Quim Gutiérrez es reservado y al mismo tiempo exhibicionista. Contradictorio. Amante de la moda, la fotografía, la decoración y a dieta de redes sociales. Tampoco ve demasiadas series. Aunque estrena una en Netflix, ‘El vecino’, en la que interpreta a un superhéroe de barrio. Y en 2020 veremos también su primera película americana…

Por Juan ViláFotografías: Edu García

Ponte en su lugar. Imagina que tu vida y tu trabajo son un pequeño desastre. También tu relación de pareja. Pero te vas un fin de semana con ella (Clara Lago) a una casa rural en Cuenca, aparece un marciano, se estrella contra ti y te cede sus superpoderes. Eso es lo que le ocurre a Javier, el personaje que interpreta Quim Gutiérrez en El vecino, serie creada por Nacho Vigalondo y que Netflix estrena el 31 de diciembre. Hablamos con uno de nuestros mejores actores de los altibajos de su carrera, de lo mal que llevó hacerse famoso con solo 12 años y hasta del valor estético del culo de Kim Kardashian.

¿Cómo se ve la vida dentro de un traje de superhéroe?

Poco oxigenada. Si tuviera que buscar un pero a El vecino sería lo incómodo del traje.

Christian Bale y Ben Affleck también se quejaron de lo incómodo que era el traje de Batman.

Cuando interpretas a un superhéroe te conviertes en un actor con muchas limitaciones: oyes menos, se te oye menos, no percibes la realidad igual… Y tienes que calcular el agua que bebes porque no puedes ir al baño.

Te gustaría tener algún superpoder de tu personaje?

Él descubre tres, pero puede que tenga más: superfuerza, vuela y se regenera si le pasa algo. ¿Cómo es el envejecimiento de alguien que se está regenerando todo el rato? ¿Nunca se muere? Yo quisiera morirme. La inmortalidad debe de ser muy cansina.

Chaqueta de esmoquin con solapa de satén y pantalón de lana con estampado pata de gallo; y camisa blanca oversize, todo de Loewe

Es una serie con mucho humor.

Es una serie de superhéroes con un punto humano y de humor, habla de lo que significa poder volar y al mismo tiempo ser un imbécil de barrio, o que esos superpoderes no te ayuden a resolver tus problemas.

Coppola y Scorsese cargaron contra las películas de superhéroes, ¿seguiste la polémica?

Vivo en una nube exenta de esas cosas. Tengo la sensación de que muchas veces somos víctimas de una agenda que no hemos escogido. El nivel de estímulos es tal, que hay que frenarlo, escoger muy bien la información que dejas que te llegue y erradicar el consumo de redes sociales al que estamos sometidos. Es una decisión que tomé porque me pasaba el día enfadado por cosas que yo no había decidido en vez de disfrutar.

¿Has abandonado completamente las redes sociales?

Las tengo porque las tengo que tener y las uso como a mí me gusta, pero estoy a dieta de redes sociales y noticias. Así me siento mucho mejor.

¿Te afecta mucho lo que alguien pueda comentar?

Sí, y bloqueaba. No me interesa. Ya estamos sometidos a bastantes polémicas como para permitir que invadan un espacio, mi perfil, que yo considero privado.

¿Y eres muy de series?

Soy un mal consumidor de series. Me cuesta asumir ese compromiso: ver no sé cuántas horas para entender el desarrollo completo de un personaje. Y esto es tirar piedras contra mi propio tejado, pero hay tantísimo contenido por ver… Creo que eso tocará techo en algún momento.

¿Cómo surgió tu vocación de ser actor?

Es algo que reconozco desde pequeño en las fotos familiares y es la voluntad de ponerme delante de los demás y que me hagan caso. Luego se unieron otras cosas, pero al principio, se trataba de hacer monerías que causaran un efecto. Últimamente me acuerdo mucho de cuando veía a Pasqual Maragall de pequeño. A ese tío le hacían caso cuando salía en la tele. Se lo dije a mi familia: eso a mí me gusta, que haya una audiencia.

¿Hay un componente exhibicionista?

Sí, me gusta que se me vea. Y también si entendemos el exhibicionismo como que te gusta gustar a los demás. A mí me gusta. Eso es necesario para exponerte como actor. Y hay una cosa aún más perversa e impúdica en la interpretación: exponer emociones y enseñar cosas a los demás con una enjundia suficiente como para shockearles.


«Prefería no hacerme selfies con los fans. Me parecen una invasión brutal»


Lo que te cuesta más es la fama.

Eso es terrible. La fama la llevo mal pero asumo que debo tolerarla. Y comprendo y acepto que, como cualquier otro, tengo un límite y si lo sobrepasan, no voy a responder como la persona que se acerca espera que lo haga.

O sea, mejor que no te pidan un selfie.

Preferiría no hacerlo. Me parece una invasión brutal. Al empezar muy pequeño, he vivido la transición del autógrafo al selfi. Ahora no hay una felicitación por tu trabajo. Y ya no es que fotografiemos a los famosos, fotografiamos cualquier evento moderadamente excepcional. Como una persona que se cae o un avión que vuela muy bajo. Y es también una cuestión personal: hay gente muy dicharachera a la que no le importa, a mí sí. Yo soy una persona discreta.

Te hiciste famoso con 12 años gracias a la serie Poblenou de TV3.

Fue muy duro, porque entonces estaba formando mi personalidad. Con 12 o 13 años quieres pasar inadvertido. Si te señalan, que lo hagan tus amigos por las notas, lo bien que juegas al fútbol o cuánto ligas, aunque en esa época ni se liga. Ser el foco de gente desconocida es muy extraño.

Luego dejaste de trabajar unos años.

No lo dejas del todo. Tú dejas de trabajar pero la gente no se olvida de ti, sigues siendo el niño de la tele, y yo siempre he reconocido el enganche a ser reconocido, aunque ahora menos. Y no tanto por los beneficios sino porque te gusta gustar. Pero prefería mil veces echar de menos el que me mirara un grupo de chicas a tener lo que tenía.

Sin embargo, volviste.

Por la parte profesional. Si te gusta este trabajo, es difícil rechazarlo. A pesar de ser una persona reservada, encajaba muy bien en esto.

Después de ganar el Goya en 2007 te pasaste nueve meses sin trabajar.

Eso es lo peor de todo. Fue de las épocas más duras, pero agradezco que me ocurriera y más que me pasara al principio de mi carrera en el cine. Me di cuenta de que películas como AzulOscuroCasiNegro o Sin ti, con las que empecé, no eran habituales. Rechazar las cosas que me ofrecieron después a lo mejor no fue la decisión más acertada. Tienes que hacer cosas que artísticamente no son tan apabullantes.

¿Puedes ya elegir lo que quieres hacer o sigues temiendo a que no te llamen?

A mí el miedo no se me va nunca. También porque para mí siempre ha sido muy importante hacer cosas distintas y asumir retos. Esta semana estuve con mi gestor. Cada uno lleva sus finanzas como considera y yo soy muy hormiguita. Viéndolo con él, me di cuenta de que podía haber tomado decisiones mucho más rentables, pero no lo hice. Me ofrecieron determinadas cosas que luego funcionaron muy bien. Si las hubiera hecho, me hubiera colocado en un sitio más comercial pero sería infinitamente más infeliz.


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No te arrepientes.

No, no me arrepiento para nada. Ni de las épocas peores en las que no me han ofrecido lo que a mí me hubiese gustado ni de las que he pasado sin trabajar. Yo soy un privilegiado dentro de la profesión, soy consciente, pero siempre aspiras a más y llegó un momento en el que estaba muy a disgusto con la profesión, creía que no me daban lo que quería.

¿Cuándo fue eso?

Prefiero no mencionarlo para que no se asocie con determinadas películas. Pero sí he pasado por ese momento en el que me preguntaba por qué a mí no me llegaban cosas que me merecía. Lo que pasa es que merecerte las cosas es tan relativo… ¿Tú qué sabes lo que le está pasando en su vida personal a esa persona a la que envidias? El merecer no existe. A la postre, todos esos periodos de inactividad o de no sentirme creativamente realizado, me han dado la oportunidad de encontrar otras cosas… Estoy muy agradecido a mi profesión por todo lo que no me ha dado, pero hace cinco años no te hubiera respondido así.

¿Te has planteado dirigir?

A lo mejor me retracto dentro de unos años, pero soy muy consciente de lo difícil que es levantar una película. Si hiciera otra cosa profesionalmente, no sería en este terreno.

¿Qué sería? ¿Fotografía, donde ya has hecho algunos trabajos?

Sí, o en otras prácticas artísticas que hago de forma amateur. En otros sectores es más fácil y hay menos filtros. En el cine, se necesita mucha pasta para levantar un guion. Y soy consciente de que estaría aprovechándome de la notoriedad que me ha dado la interpretación. Me han ofrecido oportunidades que muchos fotógrafos que están empezando habrán vivido como una cuestión intrusiva, y les pido perdón, pero hubiera sido estúpido no aprovecharlas.

¿Se hacen muchos amigos en el cine?

Es un mundo para hacer un montón de conocidos. Aunque no es del todo cierto: sí tengo amigos desde hace mucho que se dedican a esto, y hay mucha gente a la que quiero. Pero es que hay muy pocas personas a las que considero amigos de verdad.

Chaqueta de esmoquin con incrustaciones de colores, de Emporio Armani; camisa de seda azul noche y pantalón de vestir, de Giorgio Armani; y reloj Trésor Omega Co-Axial Master Chronometer de Omega

¿De dónde viene tu interés por la moda?

Es una parte de la estética con la que conecté muy pronto. Me interesó de forma natural. Al principio resultaba más chocante, cuando yo empecé a dar entrevistas en 2003, no era tan normal que alguien hablara con naturalidad de que le gusta la moda.

¿Tienes un estilo marcado?

He cambiado mucho de estilo y de gustos. Una de las lecciones que he aprendido es que a lo único que estamos sometidos es al cambio y cuanto antes te conviertas en una persona flexible, mejor. Tampoco está mal cambiar de opiniones, no se trata de chaqueterismo, pero es difícil afirmar las cosas de forma taxativa. Hay que estar abierto.

¿Qué hay en tu armario?

Recientemente me regalaron un libro de Marie Kondo. Todo el mundo sabía quién era pero yo no y he hecho una limpieza espectacular.

¿Has hecho también la ceremonia de despedirte de cada prenda?

Sí, sí, sí. Tenía ropa desde el año 2000. No me la ponía pero representaba una época. Soy un mal alumno de Marie Kondo porque tengo apego emocional a las cosas y hay prendas que quiero guardar. Me sirven para mi trabajo. Nada mejor que una foto, la carta de una exnovia o un jersey de otra época para conectar con emociones que me pueden interesar para interpretar un personaje.

¿Qué diseñadores te interesan?

Me gusta mucho Ben Gorham, el creador de la marca de perfumes Byredo. Era jugador de baloncesto, tiene raíces indias y nació en Suecia. Me interesa el personaje y todo lo que ha hecho con su marca: el branding, las velas… También Virgil Abloh, aunque me da miedo que muera de éxito. Es el clásico salto de la novedad y su marca Off-White al mainstream.

¿Alguien más?

Kanye West y Kim Kardashian me parecen un fenómeno digno de estudio, aunque también me producen muchas contradicciones. Por ejemplo, el culo estratosférico de ella al principio chocó mucho e hizo un gran favor para difundir la idea de que existen cuerpos distintos, y me da igual si se ha operado o no. Kanye West ha sido muy listo en cuanto a las personas con las que se ha asociado, como el decorador belga Axel Vervoordt.

¿Aguantarías su sobrexposición mediática?

Yo moriría. Han tomado decisiones muy equivocadas en lo estético y lo personal. Pero otras no, como que Kim Kardashian aparezca toda vestida de blanco y colores crudos en su casa diseñada por Vervoordt y con sillas de Pierre Jeanneret… ¿Quién era ella hace unos años? Viene de un reality y ahora yo veo el programa buscando muebles de Vervoordt. ¡Y hago capturas de pantalla!


«Veo el ‘reality’ de Kim Kardashian buscando muebles de diseño»


Quim Guitiérrez lleva chaqueta larga de esmoquin en color rosa viejo con solapas en satén en dos tonos y pantalón con pliegues y pierna ancha, de Loewe; y camisa blanca, de Mango

Has rodado en Estados Unidos Jungle Cruise, con Dwayne Johnson y Emily Blunt, ¿cómo ha ido?

Muy guay. Estoy muy agradecido al director, Jaume Collet-Serra, porque mantiene un ambiente sereno a pesar de la cantidad de millones que hay en juego. Cada minuto de rodaje vale mucha pasta. Pero a pesar de eso, cuando llegas al set y dicen acción, ocurre lo mismo de siempre, esa sensación familiar y a la vez excitante. Y a pesar también de tener a Emily Blunt delante y ponerte nervioso cuando te la presentan.

¿Te pusiste nervioso?

Como un imbécil y con la sonrisa tonta. Pero por suerte eso no está grabado [risas].

¿Cómo es tu fin de semana perfecto?

Muy aburrido [risas]. El plan perfecto es estar en un sitio de mar o de montaña, donde pueda salir a correr pronto por la mañana, cocinar barbacoas, ir al bosque, coger piedrecitas, leer… Y pasar tiempo con mi familia porque es muy enriquecedor y hablamos mucho, aunque sea de chorradas. Tenemos unas relaciones muy sanas.

Dime un deseo profesional para 2020 y otro personal.

Me encantaría rodar la segunda temporada de El vecino y tengo muchísimas ganas de volver a Japón. Estuve en 2007 y me sentí muy cómodo. Yo tengo algo muy japonés y leo muchas cosas de filosofía budista. Ojalá tuviéramos su capacidad para implicarnos a muerte con las cosas más pequeñas y, al mismo tiempo, aceptar que no podemos controlar casi nada. Manejar eso es la felicidad. ¡Toma ya! [risas]

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