El coronavirus ha desatado la ansiedad por el contagio, las compras masivas en supermercados, el agotamiento de mascarillas… Y muchas de las declaraciones que leemos no resultan del todo tranquilizadoras. Mientras que parece que en Wuhan los contagios han descendido drásticamente y en Italia las medidas de aislamiento empiezan a dar sus frutos, líderes como Angela Merkel advierten que, si no se hace nada, hasta el 70% de la población alemana puede verse infectada por el COVID-19.

Según los expertos, el futuro de esta epidemia implica barajar una serie de cuestiones principales. En primer lugar, hay que tener en cuenta que la vacuna tardará. Los investigadores del CSIC nos dicen que el proceso de creación de una vacuna pasa por dos etapas: Es necesario primero construir la vacuna en el laboratorio, una etapa que puede durar entre dos y cuatro meses. Sin embargo, luego hay que pasar por un proceso de evaluación de la eficacia de la misma tanto en animales como en humanos y esto se puede alargar más de un año. Ante la ausencia de vacuna, la solución pasa por usar tratamientos ya existentes para enfermedades similares ya controladas.

Coronavirus: ¿desaparecerá cuando llegue el calor?

Otra cuestión a tener en cuenta es si bajarán los contagios con el calor. Los expertos creen que es probable que esto suceda. Sabemos que el frío favorece la propagación de los virus, de tal forma que si la temperatura exterior aumenta, las partículas virales se inactivan antes y las transmisiones serán menos eficientes. Para todo esto, habrá que esperar.

Todos nos preguntamos… ¿Cómo puede evolucionar? En torno a esta cuestión, había tres escenarios posibles. El primero, que se consiguiera erradicarlo. Esto sucedió con el SARS del 2003, que desapareció en unos meses. Sin embargo, en declaraciones para El País de Magda Campins, jefa del servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona, “en estos momentos parar completamente el virus es casi imposible”. El segundo escenario es justo en el que nos encontramos: que se convierta en una pandemia. La transmisión se da antes de que aparezcan síntomas severos y en consecuencia, es difícil diagnosticar a las personas que tienen la enfermedad y que pueden transmitirla. Además, sabemos que infecta al doble o al triple de personas a las que infecta la gripe. Finalmente, el tercer escenario es que acabe siendo una enfermedad estacional, es decir, que una variante atenuada del virus puede seguir circulando, pero sin resultar mortal.

En cualquier caso, lo único que podemos hacer ante la situación actual es seguir todas las medidas que indican desde el Ministerio de Sanidad y mantener la tranquilidad para poder afrontar la ansiedad de la crisis actual. El propio Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid nos ha dado una serie de pautas que invitan a la tranquilidad y a la prudencia.