Por LAURA CASO

«Cornudo y apaleado», dice el refrán. Y, a menudo, aún hoy se cumple. Pese a que las relaciones han cambiado tremendamente en las últimas décadas (el poliamor, Tinder, la ruptura de muchos tabús respecto a orientación e identidad sexual), todavía se mira con sospecha, con conmiseración, cuando no con sorna, a la persona cuya pareja le ha engañado con otro u otra. Aunque el comportamiento del o la infiel también conlleva un fuerte castigo social (y el hecho de que esto sea así también daría para otro tema), la persona que ha sufrido la infidelidad también sufre consecuencias.

¿Cómo ha cambiado nuestro concepto respecto a los ‘cuernos’? «Ante una situación de infidelidad hay ocasiones en las que somos más tajantes y toleramos menos de lo que lo hacíamos años atrás», explica Silvia Congost, psicóloga experta en autoestima, dependencia emocional y terapia de pareja, y autora de libros como Diez maneras de cargarte tu relación de pareja, del que te hablamos en Código Único hace un tiempo.

Explica que la normalización del divorcio y las separaciones hace que esa idea que tenían generaciones anteriores de «hay que aguantar» está desapareciendo. Elena Requena, sexóloga y experta en asesoramiento de parejas, apunta, por otro lado: «Mi sensación es que ya no es algo completamente insalvable para la mayor parte de las parejas». Es decir: quizá tengamos más libertad para romper una relación cuando esto ocurre y también la misma libertad para intentar reconstruir nuestra pareja cuando pasa.

 


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Cuando sufrimos una infidelidad «nos sentimos engañados, poco respetados, en ocasiones ridiculizados»

Lo cierto es que casi todos lo pasamos muy mal cuando sufrimos una infidelidad: «Nos sentimos engañados, poco respetados, en ocasiones ridiculizados, devaluados y a veces comparados con el o la amante que pueda entrar en juego», resume Requena. Y Congost añade: «Sufrimos porque eso nos conecta con la pérdida de la relación. Es también un golpe a nuestra autoestima porque sentimos que la otra persona es mejor o debe tener mejores cualidades que nosotros y ello nos hace sentir cada vez peor. Podemos llegar a obsesionarnos y a volvernos muy celosos e inseguros».

Ante esta situación, todos hemos escuchado en charlas informales que algunas personas dicen que, si su pareja les es infiel, prefieren no enterarse. Para la psicóloga experta en dependencia emocional «sin duda es una postura de cobardes y de no querer afrontar la realidad de que tu pareja quiere estar con otra/s personas, aunque solo sea a nivel sexual. Si nos parece bien y lo aceptamos o incluso lo consensuamos, perfecto. Pero desde el momento en que “preferimos no saberlo”, eso indica que nos duele y nos daña y la verdad es que, por dignidad, a nadie le gusta que su pareja haga cosas que le duelan y le dañen».

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Para Requena, la actitud que va a tener cada miembro de la pareja al afrontar una infidelidad es una conversación que hay que tener. «Si se es más o menos transigente con una infidelidad, si prefiere saberlo o no, si ambos están de acuerdo en tener encuentros con otras personas fuera de la pareja… Como siempre decimos, una base segura de comunicación y afecto hacen que estos temas sean más sencillos de abordar», recuerda la sexóloga.


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«El hombre tiene que ser el fuerte, masculino y sexualmente un gran amante»

Ser un cornudo siempre ha sido motivo de ‘risa’ o de chismorreo en sociedad. En cierta manera, parece que -especialmente en el terreno de relaciones heterosexuales- para la mujer es una humillación porque no ha sido ‘suficientemente’ guapa, divertida, joven… Pero en el caso del hombre suele dudarse de su ‘masculinidad’, de su ‘hombría’: “Ha buscado fuera lo que no tenía en casa”. «La masculinidad tradicional es un constructo muy frágil», apunta Requena. Congost abunda en esta idea: «Yo creo que esto está ligado a los restos de la cultura machista que aún pesa en nuestra sociedad. El hombre tiene que ser el fuerte, masculino y sexualmente un gran amante».

La cosa cambia cuando es el hombre quien comete la infidelidad: «Parece que el hombre puede ser infiel sin una carga de reprimenda por parte de la sociedad porque es su naturaleza», señala la sexóloga. Para la psicóloga, los más jóvenes, aún viviendo por lo general en un contexto menos conservador, repiten los patrones de conducta de quienes los han criado: «Yo creo que las nuevas generaciones, aunque es cierto que viven las relaciones sexuales de una forma más abierta, acaban perpetuando aquello que han visto y aprendido en sus casas por parte de sus padres. Por ello seguimos teniendo los mismos problemas y dificultades a nivel de relaciones de pareja».