El rey del color y la ironía ha triunfado con su primera colección como director creativo de United Colors
of Benetton. Aprovechamos la visita a Madrid de Jean-Charles de Castebajac para hablar con un genio que protagoniza la nueva revolución de la moda.

Por José Luis Díez | Fotografías  Daniel Méndez

Con su estilo irónico, joven y colorista, Jean-Charles de Castelbajac se puso el año pasado al frente de la dirección creativa de Benetton. Amigo y colaborador de genios como Andy Warhol, Robert Mapplethorpe o Malcolm McLaren –y una de las referencias de la transfomación de la moda francesa de principios de los 80–, su llegada a la casa italiana ha supuesto una revolución que ya ha comenzado a dar frutos y que promete grandes éxitos. En Madrid, en la presentación de su nueva colección para Benetton –y agotado recién aterrizado de la India–, hablamos con este creador único.

Castelbajac

Hablando de revolución, ¿qué supuso para usted el Mayo del 68?

Fue un terremoto. Yo era un joven conservador fascinado por la música y el cine, y París explotó delante de mí. Aquello se convirtió en una batalla y la gente empezó a vestir con pantalones vaqueros y playeras para luchar mejor. Fue entonces cuando cristalizó mi estilo. Un día me crucé con un tío mío, periodista de Le Monde y socialista, y me dijo que no entendía el ritmo de mi tiempo. Fijate cómo sería el ritmo que yo empecé mayo como consevador y lo acabé como maoísta.

¿Qué le parece la moda de las exposiciones de moda?

Siempre ha habido una particular relación entre moda y arte. No son incompatibles. Pero como diseñador tienes que pensar en el confort y la funcionalidad, mientras que los artistas están para hacer preguntas. En mi trabajo siempre he intentado mezclar ambos campos y he colaborado con artistas que estaban lejos de mi mundo, como Robert Mapplethorpe, que hizo una campaña de mis prendas de punto para mujer con su novio como modelo. Hubo clientes que se molestaron, pero ahora esa campaña está en los museos. El arte siempre ha sido un magnífico reto para la moda y la moda siempre ha tenido el complejo de no ser un arte. Pero ahora la creación ha sido absorbida en buena parte por el marketing, que es lo que copa los escaparates, mientras los desfiles son performances, y solo después de todo ese ciclo llegan las exposiciones de moda. Eso, a mi juicio, no es ni bueno ni malo para la moda ni para el arte, porque se ha producido una especie de sacralización de la moda como un nuevo lujo.

¿Cómo definiría el reto de trabajar en Benetton?

Benetton siempre ha pretendido retar al sistema. Por eso me gustaría que con mi proyecto se convirtiera en la primera firma de lujo accesible, con prendas con estilo e ironía pero a un buen precio. Somos un ejemplo, la gente nos mira y si triunfamos vamos a hacer una revolución. Creo que entonces el fast fashion aprenderá a bajar el ritmo. Nosotros no queremos competir, queremos rediseñar nuestro mundo y crear un estilo para todos.

Las firmas suelen apostar por diseñadores jóvenes, pero ese no es su caso.

Esto es divertido. Cuando Oliviero Toscani me llamó para que me uniera a este equipo de mosqueteros con Luciano Benetton, yo era el joven del grupo, así que realmente han fichado a un joven. Siempre podemos ser más jóvenes que alguien pero, eso sí, mentalmente Luciano es el más joven de todos.

¿Qué libertad creativa tiene?

Total, pero ser libre en el siglo XXI es no serlo, porque cuando diseño algo quiero que llegue a la gente y hay que hacerlo a un precio razonable. Cuanto más sencillo y accesible sea Benetton, más contento estaré. Es una vuelta a los orígenes. Aunque también podemos hacer colecciones cápsula más exclusivas, como un jersey que hemos hecho este invierno para los escaparates que se ha agotado, pese a su precio.

¿Y a quién busca vestir?

Hace diez años te hubiera dicho que a Lady Gaga, pero ahora te digo que me interesa más vestir a la gente normal de la calle.

¿Y es más difícil vestirla a ella o al Papa?

Es más difícil vestir a la gente normal. Es más complicado captar el espíritu de la calle, hacer ropa interesante y cool para todos los días. Una de mis pasiones es darle herramientas a las nuevas generaciones y he encontrado que la Generación Z ha sido llevada a la confusión por el branding, por el tsunami de la imagen de la era digital. Estamos en la sociedad del espectáculo y las marcas deberíamos ayudar a crecer.


«Hace diez años habría matado por vestir a Lady Gaga, pero hoy prefiero vestir a gente de la calle» 


Malcolm McLaren le dijo una vez que la moda se movía entre el karaoke y la autenticidad. ¿Qué pesa más ahora?

Malcolm me enseñó mucho porque éramos totalmente opuestos. Yo era un utópico y creía en Dios, y él era un nihilista. No creía en lo digital, él pensaba que era el fin del mundo inteligente, y no estaba del todo equivocado. Yo represento

la última generación de la gente no digital. Ahora la gente consume, y Malcolm veía que había cosas que eran auténticas y otras karaoke, copias. En su momento hasta me han dicho si copiaba a Jeremy Scott. ¡Si él es uno de mis discípulos! Pero con esta nueva cultura la gente no sabe la historia real. En ese punto es donde estamos ahora. Eso sí, ahora somos más conscientes de las migraciones, de la ecología, y la moda nunca ha sido tan consciente y responsable. Creo firmemente que eso es un nuevo reto creativo.


«Quiero que lo que diseño llegue a la gente, y a un precio razonable»


¿Cómo es posible trabajar con la Iglesia católica y discutir a la vez con ella?

El origen de todo fue un trabajo que estaba realizando con Anish Kapoor en la cárcel en 1992. Diseñé el vestuario de los sacerdotes y los presos volvieron a ir a misa. El Papa Juan Pablo II se enteró de aquello y pidió que me encargara de hacer la indumentaria para las Jornadas Mundiales de la Juventud de París. Pero había un problema: yo puedo relajar mi identidad, pero esta es muy marcada. Así que le dije al obispo de París que podíamos generar mucha controversia, porque el arcoiris era el símbolo de la bandera gay. Y él me respondió con una frase preciosa: «Nadie tiene el copyright del arcoiris».

Después, el 23 de agosto de 1997, tuve delante de mí al Papa vestido con mis diseños de alta costura; a 500 obispos de prêt-à-porter; a 5.000 curas en un streetwear muy cool y un millón de jóvenes con camisetas de colores. Y de repente no había fronteras. Allí no había ricos y pobres, todos estaban juntos por el color. Y vi que ese era el sentido de mi trabajo. Lo cambió todo. Yo estaba pensando en nuevos diseños de ropa, nuevas propuestas, y me di cuenta de que ese era mi talento y que tenía que ser para la humanidad.

El Papa me dijo: «Debes usar el color como cemento de fe». Le he dado muchas vueltas a esa frase y me digo que tengo que ser cemento de esperanza. Cuando llegué a Benetton tuve la sensación de entrar en el lugar que me había definido el Papa para ser cemento de esperanza. La lucha del color es la lucha de la libertad, del amor, de la paz. Tantos colores están prohibidos en tantos países… La metáfora del color es el racismo. Yo estoy en Benetton para hacer ese trabajo y tengo la sensación de que eso está muy ligado a lo que lo llamo providencia.


Color y sencillez

Los colores, sobre todo el verde, son la base de la primera colección creada por Jean-Charles de Castelbajac para United Colors of Benetton, titulada ‘Rainbow Machine’, y que busca ser un homenaje a la producción industrial, la innovación y el color. El diseñador ha trabajado con el archivo de la firma y con instantáneas de Oliviero Toscani (el creador de las conocidísimas campañas de la marca italiana) para desarrollar una propuesta donde destacan las formas sencillas, amplias y abrigadas, con un claro aire deportivo, pensadas para forjar una potente imagen para la nueva etapa que comienza en Benetton de la mano del diseñador francés.

Color y sencillez
Color y sencillez
Color y sencillez