The Singular Patagonia: un paréntesis remoto

 

En el extremo sur del mundo, al fondo de un laberinto de islas y canales, perdido entre cordilleras nevadas y lenguas de hielo, se abre el fiordo de la Última Esperanza. Allí, un centenario edificio industrial se ha reconvertido en The Singular Hotel Patagonia, el mejor refugio para escapar del calor y la rutina.

Por RODRIGO PADILLA

Improbable como solo pueda serlo un trozo de Mánchester en el corazón de los Andes, como un gigante de ladrillo y hierro con un horizonte de praderas y agua, como un fragmento de la revolución industrial fuera del tiempo y en el espacio equivocado. Así es la imagen que nos sorprende al poco de salir de Puerto Natales por la Ruta 9, la misma que lleva al mítico Parque Natural de las Torres del Paine, en el corazón de la Patagonia chilena.

El Frigorífico Bories se construyó en 1915 para dar salida a la enorme riqueza ganadera de la región. Sus abundantes pastos eran perfectos para la cría de ovejas, y atrajeron a gran número de emigrantes europeos. Cientos de miles de cabezas de ganado pasaban cada año por las cinco bodegas y doce cámaras frigoríficas de un complejo dotado con todos los medios de la época. Muchos de los materiales y la maquinaria llegaron por barco desde Inglaterra. Las calderas que generaban la electricidad necesaria para mover semejante coloso del procesamiento de carne fueron obra de Babcock & Wilcox, la misma empresa que fabricó las calderas de otro gigante de la época, el Titanic. Durante décadas, este fue el centro de la exportación de la carne y la lana patagónicas con destino al mercado europeo. Su final, tras una lenta agonía, llegó en los años 80. La planta echó el cierre y el tiempo inició su implacable tarea destructiva.

Pero entonces llegó Felipe Sahli, tercera generación de una estirpe de empresarios hoteleros venidos desde Suiza que había dirigido la implantación en Chile y Argentina de los hoteles Holiday Inn.

Otra vida para Bories

Durante un viaje por el sur de Francia se alojó en un antiguo convento de capuchinos reutilizado como hotel, y pensó que sería una buena idea trasladar el concepto a su país. Solo hacía falta dar con el lugar apropiado. Y lo encontró: las naves del Frigorífico Bories, al pie de los Andes patagónicos, iban a tener una segunda vida. Las obras de saneamiento iniciadas tras el reconocimiento del edificio como Monumento Nacional Histórico en 1996 tomaron un nuevo rumbo. Se mantuvo la estructura, el estilo y los materiales originales de todo el complejo, incluida buena parte de las zonas de maquinaria y los talleres, transformadas en un interesante museo, mientras que los antiguos almacenes se ampliaron para alojar un hotel de lujo con todas las comodidades y en un entorno único.


En las 57 habitaciones de The Singular Hotel impera una elegancia sencilla. Todas miran al fiordo de Última Esperanza


El hotel The Singular Patagonia abrió sus puertas en 2011 y pasó casi inmediatamente a ocupar los puestos de honor entre los mejores hoteles de Sudamérica. Hoy ofrece 57 habitaciones repartidas en tres pisos, todas ellas de una elegancia sencilla y presididas por un enorme ventanal. El antiguo muelle, las aguas del fiordo de la Última Esperanza, las montañas nevadas, un cielo limpio que se vuelve impresionante al atardecer… Todas estas vistas también las comparten las principales instalaciones del hotel, desde el comedor y el bar hasta el spa, pasando por un restaurante que sirve lo mejor de la cocina patagónica, en el que no pueden faltar el cordero, el salmón y la centolla. Por otra parte, los alrededores del hotel son perfectos para dar pequeños paseos y respirar el aire sanador que sopla desde las montañas, y un carril para bicis y peatones corre paralelo a la orilla hasta el cercano Puerto Natales, con sus calles tranquilas y sus casitas de colores.

Gracias a su emplazamiento, el hotel resulta perfecto para explorar y sacar partido a una región que ofrece todas las posibilidades: excursiones en bicicleta por paisajes de pampa y montaña, a caballo por los bosques que llevan a las lagunas vecinas, trekking por el complejo paleontológico de la cueva del Milodón, recorridos en kayak por los fiordos, jornadas de pesca, visitas a los glaciares de Balmaceda y Serrano o recorridos por el impresionante Parque Nacional de las Torres del Paine… No cabe duda, el mejor antídoto contra el calor y el estrés está aquí, en el lugar que concentra la esencia de una Patagonia ya invernal.

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