Eugenio Perazza, el azote de los creadores

En 2016, para celebrar el 40º aniversario de Magis, Konstantin Grcic diseñó para la compañía un sujetapuertas en hierro barnizado con forma de mulo. Se llama Ettore y simboliza a la empresa: bella y juguetona, pero fuerte, determinada y terca. Igual que su creador e impulsor, Eugenio Perazza.

Por ANA DOMÍNGUEZ SIEMENS

Desde siempre se ha sabido que a un buen diseñador siempre le interesa trabajar con un buen empresario. Y el buen empresario no es aquel que le deja hacer lo que quiere, que no le cuestiona sus diseños ni le plantea problemas.

Al contrario, un buen empresario es la persona que le obliga a aguzar los sentidos, a devanarse los sesos y a darle mil vueltas a un mismo problema para buscar una solución nueva; una que no se haya visto antes, que sea eficaz, que optimice los recursos y que ofrezca soluciones sorprendentes, llenas de ingenio, belleza y sostenibilidad. Este tipo de fabricante es tan buscado como temido, porque los diseñadores saben bien que trabajar con él los va a dejar exhaustos. Aunque también saben que una alianza así es el camino más corto hacia el éxito.

La historia del diseño está llena de estas parejas: Vico Magistretti con Cassina, Ray y Charles Eames con Herman Miller, Ettore Sottsass con Olivetti… Eugenio Perazza, como empresario, es también uno de ellos; un hombre siempre con la vista puesta en el futuro, que se mueve en la élite de los mejores y que defiende con fiereza el grado de calidad máximo de sus colecciones, algo que para él es, además del ingrediente principal del fatto en Italia, el sello que asegura que sus productos son de una ejecución impecable.

Perazza fundó su empresa, Magis, en 1976 y desde el año 2010 tiene su cuartel general establecido en Torre di Mosto, una pequeña ciudad a medio camino entre Treviso y Venecia. Esa zona del norte de Italia está plagada de extraordinarios artesanos y pequeños talleres de todo tipo, desde especialistas en trabajos de cuero a sopladores de cristal o carpinteros. Ellos son la gran fuerza de trabajo de la que se alimenta la empresa.


«Para mí, el futuro de Magis radica en lo que llamo la ‘vida inteligente’ y el ‘trabajo inteligente’. Necesitamos cambiar el enfoque del producto al ambiente. Y apostar por la calidad. Ese es el futuro.»


Durante los más de 40 años en que llevan produciendo muebles, Perazza y su empresa han sido fieles a una visión corporativa que, según explican desde Magis, «nace del delicado equilibrio entre el sentido de la realidad y la utopía. No debe ser tan utópica como para resultar irrealista, pero debe serlo lo suficiente como para instaurar un desafío concreto y estimular la energía.»

«En sus 40 años –explicaba Eugenio Perazza a la web stylepark.com–, Magis ha escrito algunos de los mejores capítulos en la historia del diseño. Eso está bien, pero es el pasado y yo estoy más interesado en el futuro. Actualmente, por ejemplo, estamos explorando una nueva tecnología para nuevos proyectos, porque Magis siempre apunta a ser única y universal.»

Una de las cuestiones que más llama la atención del trabajo de Eugenio Perazza es lo claramente que distingue entre los proyectos que solo hablan del aspecto externo de las cosas, proyectos que son formales –simple ejercicios de estilo, y que para él no tienen ningún interés–, y los proyectos cargados de investigación técnica y de una idea relevante que desarrollar. Esos últimos son los proyectos en los que Perazza invierte su tiempo y  sus recursos, siempre en un lenguaje universal que hace que no haya fronteras para sus productos. Según dicen los diseñadores que han trabajado con él, ese es el momento en el que empieza la lucha.

Perazza ha trabajado con un plantel que no tiene parangón: Jasper Morrison, Naoto Fukasawa, Philippe Starck, los hermanos Bouroullec, Konstantin Grcic, Marc Newson, Jaime Hayón, Ron Arad, Thomas Heatherwick y una interminable lista. Todos ellos se ponen en sus manos para, juntos, hacer el desarrollo del producto porque saben que la colaboración con él es más que una relación de negocios, que será fructífera y estimulante. Tan intensa como apasionante.

Son muchas las piezas de mobiliario que a lo largo de los años se han convertido en verdaderos best-sellers de la marca y que, de paso, han sido ampliamente copiados por toda clase de desaprensivos. Pero todos ellos se reconocen hoy como señas de identidad de la firma. Como el asiento Spun, de Thomas Heatherwick, por ejemplo, que exploraba nuevas formas de sentarse en una pieza en forma de trompo, sin patas y que rotaba sobre sí misma. Y no, no era un mueble para niños, aunque Magis tiene una colección específica para ellos llamada MeToo para la que Javier Mariscal, por ejemplo, ha diseñado varias piezas.

También la butaca mecedora Voido, de Ron Arad, una traslación de las piezas del mismo autor, hechas originalmente en aluminio anodizado, que se interpretaron en Magis en un polietileno de rotomoldeo. O la silla Air, de Jasper Morrison, que reclama para sí el mérito de ser la primera silla realizada en polipropileno reforzado con fibra de vidrio con la tecnología del air-moulding. La silla Deja Vu, de Naoto Fukasawa, realizada con la técnica de aluminio extrusionado. El escurreplatos Dish Doctor de Marc Newson, hecho de dos piezas de polipropileno de colores vibrantes. La silla Piña, de Jaime Hayón, cuya carcasa está realizada como una reja metálica en la que está inspirada y se fabrica con una máquina especial que llega a hacer más de 50 soldaduras mecánicas al mismo tiempo. La mesa Big Will, de Philippe Starck, que tiene una estructura de acero fundido a presión que se hace extensible sin esfuerzo con un mecanismo diseñado para ello. O la colección Officina, de los hermanos Ronan y Erwan Bouroullec, que explora la tradicional técnica de la forja de hierro, después usada también en la colección Brut, de Konstantin Grcic.

El interés de Perazza por investigar tanto las artesanías tradicionales como toda nueva tecnología que se cruce en su camino es inagotable. Como haya una nueva máquina que haga alguna función antes desconocida o un material interesante que explorar, le falta tiempo para llamar a alguno de sus diseñadores y proponerles investigarlo con un nuevo proyecto. De ese diálogo, animado por una meta común, surgirán los nuevos diseños. Es el camino a lo extraordinario.

Un camino que Eugenio Perazza tiene claro. «Para mí, el futuro de Magis radica en lo que llamo la ‘vida inteligente’ y el ‘trabajo inteligente’. Necesitamos cambiar el enfoque del producto al ambiente. Y apostar por la calidad. Ese es el futuro.»