Casaplata, aire industrial y sabor casero en Sevilla

Este establecimiento del casco antiguo de Sevilla ha llamado la atención de las revistas de diseño e interiorismo de medio mundo. No es de extrañar. Los arquitectos Cristina Domínguez Lucas y Fernando Hernández-Gil han creado un espacio donde los muros y suelos de aspecto industrial y sutiles matices plateados sirven de lienzo; y el color, las formas puras y la luz aportan la personalidad. ¿El resultado? Un local tan sencillo como irresistible.

Por ANA DOMÍNGUEZ SIEMENS

El restaurante Casaplata abrió hace solo unos meses muy cerca de la Alameda de Hércules de Sevilla. El barrio, una zona céntrica de tradicionales callejuelas y plazas, se ha convertido, en los últimos tiempos, en uno de los más cool de la ciudad gracias a la cantidad de bares y establecimientos gastronómicos que han proliferado.

Los arquitectos detrás del diseño de este nuevo local, Cristina Domínguez Lucas y Fernando Hernández-Gil –que establecieron su estudio en Madrid en 2007– ya habían proyectado hace unos años otro restaurante, El Pintón, para uno de los propietarios, que quiso contar otra vez con ellos para esta nueva aventura. La premisa del nuevo espacio era crear un lugar dirigido a un público más joven, transformando radicalmente una cafetería poco interesante que se había construido en los años 90 en lo que fue el garaje del edificio.

El espacio, de 150 m2, tenía que dar cabida a 80 personas sentadas de una manera informal y flexible. Además, debía adaptarse a las diferentes horas de la jornada y ser un local de tapas durante el día y transformarse en un bar de cócteles con DJ por las noches.

Lo primero que hicieron los arquitectos fue recuperar el espacio y devolverle el aspecto industrial original, organizándolo alrededor de dos barras de bar. La luz natural proviene de dos grandes ventanales a la calle y también de una gran claraboya situada en un patio que se ha transformado en un comedor pequeño y más privado. Un ojo de buey comunica este pequeño y luminoso espacio interior con el resto del local. Esta abertura redonda se replica después en espejos y un cuadro decorativo amarillo del mismo tamaño y forma.


La premisa era crear un lugar dirigido al público joven, que fuera local de tapas por el día y coctelería con DJ por la noche


Este es un recurso recurrente que utilizan los arquitectos para contrastar y equilibrar la geometría rígida del espacio general. En busca del aspecto crudo, Domínguez Lucas y Hernández-Gil usaron cemento para los suelos y yeso para las paredes. El yeso se mezcla con pigmentos rosáceos –muy aparentes en la habitación pequeña–, lo que proporciona a los muros un acabado gris plateado –de ahí el nombre este establecimiento sevillano– con una amplia y sutil paleta de matices, subrayada también por el rastro del trabajo manual realizado por los operarios.

De ese modo se suaviza la crudeza del look y se agrega calidez a los acabados. Gracias a esta primera intervención, los arquitectos crearon un marco abstracto, industrial y muy neutral, en el que colocaron los muebles y objetos como si estuvieran en una pintura de Giorgio Morandi, la referencia conceptual del proyecto.

Domínguez Lucas y Hernández-Gil también han diseñado los muebles de Casaplata, trabajo que realizan bajo el nombre de KrestaDesign. Excepto por un par de lámparas vintage y algunas de las sillas Cesca de Marcel Breuer, todas las luces, mesas, sillas y taburetes son de diseño propio. Es el mobiliario el que añade color, textura y equilibra todo el interior. La idea era usar el color como estructura para organizar el espacio. Las luces son elementales y de líneas extremadamente gráficas. El uso de tecnología LED ayuda a los propietarios a cambiar la atmósfera de color a lo largo del día.

El mobiliario de Casaplata está también equipado con ruedas, algo que permite diversas configuraciones del espacio. Las diferentes piezas están hechas de metal lacado perforado, proporcionando al conjunto un juego muy rico de transparencias. A través de las superficies de las mesas se ve el suelo gris, lo que produce un efecto de colores diluidos y, visualmente, los hace lucir más claros y empolvados.

Esta idea también ayuda al cliente a concentrarse en los objetos que están más cerca de la mano, reforzando, obviamente, la experiencia gastronómica que, sin embargo, como contrapunto al local futurista en el que se sirve, es de base tradicional. Casaplata ha apostado por una carta de recetas de toda la vida: pulpo asado, secreto ibérico de bellota, empanada de rabo de toro, guisos de toda condición… Cocina casera que se degusta a las mil maravillas dentro de un escenario propio de Blade Runner.