¿Quién no ha pensado en algún momento de  estos días de encierro por el coronavirus: «¡por favor, que me devuelvan mi vida cotidiana!»? Al cerebro, como explica la neurociencia, la rutina le viene muy bien. Así que no te engañen: aburrirse es bueno.

El ser humano es un animal de costumbres a las que ansiamos volver, como los hijos pródigos, después de haber vivido un tiempo diferente, en el que todo nos ha resultado hasta excitante. Pero esa sensación placentera y burbujeante dura un tiempo tras el que queremos nuestra rutina. ¿Por qué esa aparente contradicción?

La rutina no es otra cosa que la repetición. Nos levantamos y hacemos las mismas cosas. Nos relacionamos de la misma manera, vemos las mismas caras, los mismos espacios… Son nuestras costumbres. No lo pensamos mucho hasta que se alteran. Solo entonces nos damos cuenta de que las rutinas nos dan seguridad, tranquilidad y hasta productividad, porque cunde más el tiempo.

Como casi siempre, el cerebro es el responsable de que, tras un tiempo de excitación y novedad, comencemos a echar de menos la rutina. Este maravilloso órgano, en constante transformación (neuroplasticidad, como la llaman los científicos), no nace de golpe, se va moldeando y modulando a lo largo de la vida y no solo en la infancia, como se creía hace años. «Se ha demostrado –explica Isabel Serrano Rosa, psicóloga y directora del gabinete terapéutico EnPositivoSí– que un ambiente rico en estímulos desarrolla la corteza cerebral, responsable de los procesos cognitivos superiores como la inteligencia. Sin embargo, el exceso de estimulación impide la estabilización de las interneuronas, los pilares del cerebro, que aseguran la conexión entre las estructuras nerviosas. La estimulación exagerada mantiene el cerebro inestable, sin cimientos. En los niños produce hiperactividad y dificultades para la atención, y en los adultos falta de concentración y memoria. En el otro lado del espectro está la carencia de estímulos diferentes, que impide el desarrollo de todo nuestro potencial: esta desnutrición cerebralprovoca áreas que degeneran o se infrautilizan».

Y en este punto es donde adquieren importancia las rutinas. «Estas favorecen el asentamiento de los circuitos cerebrales, que son el substrato base sobre el que se asientan otras actividades como la creatividad, la planificación o la elaboración de estrategias –asegura Serrano Rosa–. El cerebro necesita un menú de rutinas para alimentarse y ‘comer a la carta’ para desarrollarse. Esto significa salir del automatismo de las rutinas varias veces al día para prestar atención a lo que está sucediendo, por muy trivial que parezca: el color del cielo, un olor agradable, el sonido de la respiración…». Aburrirse es bueno, pero con medida.

Un buena idea para desarrollar la creatividad es cambiar a propósito algún ritual cotidiano. «Si siempre te sientas en el mismo lugar del sillón, cámbialo por un día y obliga a tu cerebro a salir de la pereza –ejemplifica Serrano Rosa–. Y si te aburres, es el momento de inventar y crear algo nuevo que te distraiga».

Y, como apunta la psicóloga, hay un efecto colateral en todo esto, «Si tu cerebro puede cambiar, tu vida también puede hacerlo». Piénsalo.


 

Coronavirus: cuando aburrirse puede ser positivo 1La rutina: su beneficios y sus ‘puntos negros’

Simplifica la vida
La rutina provoca una inercia que nos ayuda a avanzar, pero…
si te pasas con ellas te vuelves rígido y pierdes la libertad de acción.

Aporta seguridad
Los actos cotidianos, nuestras costumbres, nos garantizan la seguridad de lo que va a suceder pero…
un exceso de actividades repetitivas nos impide cambiar.

Ordena la vida
Las costumbres nos ayudan a planificar y a ahorrar tiempo y esfuerzo, pero…
si todo es predecible nos condenan al aburrimiento.

Activa la cretividad
Tener la vida organizada nos concede tiempo para tener buenas ideas, pero…
el exceso de organización también nos puede hacer caer en la pereza.

Permite aprender
La rutina consigue que desarrollemos nuestras destrezas, pero…
si no hay logros puede resultar frustrante.

Cuida de nuestra salud
Nuestro cuerpo adora las rutinas, y para los niños son vitales, pero…
si la costumbre nos ha hecho crear malos hábitos, nos va a costar un mundo cambiarlos.

Los buenos hábitos, las rutinas y la cotidianeidad nos permiten vivir más relajados y sanos porque producen estabilidad física y mental. De vez en cuando, aburrirse es bueno. Pero el ser humano, para su mayor bienestar, también necesita avanzar, plantearse nuevos retos, salir de su zona de seguridad y cambiar. Por eso, lo mejor que podemos darte es un consejo: apóyate en tus rutinas y, a partir de ahí, persigue tus sueños.

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