La pandemia del coronavirus es una crisis sin precedentes. Todas las industrias se están viendo afectadas, desde el sector del lujo hasta el entretenimiento (muchas series se han suspendido en Netflix, HBO…). Muchos trabajadores (de sanitarios a dependientes de mercados y supermercados, de personal de limpieza a transportistas) siguen al pie del cañón mientras el resto se enfrenta a un confinamiento que se prevé largo. Algunos, viven la cuarentena solos en su casa. Todos nos preocupamos por cómo utilizar bien las mascarillas, un accesorio que nos va a acompañar en el futuro a medio plazo.

Además de seguir las instrucciones que las autoridades nos marcan para cuidarnos y cuidar a los demás, el Colegio Oficial de Psicología de Madrid nos da una serie de pautas para mantener a raya la ansiedad. En primer lugar, nos dicen que es necesario identificar qué es lo que estás sintiendo en este momento. Las emociones con alta intensidad a las que prestar atención son las siguientes:

  • Nerviosismo, agitación o tensión, con sensación de peligro inminente, y/o pánico.
  • Pensar constantemente en la enfermedad o la posibilidad de enfermar.
  • Necesitar informarse constantemente sobre este tema.
  • Tener dificultad para concentrarse o interesarse por otros asuntos.
  • Problemas para realizar labores cotidianas o el trabajo adecuadamente; el miedo le paraliza y le impide salir a la calle.
  • Estar en estado de alerta, analizando sus sensaciones corporales, e interpretándolas como síntomas de enfermedad, siendo los signos habituales.
  • Preguntar constantemente a sus familiares por su estado de salud, advirtiéndoles de los graves peligros que corren cada vez que salen del domicilio.
  • Percibir un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada (hiperventilación), sudoración, temblores sin causa justificada.
  • Presentar problemas para tener un sueño reparador.

Si consideras que está viviendo una de las situaciones anteriormente mencionadas, los expertos recomiendan varias pautas. Primero, identificar correctamente esos pensamientos que pudieran estar generando malestar. Tenemos que ser conscientes de que, si pensamos constantemente en la enfermedad, nuestra situación de malestar emocional va a aumentar porque estaremos «somatizando», es decir, convirtiendo lo psíquico en algo físico. En este caso, los síntomas no son reales. En segundo lugar, tenemos que reconocer nuestras emociones, aceptarlas y, sobre todo, compartirlas para encontrar ayuda, apoyo y comprensión.

Además, la clave para superar este tipo de emociones es cuestionarse a uno mismo. No todo lo que pensamos y sentimos es real, sino que en muchas ocasiones es provocado por nuestra propia ansiedad. Si buscamos pruebas reales y datos fiables manejaremos una información que no irá acorde con ese estado de alarma.

Hay que mantenerse en la realidad y no desvirtuar lo que está pasando en ningún momento. Busquemos información realista y transmitámosla sin alarmismos. Si tenemos a nuestro alrededor a menores o a personas especialmente vulnerables como los ancianos: no podemos mentirles, sino que es importante darles explicaciones veraces. De la misma forma, no podemos estar todo el día pendientes de lo que está ocurriendo. Si estamos constantemente consultado la información, solo conseguiremos sentir más nerviosismo. Y sea donde sea que miremos la información, que sea siempre una fuente oficial.

Además, desde el propio Colegio de Psicólogos nos recuerdan cuáles son las pautas y tareas de autocuidado que tenemos que tener en cuenta para la prevención y cuidado, tanto de nuestra salud física como de nuestra salud mental, muy importante también en una situación como esta:

  • Mantener una actitud optimista y objetiva. Es fuerte y capaz.
  • Llevar a cabo los hábitos adecuados y de higiene y prevención que recomienden las autoridades sanitarias.
  • Evitar hablar permanentemente del tema.
  • Buscar apoyo en su familia y amigos.
  • Ayudar a su familia y amigos a mantener la calma y a tener un pensamiento adaptativo a cada situación.
  • Acudir a fuentes oficiales y busque información contrastada por expertos: Ministerio de Sanidad, Colegios Profesionales Sanitarios, Organismos Oficiales, OMS, etc
  • Evitar dar difusión a bulos y noticias falsas. No alimente su miedo ni el de los demás.
  • Procurar hacer vida normal y continuar con sus rutinas.
  • Rechazar las conductas de rechazo, estigma y/o discriminación. El miedo puede hacer que nos comportemos de forma impulsiva, rechazando o discriminando a ciertas personas.

En caso de pertenecer a la población de riesgo, entran en juego las indicaciones que han realizado las autoridades sanitarias. Lo importante es confiar en el personal sanitario y en todas las autoridades puesto que son ellos los que saben lo que tenemos que hacer. Para aquellos que realmente forman parte de esa población de riesgo es importante no trivializar con la enfermedad por intentar evadir la sensación del miedo.

Simplemente, se ha de ser precavido y ser prudente, sin alarmarse. En caso de que te recomendaran medidas de aislamiento, ten presente que es un escenario que puede llevarte a sentir estrés, ansiedad, soledad, frustración, aburrimiento y/o enfado, junto con sentimientos de miedo y desesperanza. Sin embargo, la única solución es seguir las pautas anteriormente mencionadas ante ese tipo de sensaciones intensas de malestar.

En último lugar (y el más improbable), si está padeciendo la enfermedad, el Colegio de Psicólogos dice que se han de seguir las recomendaciones de las autoridades. Establecen que es necesario mantenerse realista y conocer que la inmensa mayoría de personas se están curando, de tal forma que hay manejar esos pensamientos intrusivos y evitar ponerse en lo peor. De esta forma, hay que apoyarse en la experiencia que tenemos con respecto a situaciones similares y pensar en cuántas enfermedades hemos superado con éxito en nuestra vida.