La hemos visto con el pelo rapado en ‘Mad Max: Fury Road’, con 20 kilos de sobrepeso en ‘Monster’, filme por el que ganó un Óscar y ahora ha vuelto a transformar su físico para la película ‘Tully’. Para dar vida a Marlo, una madre de tres hijos con depresión posparto, Charlize Theron ha vuelto a alterar su cuerpo para convencer a la audiencia de su camaleónica capacidad interpretativa.

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Por MARÍA ESTÉVEZ

Charlize Theron, una auténtica belleza a la que muchos consideran una diosa en Hollywood, acaba de cumplir 43 años y realmente cuesta creerlo. Madre soltera de dos hijos, la sudafricana no encaja en ninguno de los estereotipos del cine. Ella va por libre.

Empresaria de éxito, triunfa con su productora en Netflix gracias a la serie Manhunt, y también dedica tiempo a proyectos solidarios que la llevan a involucrarse en programas en favor de los niños desprotegidos del continente africano.

En Los Ángeles, en el hotel Four Seasons, hablamos con ella sobre su trabajo en Tully, donde vuelve a ponerse a las órdenes de Jason Reitman, y su falta de pudor a la hora de decir lo primero que le pasa por la cabeza.

— CÓDIGO ÚNICO: En Tully interpreta a una madre sumida en la depresión. No creo que sea un papel con el que pueda sentirse muy identificada…

— CHARLIZE THERON: Bueno… [sonríe]. Soy amante de la condición humana cuando es brutalmente honesta y  a veces las razones que me estimulan a elegir un papel pueden no ser necesariamente atractivas. Yo me identifico con la idea de que daba uno debe pensar en sobrevivir por sí mismo, y me animé a rodar este filme con la intención de que ninguna madre con depresión postparto volviera a sentirse sola en el mundo. Lo que me gusta de mi trabajo es poder explorar el comportamiento humano y hacerlo con honestidad. Con Jason [Reitman], además, cuento con un realizador que celebra la narración a mi lado. Siempre me he considerado una mujer observadora, me gusta mirar a la gente, aunque no sea un atributo muy atractivo por mi parte. Y en mi trabajo me interesa mostrar aquellas personas menos adaptadas, las que no son aceptadas por el gran público, pero que a mí ni me ofenden ni me asustan.

— CÚ: En Tully su personaje acaba en un bar con su nanny. ¿Echa de menos salir por la noche o su vida sin hijos?

— CT: Mi vida escolar no fue tan fabulosa como la de los personajes que interpreto en las películas de Jason Raitman. No me identifico con ellos ni siento nostalgia por mi adolescencia. Cuando yo tenía 20 años vivía sin familia, no tenía hijos y me dedicaba a trabajar, trabajar y trabajar. Me tocó hacer las maletas, cerrar la puerta y viajar a Turquía durante tres meses. Confieso que en aquella época no me importaba nada gran cosa y me dediqué a vivir la vida de fiesta en fiesta. Eso es lo que hice durante diez años, pero aquello ya acabó..

— CÚ: Usted, que es una de las mujeres más atractivas de Hollywood, se atreve a aparecer en pantalla con treinta kilos de más. ¿Se considera valiente por mostrar ese aspecto de usted?

— CT: No me da miedo cambiar por un personaje pero, dicho esto, la edad no perdona. Lo que yo he hecho por este papel, probablemente no lo repita. Yo experimento con mi persona como lo que es, un instrumento; sin embargo, en mi vida personal intento cuidarme tanto como puedo. Digamos que mantengo dos tipos de relación con mi cuerpo. He descubierto con la llegada de los treinta que cuesta más bajar de peso y es imposible escapar de los grilletes del ejercicio físico. Es muchísimo más fácil perder peso a los 26 que a los 42.

¿Por qué es Charlize Theron la más deseada?

— CÚ: Creció en Sudáfrica en una granja, ahora vive en Malibu en una casa en la playa. ¿Qué queda de aquella Charlize humilde?

— CT: Es parte de mi vida. Así crecí y así me eduqué. Mi infancia la pasé en una granja y, aunque ahora me parece irreal por todo lo que viví, esa educación ha aportado equilibrio a mi existencia actual. Cuando dejé la granja me marché a estudiar arte a Johannesburgo y todo cambió para mí. Siento que existe equilibrio en mi vida y eso hace que nunca me sienta extraña en cualquier lugar donde me encuentre.

— CÚ: Vamos, que es de las que adapta a lo que haya…

— CT: Sí. Me integro con facilidad. Mi infancia fue dura, por eso siento mucha sensibilidad hacia los niños de Sudáfrica. Allí, su vida es muy distinta a la que tienen los niños en América. En mi país no hay ‘padres helicóptero’ todo el rato pendientes de sus hijos, dispuestos a ayudarles en cada momento. Allí cada uno tiene que solucionarse sus problemas.

— CÚ: ¿Le ha cambiado la maternidad?

— CT: Mucho. Ahora organizo mejor mi tiempo y mi horario depende de ellos. He oído decir a muchos compañeros que por sus hijos no quieren trabajar en proyectos de contenido polémico o arriesgado, pero a mí eso no me ha pasado.  Si acaso, tener hijos me ha hecho ser más creativa. Ahora trato de responder a preguntas importantes, me interesan los temas incomodos para los que no tengo respuesta. Ellos me estimulan a explorar en temas polémicos.

— CÚ: Siempre se ha caracterizado por decir lo que piensa y por ser una mujer que no pide perdón por ser como es.

— CT: Para nada. Por la gracia de lo que sea, estoy aquí y no me limito. La alternativa sería meter la cabeza en la tierra y dejarme llevar. No. Yo conduzco el volante de mi propio coche. Mi sueño siempre ha sido poder pagar mis cuentas y no depender de nadie para pagarlas. Sé que a veces mi actitud puede parecer desafiante, pero me importa una mierda lo que piensen de mí los demás. Creo que tiene que ver con el hecho de que fui criada por una madre muy fuerte, sarcástica, con amplitud de miras y que no acepta nada. Eso tiene mucho que ver con la forma como yo veo el mundo de hoy. Creo que uno solo es verdaderamente libre cuando se atreve a decir las cosas como son y cómo las piensa.

— CÚ: ¿Su forma de ser es producto de Hollywood?

— CT: Nelson Mandela decía: «El corazón, por naturaleza, es bueno. Somos nosotros los que lo enseñamos a odiar». Y eso es algo en lo que realmente creo. Si por naturaleza nos encontramos en un ambiente propicio para hacer el bien, seguimos por ese camino. Cada uno es producto de sus circunstancias y de la sociedad en la que vive, desde luego. Por eso yo no me considero un producto de Hollywood

— CÚ: Es difícil ser empresaria, actriz y madre soltera de dos niños…

— CT: Tengo la suerte de contar con mi madre, que vive en la calle de al lado y adora comportarse como abuela. En los momentos en los que estoy más ocupada, acudo a ella para que me ayude. Eso es todo lo que hago, y vivo cada día como viene.

— CÚ: Usted siempre habla de la magnifica relación que tiene con su madre. ¿Imagino que también será una gran abuela?

— CT: Siempre digo que mi madre es mi mejor amiga, mi asesora, mi guía. Con la llegada de mis hijos, la tengo en casa alrededor de ellos como si fuera un mosquito. Es algo maravilloso de ver. Me he dado cuenta de que no les educa a ellos como me educó a mí. Yo no tuve abuelos ni hermanos, mi infancia fue muy aislada. Por eso, para mí es un privilegio disfrutar de la familia que ahora tengo. Ver a mis hijos jugar entre ellos y con mi madre me emociona. Creo que no damos a los abuelos la importancia que realmente tienen. Mis hijos echan de menos a Oma cuando no está, y a mí me encanta que añoren a esa mujer que es tan importante en nuestras vidas. Creo que es un regalo generacional y estoy muy agradecida de dárselo a mis hijos.

— CÚ: ¿Qué opina del movimiento #MeToo?

— CT: Confío en que haya llegado para quedarse, porque hemos visto muchos amagos que han acabado diluidos en la nada. Ahora mismo, este movimiento solo me provoca felicidad.

— CÚ: Su pagina de Instagram cuenta con más de tres millones de seguidores. ¿Quién iba a pensar que usted se acabaría sumando a las redes sociales?

— CT: La verdad no soy muy tecnológica. Cuento con un equipo que la maneja y está dedicada a mi fundación en apoyo a los niños de África. A los 43 años encuentro las redes sociales como algo irreal, imposible de sostener a titulo personal. ¿Tu crees de verdad qué se puede estar perfecta siempre para los selfies y las fotos? Recuerdo a una celebrity, no voy a decir cuál, que dejó a su hijo en la parada del autobús del colegio y parecía recién salida de un campamento de maquillaje. Y pensé, eso no es real. Yo no vivo por y para dejarme ver, ni para que me hagan fotos, ni para lucirme en las redes. Eso no va conmigo. Y, la verdad, yo nunca estoy perfecta cuando dejo a mi hijo en el colegio.

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