Protagonizó la fiesta más recordada del mítico Studio 54. Y eso es decir mucho cuando hablamos del local que revolucionó la forma de disfrutar, o de sufrir, la noche: desde la dictadura de los porteros a la democracia en la pista de baile. Luego, Bianca Jagger pasó a ocuparse de temas un poco más serios, como la defensa de los derechos humanos.

Por  Juan Vilá

En la calle. Ahí es donde empezaba muchas veces la fiesta. Con una multitud agolpándose frente a la puerta. Y estaba bien que así fuera. Porque, si no, la espera se hubiera hecho eterna y porque solo los más afortunados conseguían pasar. La noche de la inauguración, en 1977, Frank Sinatra y Warren Beatty, por ejemplo, se quedaron fuera. Donald Trump, en cambio, fue uno de los primeros en traspasar el umbral.

Studio 54, también en lo que respecta al poder y arbitrariedad de los porteros, se convirtió en precursora y se adelantó unos cuantos años a lo que luego ocurriría en cualquier antro de cualquier otro rincón del planeta. O como dijo Andy Warhol, asiduo del local: «La clave de su éxito fue que había una dictadura en la puerta y una democracia en la pista de baile».

Más cosas en las que esta discoteca fue pionera: los reservados en la planta de arriba y los palcos a los que solo accedían los clientes más exclusivos y en los que cualquier cosa podía pasar. Y al decir cualquier cosa hablamos de sexo, ya que el sida entonces ni siquiera existía. O la omnipresencia de la cocaína. Allí esnifaba hasta un dibujo de la luna que decoraba la pista y tenía una más que evidente cucharita bajo la nariz. Y estaban también los famosos. La posibilidad de mezclarse con ellos y bailar a su lado se convirtió en una de las principales atracciones del local. Nos referimos a gente como David Bowie, Brooke Shields, Truman Capote, Jackie Kennedy, Salvador Dalí, Farrah Fawcett, Michael Jackson, Cher, Woody Allen, Diana Ross, John Travolta, Barbra Streisand o el matrimonio formado por Bianca y Mick Jagger.

La pareja se conoció en París. Ella era nicaragüense pero había estudiado Ciencias Políticas allí y él acababa de dar un concierto. Se casaron menos de un año después en Saint-Tropez y a los cinco meses nació su hija, la hoy diseñadora Jade Jagger. «Mi matrimonio terminó el día de la boda», recordaría Bianca años más tarde. «Era un pez fuera del agua» es otra de las frases que le gusta utilizar en las entrevistas para distanciarse de esa etapa. Aunque la vivió con intensidad. Ella fue una de las habituales de Studio 54, protagonizó una de sus imágenes más icónicas y su fiesta más recordada.

Bianca en la fiesta

Ocurrió el 2 de mayo de 1977 y la excusa fue su cumpleaños, que tendría lugar dos días más tarde. Cayó en lunes pero por Bianca abrieron la discoteca. Y mucho más que eso: convocaron a lo más selecto de Nueva York, lo llenaron todo de globos blancos y a alguien le pareció buena idea meter un caballo del mismo color. Allí estaban Mick Jagger, Keith Richards, Liza Minelli, Jacqueline Bisset, Mijaíl Baryshnikov, el inevitable Warhol o el diseñador Roy Halston, que se encargó de organizarlo todo.

«Era un caballo blanco precioso que me recordó al mío y tomé la tonta decisión de montarme en él unos minutos», explicó Bianca en una carta al Financial Times en 2015 para aclarar que sí se había subido al animal pero no había hecho nada más ni había entrado en el local a lomos de él, que es lo que asegura la versión más popular de esta historia. «Como defensora de los derechos de los animales y el medioambiente encuentro ofensiva la insinuación de que cabalgué con un caballo dentro de un club nocturno», concluía la ahora activista. A Dolly Parton, en cambio, le montaron toda una granja en la pista un año después con caballos, burros, mulas y pollitos. Pero la cantante nunca ha sentido la necesidad de justificarse.


«Era un caballo blanco precioso y tomé la tonta decisión de montar en él unos minutos»

Bianca en el caballo


Hubo otras reinas de Studio 54. Como Grace Jones, espectacular siempre con su imagen andrógina y agresiva. O Sally Lippman, más conocida como Disco Sally. Ella representaba mejor que nadie el hedonismo y la ausencia total de inhibiciones que caracterizó al local. A sus casi 80 años, y después de quedarse viuda, la anciana se lanzó a darlo todo sobre la pista. Y hasta acabó casándose con el griego Yannis Touzos, de solo 28 años. Pero no lo crean si les dicen que la buena señora cayó desplomada de un infarto mientras bailaba allí mismo. Según la leyenda urbana, hasta le preguntaron si quitaban la música para que pudiera agonizar tranquila y ella respondió: «No, sigan bailando». Lástima que la anécdota no sea cierta. U ocurrió en cualquier otro sitio porque Sally murió en 1982 y Studio 54 cerró dos años antes.

Y es aquí donde la historia de Studio 54 y Bianca Jagger da un giro inesperado. El club cerró sus puertas después de que sus dueños fueran encarcelados por fraude fiscal. La investigación se inició cuando uno de ellos, empavonado, dijo en una entrevista que solo la mafia ganaba más que su discoteca.

Bianca se separó poco después, harta de las infidelidades de Jagger, que ya estaba entonces con Jerry Hall. Dejó la noche y sus frivolidades. «La gente cambia, evoluciona, descubre qué quiere hacer y consigue la seguridad necesaria para ello. Yo tenía 21 años cuando me casé y eso fue un paréntesis en mi vida. Incluso antes de separarme la Cruz Roja me pidió ayuda para recaudar fondos para las víctimas de la guerra en Nicaragua. Fue así como empezó mi trabajo por los derechos humanos», recordaba en una entrevista en 2008. Desde entonces no ha dejado de involucrarse con todo tipo de causas desde la fundación que lleva su nombre.

Bianca en su fiesta de cumpleaños

Bianca Jagger en su fiesta de cumpleaños en Studio 54 el 2 de mayo de 1977. La organizó el diseñador Roy Halston y fue uno de los días más memorables de la discoteca neoyorquina.