El Acuerdo de Múnich cumple 80 años: los Sudetes son nazis

Francia e Inglaterra cedían finalmente ante las exigencias de Adolf Hitler… En el Acuerdo de Múnich, firmado el 30 de septiembre de 1938, Chamberlain y Daladier le entregaban al líder nazi en bandeja de plata los Sudetes checoslovacos, en busca de una paz duradera. La estrategia no duró ni un año.

Por RODRIGO PADILLA

El Acuerdo de Múnich, que legitimaba la incorporación de los Sudetes al Tercer Reich, se firmó en la madrugada del 29 al 30 de septiembre de 1938. En los diez días siguientes, las tropas nazis ocuparon esta región checa habitada por 3,5 millones de alemanes. Durante las negociaciones, Hungría y Polonia también se llevaron pequeños bocados territoriales.

Neville Chamberlain bajó del avión en Londres sosteniendo en alto unos papeles que llevaban estampadas las firmas de los principales líderes de la Europa del momento. El primer ministro británico estaba convencido: «Peace for our time» («Es la paz para nuestro tiempo»), dijo en plena pista de aterrizaje. Parecido mensaje dio su homólogo francés Édouard Daladier en París.

Las democracias occidentales estaban satisfechas, pero el más contento de todos era Adolf Hitler: se había vuelto a salir con la suya. La región checoslovaca de los Sudetes se incorporaba al Reich alemán a cambio de una promesa de paz que no estaba dispuesto a cumplir.

La zona montañosa de los Sudetes, aunque habitada por población de origen alemán, había sido parte del reino de Bohemia desde la Edad Media, y más tarde del Imperio Austrohúngaro.


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Tras la Primera Guerra Mundial, los Sudetes quedaron integrados en la recién creada Checoslovaquia. Proteger a una población germánica presuntamente oprimida por la mayoría eslava fue la excusa para una más de las acciones de Hitler encaminadas a revertir las condiciones impuestas por los vencedores en la paz de Versalles.

En los años anteriores, Alemania ya había reocupado la zona desmilitarizada de Renania y el Sarre, e impuesto la anexión de Austria (Anschluss).

Durante el mes de septiembre de 1938, Hitler fue aumentando su presión sobre el Gobierno checo para que aceptara la entrega, incluso llegó a amenazar con ocupar el país entero. Francia e Inglaterra, garantes del status quo de Versalles, no estaban dispuestas a ir a la guerra y pensaron que aplacando a Hitler evitaban males mayores.

Mussolini, el pacificador

Tras varios encuentros en los que el dictador fascista Benito Mussolini actuó como mediador, y a los que no asistieron representantes checos, se cerró el acuerdo que oficializaba la incorporación de los Sudetes a Alemania. Si Checoslovaquia quería resistirse, no contaría con la ayuda de los aliados. Praga no tuvo más remedio que aceptar.

El escenario de la firma, del Acuerdo de Múnich, fue el llamado Führerbau, un edificio de los años 30 que hoy es sede de la Escuela Superior de Música y Teatro. Está situado en pleno centro de Múnich, muy cerca de la plaza dedicada a las víctimas del nacionalsocialismo, víctimas que se contarían por millones porque Hitler, a pesar de sus promesas, no se detuvo en los Sudetes.

Apenas un año más tarde, la Alemania nazi desataba la Segunda Guerra Mundial

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