que nos suele mostrar la ficción, el cariño, el erotismo, el deseo «primero tienes que querer tenerlo; la parte consciente de querer y la periodicidad son claves».

LAS RELACIONES SEXUALES SIEMPRE INCLUYEN COITO. El coitocentrismo en el sexo, especialmente en las parejas heterosexuales, hace que pensemos que sin penetración no hay relación sexual. Esta concepción puede conllevar que evitemos la intimidad: «A veces lo que quieres de la otra persona es una caricia, un abrazo, un beso… Todo esto es sexual también. Si tienes la idea de que no puedes parar porque la otra persona quiere otra actividad sexual, muchas veces ya no se empieza y eso acaba produciendo distanciamiento», avisa la sexóloga.

La importancia del sexo con uno mismo

Se tenga o no pareja, se viva con ella o no, la masturbación es una práctica saludable que no hay que desdeñar: «La activación de los sistemas corporales implicados, incluidos la liberación de dopamina y la modulación de la secreción de serotonina, mejora el estado de ánimo, y ayuda al bienestar», resume Francisca Molero.